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Más artículos

 
 

 

Ricardo Yeron

  LA LIEBRE EN MI JARDÍN

  Por Ricardo Yeron*

Hay una liebre en mi jardín
Que salta de planta en planta
Comiéndose mis manjares
Como si fuera una santa

Hay una liebre en mi jardín
Mojada por el rocío de la madrugada
No le importa si hace frío
Ella devora todo y no deja nada

Hay una liebre en mi jardín
Que se nutre de mi quinta
Yo planto y ella cosecha
Planto de nuevo y ella desplanta

No sé que voy hacer
Con la liebre en mi jardín
Pero lo cierto es que siento
Desdén, angustia y miseria

¡Ay! liebre de mi jardín
Yo entiendo que tu te nutras
Pero dejadme un poquito de lo que planto
Para nutrirme yo de mi propia fruta

Si no sabes compartir
Lo que no es tuyo de inicio
Voy a tener que cercar
Lo que siempre a sido mío de un principio

                                                                            Ricardo J. Yerón, M.D.


EXTRAÑANDO A PAPÁ

Por Ricardo J. Yerón

Como te extraño Papá
Te extraño inmensamente
Oigo tu voz en el follaje otoñal
Y en el viento invernal y latente

Como te extraño Papá
Te extraño inmensamente
Y siento la caricia de tus manos
En el viento que sopla vehemente

Como te extraño Papá
Te extraño inmensamente
Mientras que el aroma de albahaca
Me trae tu recuerdo a mi mente

Como te extraño Papá
Te extraño inmensamente
Tu sabiduría me falta
Para enfrentar a la gente

Como te extraño Papá
Te extraño inmensamente
No hay día que pase
Que tu ausencia no sea un golpe latente

Como te extraño Papá
Te extraño inmensamente
Igual que te extraña Mamá
Noemí y toda la gente

Como te extraño Papá
Te extraño inmensamente
Todo que toco tiene tu roce
Aunque han pasado años desde que estás ausente

Como te extraño Papá
Te extraño inmensamente
Aunque presiento tu dulce abrazo
Acariciar mi alma cordialmente

Como te extraño Papá
Te extraño inmensamente
Te extrañaré hoy y mañana
Te extrañaré para siempre

********************************************************************

*Ricardo J. Yerón, es médico y poeta de nacionalidad argentina, pero reside y se desempeña en los Estados Unidos. Ha sido distinguido con numerosos premios por sus trabajos en prosa y poesía en diversos certámenes.

 
Ericka Ghersi

*ERICKA GHERSI: POEMAS INÉDITOS

 

La autora, por
Justin Fahey

I  Galería de arte

Picnic sobre la hierba (1862) de Edouard Manet

No dejes que las moscas acaben con el banquete, muchacha.
Dentro de este cuadro
la comida que está servida es poca,
el resto hay que buscarla entre los objetos
menos imaginados.
Los que se mueven dentro del cuadro
necesitan
una lamida de este doméstico animal.
Si estás quieta,
podrás acariciar el pelaje arisco y
el cuerpo flexible de algún gato comiendo
lo que más tarde lo habrá de cazar.
Quiero cargar esas piezas destrozadas por las hormigas
y como una mosca satisfecha
quiero
mirar desde arriba,
sacar mi lengua
y afilarme el ala izquierda
para caer y romper la ruta de carga:

el ir y venir de las hormigas.

 

II

Flores de la noche (1918) de Paul Klee

Estás en el jardín del gran cuadro,
eres alta y en tu piel
se han posado hormigas.

Estás echada sobre azahares
y desde tu vientre
la nube que elegiste
gira y ya no ves su perfil,
pero su cuerpo es aún perfecto,
un girasol invertido en la noche
que cruza el puente de la luna negra.

Voltea la mirada, muchacha.
Ve y hiere la hierba,
que no sea la luz la que interfiera,
sino el cielo.
Sube rápidamente muchacha al castillo rojo
y lánzate hacia el fondo del cuadro
para tocar sus imperceptibles espacios en blanco que
se descubren en tu movimiento torpe.
Una vez allí, recoge a las hormigas que reposan a las orillas del río
y llévalas al jardín,
allí circularán por los charcos de la noche.

