Según el investigador
de culturas americanas Huasman Luis Alberto Reyes, agosto es
el mes de la Pachambama, época de preparación
de la siembra, Chawawarqui killa/ itwa trapuy. “La madre
que acostumbramos evocar pariendo y cuidando la vida tiene también
una etapa en que recibe, llama hacia ella y espera”, explica
Reyes.
“Lo que los aymaras hacen es pedirle permiso a la Pachamama
para que empiece a sembrar, a roturar la tierra”, sostiene
por su parte Mendoza.
A través de este planteamiento se presume
que la boca de la tierra (Pachamama) está abierta. Es
una ocasión especial para llegar a su corazón
y hacerle ofrendas, cuyo significado es el de devolver mediante
el ritual los favores recibidos durante el año.
Entre los aymaras existe la creencia de que
también están sedientos los achachilas, los huaracos,
que son los dioses tutelares de las montañas.
Estas ofrendas deben ser entregadas en apachetas
o lugares altos, pues de ahí el sacrificio llegará
más rápido al Alaxpacha, que para los aymaras
es el cielo.
Goya, vendedora y experta en estos rituales
desde hace 15 años, explica que aquellas personas que
tienen vehículos grandes o construcciones significativas
recurren a la wajta o wilancha con la llama, y en el caso de
negocios o empresas grandes con el sacrificio de una vicuña.
Este mes se utilizan en calidad de ofrenda mesas
o wuajtas de colores. En ellas se ofrece a la Pachamama un ritual,
con todos los misterios. Esta ofrenda se debe quemar y challar
con alcohol.
Entre los principales elementos rituales que
se brindan están las wajthas o huacas mismas, que están
compuestas por yerbas, sebo de animales, dulces, lanas de colores,
incienso, mirra y copal.
Goya asegura que no todas las mesas son iguales,
por lo general éstas varían según los favores
requeridos. Unos piden para su negocio, otros para la suerte,
otros para sus cultivos.
Si el motivo del ritual es pedir por casa se
debe utilizar la llama, la botella, alfeñique, incienso,
q’hoa, copal; sus misterios, con corazones para la familia,
auto, nuez.
El costo de las mesitas varía entre cinco y cien bolivianos,
con sullu o feto de llama.
Apachetas preferidas
Si bien hay mucha gente que entrega las ofrendas
a la Pachamama en sus propias casa, otros prefieren llevarlas
hasta las apachetas; a ellas concurrieron durante todo el mes
personas que querían la bendición de la tierra
para sus vehículos o negocios.
Según la vendedora de ofrendas Goya,
estas personas prefieren asceder al cerro o a sus proximidades
para tener más prosperidad y bendición.
Estos ritos ancestrales se realizan en las apachetas,
que son los lugares propicios para el culto, indican los amautas
aymaras.
Una de las apachetas más concurridas
es la que se encuentra sobre la carretera a Oruro, Bolovia,
cerca de la ex tranca de Achica Arriba, saliendo de El Alto.
El sitio se llama Warak’o Apacheta, y
ahí fue instalado un campamento de sacerdotes aymaras.
Más cerca de la ciudad, recurren a Apachetas de la Cumbre
en el camino a Yungas y a la de Alto Pampahasi. Otros cerros
importantes son el Akamani y el Joco Joco.
De acuerdo con la costumbre, una vez realizado
el sahumerio, las cenizas deben ser enterradas en el mismo lugar
o en una meseta. Por lo general, se acostumbra realizar sahumerios
para la fiesta de Año Nuevo y la de Carnaval. En noviembre
se los ofrece a las almas, pero son diferentes a los que se
usan en agosto.
Fiesta maligna
Agosto también es conocido como el mes
del miedo, porque se cree que en estas fechas es cuando merodean
los espíritus del mal.
Según el responsable del museo Tambo
Quirquincha, David Mendoza, se cree que en agosto también
sale el kari kari a buscar a sus víctimas.
El kari kari es un personaje temido porque le
atribuyen la acostumbre de chupar la grasa de las personas,
que luego caen enfermas.
También se conoce que este mes está
lleno de malos espíritus, como los anchanchos y los ajras.
Sin embargo, Mendoza asegura que es en esta
fecha cuando se produce un hibridismo de culturas, por el que
se confunden la religión aymara y la cristiana, porque
dentro de sus rituales no se descartan los rezos a vírgenes
y santos.
Ofrendas para todos
Fortunato Quispe, uno de los tantos vendedores
de la calle Santa Cruz, explica que la Pachamama siempre cumple
los deseos de la persona que pide con fe.
El vendedor asegura que el rito debe estar acompañado
de un traguito de alcohol o vino dulce de ch’alla, y de
cigarrillos.
En esta mesa se debe poner una lanita de color,
y los misterios, además de confites, los chauchi mesas,
coba, pan de oro , pan de plata, coca y cigarro. Los misterios
representan los deseos de los creyentes.
En los últimos años han proliferado
los misterios con automóviles, computadoras y hasta teléfonos
celulares, lo que demuestra que los anhelos de la gente también
van de la mano con las innovaciones tecnológicas.
Según el vendedor, las mesas están
compuestas de dulces o ch’amuñas, figuras de azúcar
que representan diferentes cosas.
Mucha gente llega hasta los vendedores pidiendo
amor, felicidad y también fertilidad para ellos y sus
parejas.
Las mesas para la Pachamama son muy coloridas,
hay lanas teñidas, semillas y figuras de plomo fundido.
La crisis también ha golpeado a los creyentes:
algunos llegan a la calle Sagárnaga, a la Linares o la
Santa Cruz pidiendo que le preparen una ofrenda de uno o dos
bolivianos.
Sin embargo, hay gente que llega a pagar hasta
cien bolivianos o más para hacer que en su ofrenda se
incorporen fetos de llama, plumas de cóndor, pelos de
zorro y otros ingredientes difíciles de conseguir.
No faltan quienes pagan más dinero para
que se sacrifique una llama blanca y joven, y hasta una vicuña,
con cuya sangre será regada la tierra en espera de que
la Pachamama coma y beba, y devuelva los favores a sus creyentes.
(Fuente: Diario “La Patria” , Oruro,
Bolivia)
|