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Dos eminencias del periodismo hispanoamericano en los Estados  Unidos disertaron en el seminario realizado en San Millán de la  Cogolla, La Rioja, España, sobre el Español en los medios de comunicación de los Estados Unidos:
Jorge Covarrubias  y Enrique Durand
Covarrubias y Durand
Covarrubias y Durand en una Sala de la
Real Academia Española

 

Enrique Durand

La exposición de Enrique Durand

1. El desafío
No es noticia el hecho de que la población de origen hispano en Estados Unidos está creciendo a pasos acelerados.
Lo que sí es nuevo es la magnitud del desafío que este hecho plantea para el idioma español y sus alcances incluso más allá de las fronteras de Estados Unidos.

Antes, la distancia y la lentitud de las comunicaciones amortiguaban ese impacto. Ahora, el avance de la tecnología -- que no sólo ha creado la aldea global sino que ha puesto al mundo en nuestras manos tanto en la oficina como en casa a través de la televisión e internet -- y el impulso de las migraciones, le dan al cambio una fuerza y velocidad sin precedentes.

Para ilustrar esa fuerza permítanme mencionar el caso de CNN, con un alcance estimado de más de 1.000 millones de televidentes, en más de 200 países y territorios. En lo que a CNN en Español respecta, unos 28 millones de abonados tienen acceso a nuestro contenido, con 14 millones en América Latina, 3 millones y medio en Estados Unidos y la difusión de programas y reportajes selectos en Canadá, aquí en España por CNN Plus y en Japón a través de CNN-J.

Una manera de apreciar el impacto del mundo moderno en el cambio cultural es usar algunas de las mediciones que utilizan las compañías transnacionales para trazar sus estrategias.


2. La realidad
Los datos del Censo oficial y del Centro Pew indican que de 285 millones de habitantes en Estados Unidos en 2004, 40 millones y medio eran hispanos… o latinos, número que hoy en día llega a los 44 millones. La proyección para el 2010 son unos 48 millones de hispanos en Estados Unidos, cifra que crece a más de 60 millones para el 2020.

[2004 = 41,3 m (más del 14 % de población total)
[2010 = 47,7 m proyectado
[2020 = 60,4 m proyectado

[55% (22,4 m) nacidos en EE.UU. (7,7% de población total)
[45% (18,0 m) nacidos fuera de EE.UU. (6,2% de población total)
[Más un estimado de 8,4 m de hispanos que inmigraron ilegalmente].

Dentro de esto, un dato interesante es que más de la mitad de las personas nacidas en otros países y que viven en Estados Unidos en la actualidad son oriundas de América Latina, unos 15 millones de inmigrantes de data reciente.

Cuando buscan nuevos horizontes, los emigrantes lo hacen en pos de una vida mejor a la que tenían en su país natal, ya sea económicamente o con ansias de libertad política o religiosa.

Y aunque llevan consigo el bagaje de su cultura, tradiciones e idioma, es un hecho que el éxito de su migración reside en su asimilación a la sociedad que los acoge o en la que se insertan de alguna manera.

Este proceso de asimilación, más rápido en algunos casos, más lento y más conflictivo en otros, erosiona ese bagaje cultural e inevitablemente tiene un impacto tanto en el idioma del inmigrante como en el del país anfitrión. Hay quienes prefieren verlo como el enriquecimiento natural de los idiomas. Otros se horrorizan por lo que perciben como degradación idiomática. Lo más probable es que ambas perspectivas tengan su parte de razón.

De manera que la preservación o pérdida gradual del idioma natal es un factor para los inmigrantes a medida que se van asimilando a su nueva sociedad. En el caso de Estados Unidos, una encuesta del 2005 de la consultora de mercadeo Yankelovich, utilizada por CNN en Español, profundiza este panorama, y ofrece un vistazo de actitudes que sin duda influyen en el uso y desarrollo del idioma.

Por ejemplo, señala que incluso entre los hispanos asimilados, el 30 por ciento prefiere hablar en español, o prefiere alternar entre los dos idiomas por igual, según la situación. Un dato correlativo es que las dos terceras partes de esos hispanos asimilados dicen que leen bien en español.
Siete de cada 10 hispanos dicen que el idioma español es más importante para ellos de lo que era hace apenas cinco años, un interesante índice de arraigo idiomático.

Casi las dos terceras partes dijeron que para ellos el aspecto que más desean preservar de sus tradiciones y cultura es el idioma español.
Y casi la mitad dijeron que se sienten más inclinados a comprar marcas que publican sus avisos en español.

Las tendencias que ven los analistas en estas cifras son que los hispanos se están asimilando, pero que muchos de ellos retienen gran parte de su cultura hispana y que la tendencia del futuro irá más hacia una asimilación bicultural que a la asimilación integral.

Pero subyacente está clara la percepción de que deben integrarse a la sociedad general para que ellos -- y si no ellos, sus hijos o nietos --, tengan realmente éxito en su seno. Y la clave para lograrlo es el idioma: 8 de cada 10 dicen que TODOS los inmigrantes deberían aprender inglés si tienen intenciones de quedarse en el país.

Por el otro lado, la creciente presencia hispana en Estados Unidos ha generado una tendencia en aumento de los estadounidenses angloparlantes interesados en aprender español.


3. La práctica
Lo cual nos lleva al terreno de la interacción entre los idiomas. Uno de nuestros editores de noticias suele comentar que dentro de la burbuja idiomática de nuestras operaciones en español el mayor enemigo que nos acecha es el inglés. Esto es porque convivimos con el inglés en el trabajo debido a que mucho del material original que recibimos de distintas fuentes está en ese idioma…, y porque es el que habla la sociedad en la que nos desenvolvemos diariamente cuando estamos fuera de la oficina.

Esto crea la necesidad de estar constantemente en guardia para impedir que el inglés se cuele inadvertidamente en nuestra prosa, ya sea como anglicismo o como Spanglish, un término todavía no aceptado por la Real Academia ni comentado en el Diccionario Panhispánico de Dudas, pero que se ve venir…

Es inevitable, y legítimo, que términos nuevos en inglés dictados por el desarrollo tecnológico explosivo en distintas disciplinas salten naturalmente al español. Los llevan los mismos expertos que los usan primero en el campo de su especialidad y de allí se filtran al uso general. Vemos esto todos los días en el lenguaje usado sobre computadoras, en medicina, en las ciencias. El mismo proceso a la inversa ha enriquecido al inglés a través de los tiempos.