Finalmente, corre hacia fuera, pero no voltees, muchacha
porque los golpes que vienen de adentro
podrían agobiar tu andar
en el camino que

no has de volver a ver

 

III

Paseo de a tres (1914) de Auguste Macke

Otro agente ha llegado,
y la identidad
es el pasaporte difícil de esconder.
Tomó de la sangre
aún derramada en los rosales,
limpió su rostro
y en sus ojos cansados estabas tú,
tatuada sobre un fondo blanco.

Deja abiertas las ventanas que dan al jardín
para que las hojas vuelen
y caigan como cuando no hay nada qué decir.
Recuerda que en el último cuerpo
hubo culpa
y los gatos rasgaron el óleo.
Las hormigas guardaron algo de los cadáveres,
aquello que servirá para invierno. Y tú,
regresaste a besar mi pecho. Pero muchacha,
tengo la nostalgia de un vientre vacío,
y tus hormigas se angustian mientras camino,
esperando que mi cuerpo caiga
sobre las rutas abandonadas.

Es fácil para ti arrastrarme hacia tu bosque,
hundirme en la firmeza de los huesos de tus muertos,
herirme entre los rosales.
Sin embargo, me levantas.
No me quieres para las moscas.

 

IV

Mujer de vestido verde (1912) Jean Metzinger

Ofrecí mostrarte los elementos del cuadro,
pero insistes en observar desde las gradas.
Mi pequeña flor de quinua, recuerda que aun
no estás lista para recorrer este jardín.

Fuera del cuadro
busco ser una mosca
y aplastar los ojos sobre el papel.
Tu terquedad viene de mí,
y tus ansias de vomitar en este proyecto de panza
hacen que me lance sobre el charco,
pero aún no soy la mosca que quiero ser
y el tiempo pasa,
y la muchacha me empuja hacia sus rosales.

Las hormigas de tu cuerpo van a ser iguales a las mías,
pero deja que llegue el agente apropiado
con su misión casi terminada.
En el cuadro siempre habrá árboles
de moras y limones
para prepararte helados.

 

V

El sueño (1910) de Henri Rousseau

Te he escrito un poema, mi pequeña flor.
Tú corres y estás muy segura de
que puedes saltar las gradas sola y
yo no estaba allí para animarte.
Estaba aquel que trajo tu llegada.

Gracias, mi flor de quinua.
Ahora puedo mirar a través del pequeño cristal
del gran cuadro
y sin miedo ni dudas
alejarme sin llevar pertenencias.


Entre faroles

Detén esa música que ahoga, pequeña.
Apaga el silencio de esta noche.
Dame tu espalda, muchacha
ve hacia la hierba
y hiere tus ojos con los rosales.
Dile al heladero que aquí no hay niños,
sólo hormigas
en luz y blanco.

 

 

Son las seis

El camión blanco ha llegado.
Nubes limón y mora para mi lengua
y aún estás lejos de mis planes.
No te enojes, mi flor de quinua,
del campo de guerra
nadie se libra.
Ven, ya llegará el momento.
Calla,
no esperes allí agachadita
bajo esas gradas del jardín
sino de aquéllas
las que están fuera del cuadro.

 

VII

EL taller rojo (1911) de Henri Matisse

Quiero lamer las hormigas de tu pecho
y escribir
que nuestro gato murió indigestado
de muslos, entrepiernas, espaldas y manos.
Y nosotros que creíamos
que sólo discutía con las moscas.

Las hormigas sobrevivientes almacenaron sus restos,
y tú, muchacha, pensaste
que nos habían limpiado la ruta.

Alza tus piernas una por una
y atraviesa los cuerpos invisibles.
Desde afuera
nadie sabe qué pasó, entonces
tu andar simulará una danza.