Lo que no es aceptable, y esta es una de nuestras reglas básicas en la redacción de CNN en Español, es el uso de términos ingleses para los cuales tenemos excelentes vocablos en español. Desde luego, esto es más fácil decirlo que hacerlo. En la práctica, la urgencia periodística a veces puede más que la meticulosidad idiomática. Así como los académicos pueden ponderar con tiempo y esmero los méritos de un neologismo, el ritmo de una redacción obliga muchas veces a tomar decisiones inmediatas.

Permítanme aquí explicar algo de nuestros procedimientos en CNN en Español para ilustrar mejor el punto. Los pilares principales de nuestra operación incluyen la recolección de noticias, su redacción y su presentación.

En la elaboración de las noticias, además de los redactores -- y tarea en la que participan también productores y presentadores -- contamos con un cuerpo de editores de noticias, cuya tarea es velar por la integridad fáctica de la información y por la corrección del estilo.

Para contribuir a esto, hemos elaborado un Manual de Estilo y Referencia, con la colaboración de nuestros editores de noticias y redactores, que incluye aclaraciones idiomáticas y gramaticales, guía para traducciones, y pautas para temas delicados, que tienen que ver sobre todo con el uso preciso del idioma en las descripciones.

Un ejemplo es el uso de los términos “hispano” o “latino”. La entrada correspondiente en nuestro Manual en su última edición impresa, en abril de 2002, dice: “Un ‘hispano’ es un residente en Estados Unidos de origen hispano o hispanoamericano. No usamos ‘latino’ como sinónimo de hispano. Sólo utilizaremos ‘hispánico’ como perteneciente o relativo a España”. Pero en años recientes ardió, y todavía arde, un debate en Estados Unidos sobre estos términos, tanto en español como en inglés – Hispanic, Latino. La adjudicación de una tonalidad política a “latino” para regionalizarlo y distinguirlo de “hispano” y de España, particularmente por parte de la comunidad de origen mexicano en los estados del oeste, ha impulsado su puesta en boga en una amplia región y ha sido adoptado por muchos órganos de prensa, por lo que en nuestro estilo ahora lo aceptamos como sinónimo cuando es necesario evitar redundancias. En nuestras cadenas en inglés, debido a su auge en la comunidad, el término predominante es Latino sobre Hispanic.

Un fervor político similar se observa en torno a la descripción de los inmigrantes que entran ilegalmente a Estados Unidos, en cuyo caso sus defensores presionan para que se los llame “indocumentados”. Nosotros usamos el término “inmigrantes ilegales” de manera descriptiva, sustituyéndolo donde es apropiado por el de “trabajadores indocumentados”. También hay una creciente y curiosa tendencia entre sus partidarios a llamarlos solamente “migrantes”, para neutralizar políticamente el valor descriptivo. Lo que se debate en estos días en el Congreso de Estados Unidos es una reforma de las leyes de inmigración, no de migración, dado que las reglas se aplican a la entrada de personas al país, no a su salida, a diferencia de la situación en los países de los cuales parten las corrientes de emigrantes.
En ambos casos, procuramos atenernos a las descripciones más fieles, al margen de preferencias políticas.

El Manual se mantiene permanentemente actualizado en una versión electrónica a la que todos tienen acceso a través de sus computadoras. Además, constantemente se imparten instrucciones de estilo por correo electrónico al personal de redacción, a medida que surgen cuestiones lingüísticas o de traducción que requieren aclaración.

El propósito de estos instrumentos es ayudar a usar un español simple, preciso, que sea fácilmente entendido en todas las latitudes donde se vean nuestros programas. Necesitamos que el telespectador hispanohablante en Estados Unidos, cualquiera sea su país de origen, pueda entender claramente lo que decimos, al igual que los televidentes en México, Colombia, Argentina o la República Dominicana. Es decir, un español global, de comprensión universal.

Esto requiere en ocasiones una dosis módica de arbitrariedad. Nuestro estilo simplemente refleja una manera preferida, uniforme, de expresión. Eso no quiere decir que consideremos incorrectas a otras formas, simplemente que lo preferimos de un cierto modo porque se ajusta más a esta necesidad de ubicuidad idiomática.

Cuando es apropiado, usamos la palabra vernácula de algún lugar, añadiendo una cláusula explicativa, como sería el caso de un informe desde Argentina hablando de pochoclo, como se lo llama allí… o palomitas de maíz como se lo conoce en otras latitudes; desde México sobre papalotes… o cometas o barriletes.

Y aunque para nosotros el árbitro último en general es la Real Academia Española, hay instancias en que nos inclinamos por vocablos más tradicionales, particularmente cuando los recién llegados y bendecidos por la Academia son anglicismos o simplemente las palabras mismas en inglés aunque nuestro buen y viejo español tiene términos apropiados. Como look, por la imagen o aspecto de personas o cosas, cuando tenemos apariencia; lobby, por cabildeo o vestíbulo, según el caso; gay por homosexual; mánager por gerente o administrador o representante; show por espectáculo; jogging por correr; camping por acampar; software por programa de computadora, hardware por equipo de computadora, sponsor por patrocinador, y tantas otras. Eso no quiere decir que estén proscriptas de nuestro léxico; simplemente que preferimos los términos hispanos, aunque ocasionalmente apelemos a los de nuevo cuño para evitar redundancias.

O usamos vocablos nuevos, que adoptamos aún antes de que se hayan incorporado al léxico de la Real Academia, como en el caso de términos provenientes de la cibernética u otros campos, tales como internet, chip, o más recientemente, y todavía no aceptadas, como blog, blogers, y muchos otros.

Más temprano aludí al hecho de que la urgencia periodística suele atentar contra la meticulosidad lingüística. En las redacciones tenemos que tomar decisiones inmediatas, a veces felices, otras no tanto, y a veces esas expresiones menos felices prenden y encuentran un nicho en el habla popular.

El apuro por dar la noticia rápido, antes, implica improvisar al aire, sin textos escritos, una premura que ocasionalmente lleva a incurrir en errores. Cuando se trata de errores de contenido son prontamente corregidos. Y cuando se trata de errores de estilo se toman providencias para que no se repitan y no se usen en los textos.

A veces los errores provienen de traducciones defectuosas del inglés al español, al pensar que las palabras que suenan parecido en uno y otro idioma tienen el mismo o similar significado… como en el caso de aggressive que algunos siempre traducen simplemente como “agresivo” aunque con frecuencia la referencia en ese caso sea más bien a una acción “enérgica”, no necesariamente hostil.

Otros vienen del uso de términos que se ponen en boga y se cuelan en las redacciones periodísticas, aún antes de haber pasado por el tamiz de la Academia. Por ejemplo, “zumear” en su forma verbal, derivado de “zum”, que sí ha sido admitido ya como castellanización de la palabra inglesa zoom para describir al teleobjetivo que permite acercar o alejar la imagen.

La tarea de destilación idiomática requiere atajar el uso de términos en Spanglish, que no son difíciles de detectar, como en el ejemplo inevitable de “vacunar la carpeta” (to vacuum the carpet) por limpiar la alfombra con una aspiradora. O la “troca” (truck) por camión. O la de ir a comprar “groserías” (groceries) al supermercado. E incluso expresiones que son una traducción literal como “te llamo para atrás” (I´ll call you back) por devolver la llamada. Y mucho me temo que las nuevas oleadas de inmigrantes estén generando nuevas expresiones de Spanglish, como “paipa”, por pipe o sea tubo o caño o cañería.

Esta función protectora del idioma no es exclusiva de las redacciones periodísticas en Estados Unidos. Es la labor esencial de las redacciones periodísticas en toda la región hispanohablante, cada una de ellas ante su propio asedio de modalidades incorrectas e infracciones. Ni tampoco es exclusiva del periodismo, sino que se debe comenzar en el hogar, seguir en la escuela y proyectarse en el quehacer diario.

Una acotación sobre la universalidad del idioma que utilizamos.

En CNN la creciente globalización de nuestras operaciones va acompañada de un proceso paralelo de regionalización. CNN en Español consta de tres señales regionales que llegan a más de 20 países: Pan regional para América Latina en general; México, a la cual se incorpora programación específica para ese país; y Estados Unidos, también con información de más interés para esta nación. En la selección del material prima el criterio periodístico acerca de cuales son las noticias más importantes para el área en particular, además de las noticias generales de valor intrínseco para todas ellas. Y aunque buscamos un idioma universal en las tres señales, en la transmisión para México, dado su alcance específico, se permite un alto grado de terminología propia de ese país pero sobre todo impera la necesidad de claridad y precisión.


4. El futuro
De manera que es aquí donde estamos. Es indudable que la responsabilidad de los medios de comunicación en la preservación y cuidado de una evolución ordenada del idioma es enorme. El adelanto vertiginoso de la tecnología y de las comunicaciones plantea un desafío por la facilidad de difusión que les abre a quienes no son muy cuidadosos del idioma. Pero al mismo tiempo nos ofrece a las organizaciones periodísticas un vehículo de cooperación poderoso para difundir la buena palabra y corregir excesos. Ciertamente, un fruto apropiado y deseado de este encuentro sería el logro de entendimientos para esa cooperación.
No  hace mucho, una colega me comentó que, en la opinión de algunos, es en las redacciones periodísticas de Estados Unidos donde se está forjando el español del futuro. Frase lisonjera, sin duda…, pero a la luz de lo que hemos discutido aquí creo que en este campo el papel del periodismo, aunque importante, es más modesto. Lo cual no quiere decir que no nos empeñemos con la misma dedicación y entusiasmo en este quehacer cotidiano y cambiante que nos lleva por senderos diversos, trillados algunos y otros por abrir… porque al fin y al cabo, caminantes somos…

 

La exposición de Jorge Ignacio Covarrubias

 

Resulta muy grato y oportuno tratar este tema en un lugar de tanta significación para la historia de nuestra lengua como San Millán de la Cogolla, donde el español recibió su "carta de ciudadanía" y donde escribió Gonzalo de Berceo.

Jorge Ignacio Covarrubias

Que los frutos de este seminario sean un tributo a la iniciativa de la Fundación del Español Urgente, la Fundación San Millán de la Cogolla, la Asociación de Periodistas Hispanos NAHJ, la Real Academia de la Lengua, la agencia EFE y todos los participantes, colegas y académicos, y a la labor incansable del coordinador general de Fundeu, don Alberto Gómez Font.

Me propongo dividir mi ponencia en dos grandes temas: los problemas del presente y los desafíos del futuro.

En cuanto a la situación presente, quiero dividirla en dos aspectos: primero los problemas inherentes al manejo del español en los medios de comunicación y segundo los problemas derivados del hecho de que nuestra agencia trasnacional de noticias, la Associated Press, tiene su Departamento Latinoamericano dentro de una organización cuya lengua principal es el inglés.