VIII

Rosales bajo los árboles (1905) de Gustav Klimt

Haré de este ruido un canto de despedida.
No más cuerpos fragmentados para mañana.
He decidido dejarte ciega en los rosales
y recoger del charco
lo que te podría contaminar. Luego,
volaré y construiré una ruta
sobre el sendero de las hormigas.
Será tan mía que ellas
arderán en su enloquecido andar.

Allí aprovecharé para buscarte, mi pequeña flor de quinua
debajo de las gradas o
fuera del cuadro
y te mostraré el agente
que fracasó en su huída lenta.

También hay otra salida fácil,
mirar hacia el otro lado
y caminar sin llevar pertenencias,
pero si tus palabras son
canto de montaña,
aún estás pensando en la posibilidad
de volar
y no sentir la caída.

 

MIL NOVECIENTOS NOVENTA: Universidad San Marcos

Y el campo volteaba la cara a la ciudad.
Carlos Oquendo de Amat

Este paisaje no se acomoda a lo que yo quiero.
No hablar       no tocar
no mirar hacia arriba.
Del umbral penden VIVAS
cargadas de explosivos rojos y amarillos.
Este silencio que ves andar
es en realidad
miedo,
miedo de no salir del campus.
Miedo de no llegar a casa,
miedo a que algún desconocido me detenga,
me diga los nombres de mis hermanos
y los horarios de trabajo de mis padres.

“Los árboles pronto romperán sus amarras
y serán ramos de flores todos los policías”, me digo
mientras cierro la puerta del cuarto,
pero tampoco quiero esto dentro de mi gran cuadro.
Y los algarrobos lloran sangre en cada estallido del desierto de Lima.
Bata, Inresa, la Comisaría y la Iglesia del Carmen de La Legua,
y la lista se extiende hacia el mar,
Argentina
avenida donde se encontraban los escombros de la noches rojas.

Cada vez se hizo más difícil llegar a Reynoso,
rey
no oso, no reino para los osos de los andes,
el reino de los osos de La Oroya, Ayacucho y Cerro de Pasco.
En la U(niversidad)
la libreta electoral necesita una foto
reciente.
El nuevo fotógrafo encañona a los estudiantes que se niegan al orden,
entonces los sienta,
y allí están
como en las caricaturas
                        del coyote y el correcaminos
      Explosivos

  marca acme.

Los árboles pronto rompieron sus amarras
y eran ramos de flores todos los policías
encañonados frente a los jardines de la facultad de Letras.
Otro paisaje que hace a los estudiantes tiritar,
contar sus pasos hacia el aula
y si se portan bien
llegarán a casa para la cena familiar.
Dentro y fuera.
cualquier situación llama a la locura.

Si no estás con nosotros, estás con ellos,
y si no estás con ambos, estarás
pues
      en todas partes       ¡coyote!

Solo que aquí
              no funcionan los efectos
de las caricaturas.

*ERICKA GHERSI (Lima, 1972)

Poeta e investigadora. Es cofundadora del Colectivo de Arte, Cultura y Agitación, “Piedra Encadenada al Aire”.  Ha publicado dos libros de poesía “Zenobia y el Anciano” (Ediciones de la Universidad de San Martín de Porres, 1994) y “Contra la Ausencia” (Ediciones Santo Oficio, 2002). Está en busca de un editor para su tercer libro.
Bachiller en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Martín de Porres (Lima, Perú). Trabajó en la revista, sobre pequeñas y medianas empresas, ÉXITO y en los diarios EL PERUANO y CAMBIO. Ganó una beca para hacer su Maestría en Literatura en Ohio (USA): Bowling Green State University; posteriormente, estudia su doctorado en poesía latinoamericana en la Universidad de Florida en Gainesville (USA). Actualmente, está escribiendo su tesis doctoral (misma que trata sobre la violencia de los años ochenta y noventa en el Perú y su influencia en la poesía), y trabajando para la Universidad de San Martín de Porres (Lima, Perú).