El coche, el carro y el misterio del subjuntivo

Pasamos al primero de los dos aspectos.
Nuestra agencia envía su servicio a los 19 países latinoamericanos de habla española, además de España, lo que suman 20 naciones, cada una con sus peculiaridades lingüísticas (No incluyo otras comunidades como Guinea Ecuatorial o la pequeña colonia hispanohablante de las Filipinas porque no reciben nuestro servicio en español).
Además de las diferencias que van de un país a otro, dentro de cada nación también hay variantes de léxico, que diferencian el habla de una provincia a otra, de una región a otra.
Por eso tenemos que extremarnos para emplear un español que sea comprensible, inequívoco y no ofensivo, además de preciso, económico, transparente y de ser posible elegante.
Nuestra primera preocupación es hacernos entender.
Ese esfuerzo por emplear un lenguaje común para todos _una koiné_ nos lleva a extremarnos por evitar los regionalismos.
Estando en Nueva York, recibí una vez un despacho de nuestra oficina de Chile que hablaba de un "piño" y les pregunté a los colegas qué significaba. Era un término que no figuraba en el diccionario de la Real Academia y no lo conocía nadie en la redacción, en la que por otra parte no había ningún chileno. Un colega de Chile me respondió que era un "rebaño" y se extrañó de mi desconocimiento aduciendo que el término estaba en el diccionario. Pronto me llamó nuevamente para disculparse: "ah", me dijo, "dice chilenismo".
Del mismo modo tratamos de evitar todos los términos que sean exclusivos de un país o una región, y si bien los argentinos nos bañamos en una "pileta de natación" y los mexicanos en una "alberca", en nuestro servicio usamos el término común de "piscina".
En síntesis, nuestra primera preocupación es usar un lenguaje que sea comprensible para todos.
La segunda, es que esa terminología sea inequívoca.
Recuerdo que una vez le tributaron un homenaje a un futbolista argentino en Colombia. Y para trasladarlo al lugar de la ceremonia, le preguntaron si quería ir en "coche" o en "carro".
Resulta que en el Río de la Plata, "coche" es sinónimo de "automóvil" y "carro" es el vehículo a tracción animal. A la inversa, en Colombia "carro" era sinómino de automóvil y "coche" el carruaje jalado por caballos. Como el futbolista quería ir en auto, dijo "coche", y lo llevaron en "carro".
Hace poco se produjeron dificultades en la bolsa de valores de Nueva York y la noticia inicial dijo que los ordenadores de Wall Street se habían paralizado momentáneamente. En nuestra mesa de redacción los dos primeros que vieron la noticia se hicieron a la peregrina idea de que se trataba de ciertos trabajadores que habían hecho un paro. Pero al avanzar en la lectura, quedaba bien en claro que se trataba de las computadoras.
Previsiblemente, el redactor era español y los demás latinoamericanos.
Enfrentados cotidianamente con este tipo de problemas, nosotros tratamos de evitar toda confusión entre "carro", "coche" y automóvil y empleamos el término "computadoras" que es el más familiar para la gran mayoría de los lectores de nuestros suscriptores.
Además de usar un lenguaje comprensible e inequívoco, tenemos que procurar que no sea ofensivo.
Ustedes saben que en el Río de la Plata nosotros "agarramos" y no usamos otro verbo más castizo. En Chile se evita absolutamente el término "pico", y si se emplea para aludir a "la hora pico" como la hora de mayor tránsito, se hace con intención maliciosa.
Aun algunas inocentadas conllevan peligro. Si en una tabla de posiciones de un certamen deportivo abreviamos Costa Rica en C.Rica, damos lugar a un término que puede resultar ofensivo al menos en Puerto Rico.
Eson son apenas unos pocos problemas con que nos enfrentamos cotidianamente en las mesas de redacción. Otros son encontrar la palabra justa para realidades que tienen distintos nombres en nuestros países. ¿Cómo se llama el pliegue que remata la pierna del pantalón? ¿Ruedo, dobladillo, botamanga, bocamanga? ¿O ese adminículo de oficina que se da en llamar grapadora, engrampadora, presilladora, abrochadora, cosedora?
A veces la dificultad responde a deficiencias en la formación de los periodistas hispanos.
Entre los muchos ejemplos se cuenta lo que podría llamarse "el misterio del subjuntivo". Es comprensible que los anglos tengan problemas para lidiar con ese modo gramatical porque en español está mucho más desarrollado. Pero los que se ganan la vida escribiendo en español deberían tener una idea de sus usos y matices.
Es frecuente encontrar el empleo del subjuntivo presente en una oración subordinada dependiente de otra en indicativo pasado: "me dijo que venga" en vez de utilizar el correspondiente pasado del subjuntivo "viniera", o "quiso que haga" en vez de "hiciera".
A la inversa, una costumbre generalizada es la de usar el subjuntivo en vez del indicativo en lo que el Manual de Español Urgente de EFE bien señaló como un resabio del uso medieval resucitado por los románticos: "Gardel, que tantas veces cantara..." cuando no hay duda de que cantó, y por eso no corresponde el modo subjuntivo con su matiz de duda e incertidumbre.
El participio también tiene sus bemoles, sobre todo en la vacilación de muchos redactores con el uso de las formas regular e irregular en los verbos que las admiten. Es común leer "El presidente fue electo"cuando esta forma irregular se usa como adjetivo y la forma regular para las formas verbales. Quizás a los vacilantes les quede más claro recordar que "el agua bendita fue bendecida".
En cuanto al gerundio, tiene también una injusta mala fama producto del desconocimiento general. Más de un editor de la vieja escuela aconsejaba no usarlo nunca, cuando lo que corresponde es usarlo cuando se debe.
Uno de los abusos del acosado gerundio responde al olvido de su función predominantemente adverbial para usarlo en función de adjetivo, como en "un barco llevando libros" o "una ley disponiendo" tal o cual cosa.
Otro es el bendito gerundio de posterioridad _por desconocer que básicamente se refiere a una acción simultánea o anterior_, que produce despropósitos como "Los ladrones huyeron, siendo apresados al día siguiente".
La acentuación también da trabajo a muchos periodistas poco preparados, sobre todo en los monosílabos con más de una función y en los pronombres.
El verbo auxiliar "haber" también se las trae, ya que algunos olvidan que es un verbo impersonal que no necesita concertar con el verbo por ser objeto directo y no sujeto, y por eso se dice "Hubo fiestas".
En cuanto a la nomenclatura, conviene que los colegas estén al tanto de las nuevas incorporaciones al diccionario ya que en algunos casos el uso _y su aceptación_ los ha reivindicado. Precisamente ahora se puede "reivindicar" un ataque, calificar un arma de "sofisticada"y usar aunque con prudencia lo que no se podía antes, que era modificar un sustantivo con un adverbio _al menos con términos abstractos_ como en el caso de la "no intervención".
Finalmente considero que conviene hacer hincapié en una función básica del periodista, que es la de "traductor". Bombardeados cotidianamente por las jergas o lenguas especiales del gobierno ("governmentese"), los militares, los médicos, los abogados, los publicistas, nuestra tarea es traducir esa terminología especializada a un lenguaje común que pueda comprender un estudiante promedio de la secundaria.
Si los médicos nos hablan de "los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina" tenemos que tomarnos el trabajo de explicar que la serotonina es un neurotransmisor e indicar por qué el control de su flujo y reflujo es importante para regular los estados de ánimo.
La actitud ideal es la de no sobrestimar los conocimientos del lector ni subestimar su inteligencia.

¿Sponsorizar? ¿Qué es esto para?

Ahora quisiera referirme al segundo aspecto de esta primera parte de la ponencia: la influencia que ejerce sobre el español el idioma inglés, dominante en nuestra agencia. No solamente una de nuestras centrales está en Nueva York, sino también tenemos corresponsales y traductores en Estados Unidos que además de escribir sus propios artículos, editan y traducen las informaciones en inglés que con la excepción de Latinoamérica provienen del resto del mundo.
En 1986 hice una encuesta entre profesores de español y lingüistas sobre el fenómeno del "spanglish", y en 1996 la amplié a una consulta a 30 profesores en 16 estados de todo el país, incluyendo todos los de mayor concentración de hispanos.
Las conclusiones fueron muy interesantes.
Por empezar, la mayoría consideró el spanglish como un dialecto o variación dialectal, fenómeno fundamentalmente oral, producido por la interacción de dos idiomas, que nace inevitablemente del contacto _y a veces confusión_ de dos lenguas y dos culturas, muchas veces por la necesidad de nombrar nuevas realidades o de suplir el desconocimiento de términos en inglés.
Pero mientras la mayoría de los consultados del este y norte de Estados Unidos lo censuraron como producto de la ignorancia, la incultura o falta de educación, los del sudoeste lo defendieron por considerarlo una bandera lingüística, marcador étnico, emblema de liberación de una lengua subordinada a la coerción de otra, un 'enfant-terrible' de la cultura; mezcla de irreverencia, humor, afirmación de independencia y arma de resistencia.
El doctor Odón Betanzos Palacios, presidente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española en Estados Unidos, consideró el "spanglish" _o espanglish o espanglés_ como producto "del mal uso de ambas lenguas al imperar la ignorancia o la falta de respeto por esas dos lenguas universales en contacto".
En cambio en el sudoeste, en la zona que se conoce como "The Borderlands" y que abarca el sur de Estados Unidos y el norte de México, se le conoce como "tex-mex" o "texano". Es interesante notar que algunos profesores del este que censuraron el spanglish acudieron a la defensa del "texano" como factor de resistencia e identificación cultural.
La escritora y profesora Rima Gretchen Rima de Vallbona, profesora de la University of St. Thomas en Houston, Texas, defendió el texano y conjeturó que "el latín vulgar en su proceso de evolución debía escandalizar a los romanos como nos escandaliza a nosotros el espanglish".
En la encuesta, varios consultados aludieron al "cambio de código" o "code switching", o sea, el paso de un idioma al otro hasta en la misma frase, al modo de quien "starts to speak in English y termina hablando español"; el "language loss", o pérdida del idioma de una generación a otra pasando por la transición de la generación intermedia, y a la "diglosia", que es la situación que se da cuando una de las dos lenguas goza de prestigio o privilegios sociales o políticos superiores.
Dos de los principales problemas del choque de idiomas son los neologismos y los calcos.
Como bien lo dijo la profesora Milagros Sánchez en el Congreso de la Lengua Española de 1992, son aceptables los neologismos _productos de los "préstamos", o mejor dicho las adquisiciones o importaciones lingüísticas como dice Lázaro Carreter_ cuando existen "vacíos léxicos", o sea, realidades todavía sin nombre.
En ese caso, claro está, se aceptan siempre que los sonidos del término se adapten a la grafía y fonética del español, como señala Gómez Font.
Pero muchas veces esos vacíos no existen y el neologismo está de más, como en el caso de uno acuñado por un medio deportivo sudamericano que se extendió como reguero de pólvora: el sustantivo "sponsor" y el insólito verbo "sponsorizar", ignorantes a la vez de los términos castizos "patrocinador" y "patrocinar" y el proceso de adaptación de los vocablos extranjeros al español.
Los avances de la medicina, la ciencia y la tecnología presentan constantemente realidades en busca de nombre, y los periodistas _que al igual que los escritores, los traductores, los académicos_ estamos en las trincheras del frente de batalla del idioma, necesitamos nombrarlas.
¿Qué les ponemos a "hardware" y "software"? Los españoles propusieron una traducción elegante y simétrica con "soporte físico" y "soporte lógico". Pero en el contexto de la noticia, estos términos no siempre quedan en claro para los lectores. En ese caso ¿no es mejor mantener el término en inglés y entrecomillarlo?
O, a la inversa, ¿conviene traducir siempre los términos en inglés? ¿Qué sucede si los distintos medios imponen distintas traducciones para la misma realidad y terminamos con varios nombres para lo mismo? Rafael Lapesa prefiere un anglicismo común a una pluralidad de traducciones que dañaría la unidad de la lengua.
Los calcos constituyen otro problema persistente, o sea, las voces españolas que por su semejanza formal con otras inglesas reciben de este idioma acepciones que no tenían en nuestra lengua.
Esos parecidos de los términos que se dan en llamar "falsos amigos" se cuelan insistentemente en el habla y muchas veces en las traducciones y en el periodismo hispano. Es así como las instalaciones se convierten en "facilidades", se distribuyen "copias" y no ejemplares de libros, uno "salva" y no almacena información en la computadora o "aplica" para un trabajo en vez de solicitar empleo.
Eso en cuanto a los calcos semánticos. Y en lo que respecta a los calcos sintácticos, esa costumbre que suele responder al desconocimiento, la pereza o la fatiga, reproducen el ordenamiento de las frases del inglés con su abundancia de construcciones en voz pasiva, la profusión de artículos innecesarios dada la riqueza de nuestras desinencias verbales o la inclusión de posesivos que no vienen al caso.
En su extremo, me recuerdan algunas de las ocurrencias de mi hijito Sebastián cuando hilvanaba sus primeras frases en español e inglés, y me preguntaba cosas como "Papi, ¿qué es esto para?"