*******************************************************************

John Argerich

   El amasijo
  TANGOS DEL POLO NORTE
   (Donde se habla de saber cantar)

 

 Por: John Argerich

El tuerto Santesteban andaba siempre sin un sope cortado al biés. Sin tela para ir al cine, ni a la milonga, y mucho menos para culminar el levante más rasca, en posición decúbito dorsal. Hecho determinante de que su arrastre con las naifas se fuera al zócalo. Pero la autoestima sólo claudica después del último suspiro. Cuando entrás en la categoría de fiambre, un decir. Así fue como, con tanto rebote en el legajo, para no juntar complejo de gil empezó a sublimar su entorno. La culpa era de las minas, un descargo que efectuaba sin aportar ideas que pasaran al acervo cultural, porque era medio flojón con la pensadora. Y su denuncia era canturrear una copla gauchesca oída de purrete, de esas que se pegan como estampilla. Primero mediante regios solos de bañadera, que en su afán de embellecerse, proseguía hasta el espejo Todo el día con la misma cantilena. Ni siquiera transitando la vía pública, cambiaba de tema. Y de no ser porque el diablo metió la cola, lo más probable es esa manía hubiera pasado inadvertida, porque acá sólo el uno por ciento del grasaje pesca la castilla.

"Las mujeres de hoy en día
sólo buscan interés..."
-denunciaba el poema-
"Y si el burro tuviera plata,
¡también lo habrían de querer!"

Mas tan escaso porcentaje de hispanohablantes, indicativo de igual probabilidad matemática, cada tanto se hace ver. Y una vuelta que pensaba tomar el ferry que va a Alemania para comprarse un vinito libre de impuestos, conoció al Bagre Raponi. Ilustre representante de la colonia nacional y nativo de Villa Insuperable, que estaba anclado en Trelleborg desde 1978. Aunque se las rebuscaba para viajar a Buenos Aires todos los años. Cuando acá hace un frío que te las pelás, y allá están en pleno despelote del verano. La Costanera, Olivos, Mardel, el minaje en ropita que te trastorna el coco, qué se yo. Cómo se las rebuscaba para vivir a ese tren con la guita del Social, no lo sabía nadie. Y mejor no preguntarle, porque era de pocas pulgas.
-¡Hacéte planchar la jeta, boludo! -gatilló al escuchar en el bondi las coplas que al tuerto le iban saliendo del corazón.
En medio del ruido, el destinatario no se dió cuenta de que ocurría lo inédito. Le estaban hablando en español. Y contestó, como un sueco cualquiera.
-Förlåt? (¿Cómo?)
-Si me hablás en jeringozo, te pescaría más mejor.
Ya no quedaban dudas: ¡Un paisano! Y se inició un diálogo lleno de intimidad.
-¿Quepe tepe papesape?
-¿Sos de los míos, entonces?
-Segurola, dijo Piazzola... ¿No me viste la facha de bacán? Sin liquidez, pero toda una promesa.
Y como para un argentino eso es tener condiciones, al ratito hicieron migas.
-Mirá -expuso por fin Raponi, con tonito magistral- Tomátela con soda, que hay una onda flor y truco para forrarnos bien
-¿A ver?
-Ponemos un conservatorio para enseñarles a los suecos a cantar tango y chamamé. Academias de baile ya hay muchas.
-¡Chamamé sólo se escucha el domingo en Plaza Italia, negro! -dijo Santesteban, medio nervioso por los prejuicios sociales de nuestra época.
Pero sea como fuere, quedó esbozado un proyecto inédito. Naciendo del mismo una entidad cultural sin fines declarados de lucro, "Conservatorios La Garufa del Gotán". O sea, CLGG para ahorrar tinta, estilo sueco. Claro que del dicho al hecho, hay mucho trecho, porque los mangos le gustan a todo el mundo. Y analicemos ahora el modus operandi. Atrapar al cliente no resultó difícil, pues Raponi había sido vendedor de departamentos por tiempo compartido en Marbella, y conocía bien las malandradas del singular oficio. Mandaban a la yeca unas minusas todas pintarrajeadas, más caretas que mascarita en carnaval. Y ensartaban puntos a rolete, usando jarabe de pico con una generosa exposición de piel. El diálogo podía empezar de cualquier modo, pero habían fijas.
-¡Querés descubrir tu garganta de oro, che? -era una de las favoritas.
-Förlåt? (¿Cómo?)
Y la productora arremetía en svenska.
-Digo que con esa pinta de amante latino, cualquiera te imagina haciendo la noche en Florida y Corrientes, che.
-Jaså? (¿Ah, sí?)
-Vd. puede tener un futuro musical cantando tangos, señor.
-No me diga...
-Vea que los premios al mérito son en especie... ¿eh?
-¡Huija rendija! -contestaba sin variantes, y loco de entusiasmo, el cliente.
Después, hacerlo entrar era pan morfado. ¡Y a ponerse como el duque Paganini, pibe! Porque los honorarios jamás bajaron de tres mil coronas. Agreguemos finalmente que faltando mejores talentos, el conservatorio había rejuntado una orquesta de pincharratas. Pero con la páctica, toda timidez se supera. Así es como un buen día, tuvo lugar la primera festichola, celebrando el casamiento del tuerto Santesteban con una minusa que conoció paseando por Trelleborg. Todo iba en carroza, y los anuncios puestos en sitios clave decían "5 Grandes Recitales 5". Escuche al quinteto Ventolini con sus vocalistas Åke Svensson, Kjell Andersson y Mohammed Babusi". La tensión estaba patente en cada rostro, hasta que por fin un bandoneón rompió el silencio. Y la voz canyengue del cantor lloró de sentimiento.