Ste reXtg c explik 5mentarios

Quisiera pasar ahora a la segunda parte de la ponencia, los desafíos del futuro.
Y también la divido en dos: el fenómeno de la comunicación entre la juventud con los nuevos medios tecnológicos y la nueva herramienta del hipertexto.
¿Por qué esta incursión en la tecnología? ¿Y por qué en este seminario que trata específicamente del idioma español en los medios hispanos en Estados Unidos? Precisamente porque la revolución informática está haciendo sentir su impacto en la manera de leer, en la manera de escribir y _dicen algunos_ en la manera de pensar. Y el periodismo en Estados Unidos, del que formamos parte, ya está sintiendo desde hace tiempo los efectos de esta ola que avanza incontenible en progresión geométrica.
Si bien los periodistas tenemos que velar por la corrección del idioma atendiendo a la normativa _que va cambiando con los tiempos tiranizada por lo que el uso impone_, también tenemos que prestar atención a este alud innovador que va abriendo caminos insospechados.
¿Cómo lee, escribe y se comunica nuestra próxima generación de lectores? ¿Qué recursos tienen de que nosotros carecíamos y que podría hacerles reclamar o exigir nuevos rumbos al periodismo?
Interesado por ese fenómeno hice un estudio informal del modo en que la juventud se comunica en las salas de contacto social, salas de diálogo y correo electrónico en Internet, y en los mensajes de texto por medio sus teléfonos celulares.
Además conseguí el concurso de Dariela Sosa, coordinadora de publicaciones y eventos de www.aldeae.net en Venezuela, que a mi pedido hizo una encuesta entre alumnos varones y mujeres de tres escuelas secundarias de Caracas entre los 13 y los 17 años, sobre las características de su forma de comunicación.
¿Por qué esa edad? Porque ya no son tan chicos como para estar bajo el dominio de sus padres _aunque muchos preadolescentes no lo están en cuanto a sus comunicaciones_ ni tan grandes como para estar ya en el mundo de los adultos, y además porque como la mayoría tiene los mismos compañeros de clases durante cinco años se refuerzan sus hábitos entre sí.
Las comunicaciones entre los adolescentes son vertiginosas. Aparte de la limitación de espacio para escribir, en las salas de diálogo establecen varias comunicaciones simultáneas, lo que les impone también una limitación de tiempo. Y en los mensajes de texto (SMS, short message system) que envían por sus teléfonos celulares la limitación de espacio (y el gasto) les exige apelar a una forma de comunicación telegráfica.
Los jovencitos han creado toda una jerga que ejemplifica Abraham Acosta Martínez cuando encabeza un artículo con la siguiente aclaración: "Ste reXtag sta echo pa los padres d ijos c/cel".
Así escriben los jóvenes y no solamente en español. ¿Cuál es la frase más famosa del Hamlet? "2B? Nt2B? = ???" ¿Y cómo empieza el Paraíso Perdido de Milton? "Devl kikd outa hevn coz jelus of jesus & starts war".
En español, ¿qué haces? se convierte en "k acs?", Me siento bien se representa "m 100to bn", te quiero mucho es "tq mxo" o "tqm", "n cerio?" es ¿en serio? y feliz cumpleaños, ":) qmple".
La observación de dichos mensajes juveniles en todos esos espacios electrónicos y en la encuesta venezolana lleva a la conclusión de que la jerga juvenil comparte las características siguientes: usa abreviaturas, no tiene mayúsculas ni minúsculas ni acentos, los signos de interrogación y admiración los emplea solamente al cierre.
Los signos de puntuación casi no los utiliza cuando debe sino para representar emociones en los llamados "emoticones", o representaciones pictográficas (que también esos medios electrónicos proporcionan en forma de pequeños íconos): :) u :-) representan alegría, :( y :-( decepción, :-<) (con la apertura del paréntesis quebrado o angulado) es una cara con bigotes, y &-) (con el signo de y o ampersand) es una cara con lentes. ¿Un poco de picardía? ()() son las nalgas, (.)(.) los senos y o()o el miembro masculino. En las versiones de Word 97 y las más modernas, al escribir varios de esos emoticones se transforman automáticamente en "dingbats", esos íconos utilizados tradicionalmente en tipografía.
La jerga juvenil también apela a la representación fonética y al rebús, que se define como "pequeña imagen con dibujos, letras y/o números que, de alguna forma, representa una palabra o frase" como "5mentarios" o "100pre". Y asimismo al caligrama, o sea, un escrito en que la disposición tipográfica procura representar el contenido del texto.
El vocabulario es limitado, las frases breves, la sinonimia pobre, el recurso alfanumérico con la sustitución de letras por números como en los casos de 5=S, 3=E o por signos como % por doble o. Los números a veces ofrecen frases sintéticas cuyo código hay que conocer, como 143=I love you, por el número de letras que tiene cada palabra. En chino mandarín es 520, aprovechando que en ese idioma el sonido de las palabras que designan los cardinales representa otras palabras.
La jerga juvenil emplea la fuga de vocales: "t djo" equivale a "te dejo". Usa más la yuxtaposición que la coordinación, y ésta más que la subordinación.
Utiliza coloquialismos, busca expresividad y presenta un estilo entrecortado. Se le ha calificado de lenguaje rebelde, trasgresor, práctico, juguetón y a veces confuso.
Acepta préstamos, como las abreviaturas o frases sintéticas del inglés (lol=lots of lough o loughing out loud, que equivale a nuestro "me muero de risa" o "qué gracioso"; xoxoxo=hugs and kisses, besos y abrazos).
A veces acude al recurso del ocultamiento, como cuando los jovencitos advierten a sus interlocutores que no pueden hablar por estar presentes sus padres o sus maestros. Los chicos en inglés usan POTS=Parents over the shoulder, TOS=teachers over the shoulder, P911=p por parents y 911 el número telefónico de emergencia.
De 42 adolescentes que participaron en la encuesta venezolana, 37 dijeron que usaban abreviaturas, 20 frases cortas y 5 frases en clave. De ellos, 18 dijeron que escribían igual vía Internet que en los mensajes de texto con sus celulares, pero 20 indicaron que en estos últimos los mensajes eran más sintéticos y las abreviaturas más extremas. Seis de ellos dijeron que utilizaban el "diccionario" o "intelligent typing" que les permitía ahorrar tiempo y en un caso "escribir lindo".
Esta fue una de las menciones que indicaron que _al menos muchos de los chicos_ están conscientes de los problemas que tienen con la ortografía. Un muchachito observó que el "diccionario" le permitía "escribir sin errores" y una chica dijo que las abreviaturas disimulaban las faltas de ortografía.
José Antonio Millán, creador del Centro Virtual del Instituto Cervantes en Internet, dijo que "se trata de un registro diferente de la lengua escrita que puede coexistir sin conflicto con la norma correcta... Pero eso sólo sucederá si los chicos mantienen, paralelamente al hábito del SMS, el contacto con libros y revistas. De lo contrario el riesgo es que desarrollen una escritura deforme".
Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, alzó la voz de alarma por lo que considera una "jibarización del idioma".
Comentó que la jerga juvenil puede "reducir la capacidad de expresión de los adolescentes y hasta amenazar el desarrollo de su pensamiento crítico".
"Si a esta caída en la riqueza del lenguaje se le suma una reducción morfológica de las palabras se va a potenciar el empobrecimiento del idioma de los jóvenes, que está directamente asociado con el conocimiento", agregó.
Asimismo, ante la invasión de lo visual sobre lo textual, Barcia acotó que "el uso de los emoticones deteriora el lenguaje", a lo que el experto Jay David Bolter replica diciendo que "el mismo nombre de emoticón sugiere que para los escritores y lectores electrónicos, el texto verbal carece de los recursos para la expresión emocional".
Al hablar de "las jergas que hablan camadas juveniles", Lázaro Carreter observó que "ninguna generación ha dejado de tener su propio léxico como una suerte de contraseña".
"Pero existía, en otros tiempos, cierto respeto tácito por el modelo referencial de los adultos", agregó. "Hoy la situación se ha invertido y son los adultos quienes imitan a los adolescentes y usan sus deformaciones, neologismos y contenidos significativos alterados".
¿Nos importa a los periodistas cómo se comunica nuestra próxima camada de lectores? ¿O no vale la pena prestar atención a un fenómeno de códigos compartidos por una generación tal como se ha venido haciendo desde tiempo inmemorial?
Lo que ocurre es que los avances tecnológicos y los nuevos medios de comunicación han provocado toda una revolución. Según el Diccionario de la Asociación de Usuarios de Internet, en España, esta jerga juvenil es "una forma de comunicarse utilizada diariamente por millones de jóvenes, una realidad que va a influir en la evolución de la lengua y de la gramática".
Y entre una generación que trae un nuevo modo de leer y escribir y los nuevos medios a disposición del público, los periodistas no podemos ser ajenos a ese fenómeno si esperamos que nos lean en un futuro próximo.

El texto de senderos que se bifurcan

Y paso al último punto de mi exposición, el fenómeno del hipertexto, que no es sino ese recurso que nos ha legado la nueva tecnología de las computadoras, un texto conectado mediante enlaces que como tentáculos apuntan a todas las dimensiones del éter para ligarse a una red textual interminable. Estos enlaces son los "links" o "hyperlinks" que aparecen en la pantalla cuando leemos un texto y que nos remiten a otras páginas, permitiéndonos elegir nuestro curso de lectura.
La gente de prensa los usa en el llamado ciberperiodismo, o periodismo digital, y aun en los servicios informativos regulares, cuando al término de las noticias ofrece a los lectores direcciones de la red en las que pueden ampliar la lectura.
¿Cómo se escribe en hipertexto?
Theodor Nelson, uno de los expertos en la materia, dice que es "una escritura no secuencial, un texto que se bifurca, que permite que el lector elija y que se lea mejor en una pantalla interactiva. Es una serie de bloques de texto conectados entre sí por nexos, que forman diferentes itinerarios para el usuario".
El hipertexto aumenta la presencia del lector, que va creando activamente su curso de lectura, y disminuye la presencia del autor, que se ahoga en medio de la inmensa red de textos del que no es más que una voz en medio de un coro. Se difuminan los límites de la obra y se ponen en evidencia sus conexiones con otras obras en lo que se ha dado en llamar intertextualidad.
La escritura en el hipertexto ha sido caracterizada como "no lineal", o más bien "multilineal", para distinguirla de la lectura secuencial en los libros.
La idea del hipertexto, avizorada ya en 1945 por Vannevar Bush que lo llamó "Memex", fue anticipada por la corriente del llamado "posmodernismo" que tuvo gran influencia en la crítica literaria. El hipertexto no hizo sino explicitar y dejar en claro lo que esos teóricos venían diciendo desde hacía décadas.
¿Y qué decían esos teóricos mucho antes del advenimiento del hipertexto?
Julia Kristeva, que acuñó el término "intertextualidad", en Problemas de la estructuración del texto, de 1968, elabora una teoría del texto como un centro sistemático de signos situados con relación a otros sistemas de significación de una cultura donde la interacción de los códigos diferentes, discursos o voces atraviesan el texto".
Roland Barthes, en su S/Z de 1970, escribía que en un "texto ideal, las redes son muchas e interactúan, sin que ninguna de ellas sea capaz de sobrepasar al resto; este texto es una galaxia de significantes y no una estructura de significados; no tiene comienzo; es reversible; tenemos acceso a él por muchas entradas, ninguna de las cuales puede afirmarse que es la principal".
Michel Foucault, en la Arqueología del Saber, de 1976, decía que "la fronteras de un libro nunca están claramente definidas... atrapado en un sistema de referencia a otros libros, otros textos, otras frases: es un nodo dentro de una red de referencias".
Y Jacques Derrida, en De la gramatología, de ese mismo año, afirma que "el fin de la escritura lineal es en realidad el fin del libro... Esta muerte del libro anuncia una muerte del discurso (de un supuesto discurso completo) así como una nueva mutación en la historia de la escritura".
Eso decían esos influyentes teóricos antes del hipertexto. Y ahora que la tecnología ha llevado a la práctica sus conjeturas, muchas voces creen que los nuevos medios modificarán el modo de leer y de escribir.
Beatriz Sarlo, en el XI Congreso Nacional de El Diario en la Escuela, en Argentina, consideró que "esta cualidad de fluidez temporal, junto a la aceleración..., están definiendo nuevos protocolos de lectura y nuevas estrategias de escritura".
"Es difícil concebir que la tecnología no tendrá un efecto profundo sobre la lectura y escritura de las futuras generaciones", escribió Robert Kendall.
George Landow, junto con Bolter el teórico más prominente del hipertexto, anticipa que "promete cambiar el modo en que leemos y escribimos".
¿Qué consecuencias traerá para el periodismo y para el modo de presentar las noticias?
El mismo Bolter conjetura que el hipertexto "sugiere una nueva especie de asalto nietzscheano a la ley del tercero excluido. En hipertexto, una declaración puede ser y no ser verdadera a la vez, porque cada afirmación está sujeta a revisión, a ser modificada o contradicha".
Tal como ocurre con las comunicaciones juveniles, "el efecto dominante de las tecnologías de computadora será suministrar foros de representación que tengan más en común con el cine y la televisión que con la comunicación escrita".
"La representación perceptual se usa para desplazar o reemplazar el texto verbal", agrega. "El video y la animación dominan la pantalla y la atención del usuario, mientras que el texto verbal es marginado".
Y prosigue: "en general la imagen reafirma y domina el texto verbal. Las palabras ya no parecen transmitir convicción sin la reaparición de la imaginería latente. La misma prosa se esfuerza por tornarse icónica".
"El periódico se está convirtiendo en un libro de imágenes", agrega. "USA Today y otros diarios estadounidenses están siguiendo la tendencia de la televisión de reemplazar palabras con imágenes... El periódico empieza a parecerse a una pantalla de computadora. La página se diagrama con numerosos rectángulos que semejan las ventanas de una pantalla multimedios".
"Ningún texto escrito puede aspirar a competir con el cine o la televisión para suministrar una imaginería visual vívida, ni tampoco ninguna película o video logra visualmente los mismos efectos que un texto escrito mediante la referencia lingüística", agrega. Y llega a la conclusión de que la computadora será el campo de batalla entre lo textual y lo visual, "donde se decidirá la tensión entre estos dos modos de representación".
Anticipa que el próximo paso de la revolución tecnológica, la realidad virtual, podría asestar un golpe mortal al texto "porque en un mundo virtual no hay nada que conocer aparte de los sentidos".
Bolter conjetura que los textos "tenderán probablemente a una expresión breve y concentrada, ya que cada unidad (de lectura) será abordada desde una perspectiva diferente con cada lectura" y cree que la escritura electrónica será "más bien aforística".
"Un texto de voces múltiples suficientemente amplio como para contener y admitir sus propias contradicciones podría ser la única forma convincente de escribir en el medio electrónico", agrega.
¿Cuáles son las características del ciberperiodismo? Al periodista le ofrece la hipertextualidad, la intertextualidad explícita, los multimedios, la difusión en "tiempo real" y la libertad de la tiranía del espacio. Pero también lo pone frente a un lector que ha dejado de ser espectador pasivo ya que dispone de medios instantáneos para ampliar, cotejar, confirmar o refutar lo que le propone el texto periodístico.
Y ese lector se potencia aun más con la nueva corriente que se ha dado en llamar "periodismo ciudadano" facilitada por los "blogs", las cámaras digitales y los teléfonos celulares-cámara que crean la impresión de que todos pueden ser periodistas o, al menos, recopiladores de datos e imágenes.
En síntesis, si queremos mantenernos a la vanguardia o al menos no dejarnos sobrepasar por los acontecimientos _tanto lingüísticos como tecnológicos_, los periodistas hispanos en Estados Unidos debemos mantener nuestra lucha por preservar la unidad y uniformidad de un idioma español moldeado por las nuevas tecnologías y a la vez avizorar el modelo del mensaje periodístico del futuro.