"Tango ke me hiciste skada
men jag ¡ahijuna! te kiero.
Porke sos la ombudsmanjiero
del anda del mio förort..."
-dijo Åke Svensson.

-¡Qué bella melodía transcultural! -exclamaron los críticos.
Luego llegó el arrullo de Kjell Andersson.

"Kom ihåg Milonguita, vos eras
vackaraste purreta i Chiklana,
miniskjolen kortona y las trenzas,
y på håret un rayo de sol..."

-¡Muy bien! -dijo al unísono la concurencia, porque los que no hablaban sueco igual pescaban el significado de esos versos.
Entonces sonaron los compases del himno nacional.
-¡La Cumparsita, del compositor Alí Babajuna! -dijo Mohammed Babusi.
Metidas de pata que cometen los extranjeros. Pero el horno no estaba pa' bollos, con tanta nostridad. Y sobre el pucho voló la primera silla. Luego se armó un toletole que te la voglio dire. El turco quería tranquilizar a la gente con buenas razones, mas su empeño era como echar nafta al fuego. Y quien no estaba planchado a sopapos, ponía caminantes en polvorosa. Desbande que se multiplicó, al gritar un rengo con experiencia de campanario:
-¡Araca, la cana, che!
Al ratito aportaron los vikingos, repartiendo leña a reglamento. O sea, sin discriminación racial, que está prohibida. Y así llega el fin de esta triste historia. La idea del conservatorio era buenísima, pero sólo dejó un recuerdo amargo. El local hecho escombros, los otarios alarmados con tanta pasión latina, y sin ganas de cantar más. ¡Adiós, morlacos dulces del subsidio cultural! Pero eso no es todo, porque la yeta siempre trae cola. Raponi se fue a baraja con los pocos fasules que quedaban, llevándose de yapa a la flamante señora del tuerto Santesteban. Que hablando mal y pronto, estaba propio para el mordisco, pero era difícil de aquerenciar. Y aquél, de nuevo sin un sope cortado al bies. Para más pior, otra vez sin naifa.

"Baciencia baisano"
-cantaba el turco, cuando pasó la bronca-
"¡La vida es así...!"

En resumen: He aquí otro monumento a las desdichas, que en las noches del exilio son alma atormentada de nuestro tango inmortal.

THE END

Copyright: John Argerich, 2005
johnargerich@malmo2.net
All rights reserved

La serie quincenal “El amasijo” se publica regularmente en veintinueve medios, de nueve países.

 
 
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