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*JORGE IGNACIO COVARRUBIAS, periodista, escritor, traductor, disertante y licenciado en letras. Es editor desde hace 35 años en el Departamento Latinoamericano de la Associated Press en Nueva York, para la cual ha tenido 32 asignaciones a 27 países.

Ha dictado más de 35 conferencias sobre periodismo en Argentina, Colombia, Venezuela, Puerto Rico, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Estados Unidos, España y la República Checa.

Es autor del Manual de Técnicas de Redacción Periodística de la Associated Press, el libro Convergencias editado en Santiago de Chile y Cuentos Insólitos, selección de cuentos en audiolibros editado en Nueva York. Escribió para Corel Communications un libreto de 10 horas de duración para audiolibros sobre el modernismo literario hispanoamericano. Además contribuyó al libro Hecho(s) en Nueva York de autores premiados.

Ha sido jefe de redacción de Canales, copyeditor de la revista La Familia de Hoy, colaborador de publicaciones en Estados Unidos, México y Argentina, profesor de español y traductor de más de 20 organizaciones, entre ellas el New York Times.

Obtuvo la licenciatura (Masters in Hispanic Language and Literature) en la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook.

Ha dado conferencias sobre literatura en la Universidad de Columbia y la Universidad St. John's en Nueva York y ha impartido un seminario de traducción para la New York University, copatrocinado por la universidad y el New York Circle of Translators.

Presentó su Manual de Técnicas de Redacción en el Instituto Cervantes de Nueva York. Participó en el I Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas, México, con un informe sobre el periodismo hispano en EEUU: "Más salsa que ketchup", y en el seminario internacional El español en los medios de comunicación de los Estados Unidos en San Millán de la Cogolla, España, con una ponencia sobre el presente y futuro del español.

Ofreció tres disertaciones sobre literatura y periodismo en la Universidad Carolina de Praga y la Universidad del Sur de Bohemia, Ceske Budejovice, en la República Checa.
Ganó cuatro premios de ensayo, tres de cuento y tres de poesía, incluyendo cuatro primeros premios, además de dos de periodismo y la medalla de plata como homme de lettres de la Academia Artes-Ciencias-Letras de París.

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*ENRIQUE DURAND es el jefe de redacción de CNN en Español, una
división de la cadena estadounidense de noticias CNN. En esas
funciones, supervisa la redacción y revisión de informes y noticieros
y asesora a productores y presentadores sobre contenido, redacción y
manejo periodístico de las noticias que difunde la cadena, que llega
a 17 millones de hogares en Estados Unidos y América Latina.
Programas selectos de CNN en Español se transmiten también en Canadá,
España y Japón.

Desde que se incorporó a CNN en Español como editor de noticias en
marzo de 1997, Durand se desempeñó también como coordinador de
redacción hasta su promoción a jefe de redacción en junio de 2001.
Sus tareas incluyen además la compilación y actualización del Manual
de Estilo de CNN en Español. Participó en la cobertura de
importantes eventos durante ese período, que incluyeron los ataques
terroristas del 11 de septiembre de 2001 y las guerras en Afganistán
en 2001 e Iraq en 2003.

Antes de incorporarse a CNN, Durand trabajó en la Voz de América en
Washington, entre 1988 y 1997, desempeñándose como jefe del servicio
en español tras cumplir diferentes funciones que incluyeron la
jefatura de la sección internacional de Radio Martí. Durante este
período participó en la cobertura de la guerra en el golfo Pérsico en
1991 y él y su equipo recibieron el premio anual de excelencia de
programación de la VOA en 1995 por la cobertura de la cumbre de las
Américas en Miami el año previo.

Entre 1985 y 1988 fue director de la revista "Américas", la
publicación cultural de la Organización de los Estados Americanos.

Durand desarrolló una gran parte de su carrera profesional en la
agencia de noticias United Press International, a la que se incorporó
en 1962 en Buenos Aires y en la que desempeñó tareas de reportero,
redactor, editor de noticias, jefe del servicio latinoamericano en
Nueva York y corresponsal en Washington hasta 1985.

Previamente, trabajó como reportero y editor de noticias en el diario
Correo de la Tarde en Buenos Aires (1960-1962), período en el que
también fue redactor de las revistas Análisis y Leoplán, tras haberse
iniciado en el periodismo en el diario Pregón, de Jujuy, Argentina, en 1956.

Durand ha participado en jurados de concursos de periodismo de la
Asociación Nacional de Periodistas Hispanos (NAHJ por sus siglas en
inglés) y de la Voz de América.

 

 
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