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La Generación del Centenario marcó caminos para un Tucumán y una Argentina progresista, sostiene Elena Perilli



Elena Perilli
de Columbres
Garmendia


"La Generación del Centenario fue única no sólo para Tucumán y la región, sino también a nivel nacional, porque en ella se conjugaron tres factores significativos: tenían poder económico, poder político, y eran hombres cultos", sostiene la historiadora Elena Perilli de Colombres Garmendia. "Consideraban a Tucumán como una provincia adelantada: mientras el centro del país producía materia prima únicamente, la industria azucarera era la primera que aportaba valor agregado. Pero a la vez, alertaban sobre los peligros del monocultivo." "Construyeron instituciones rectoras, que aún hoy perduran, y que posicionaron a Tucumán no sólo en la región, sino en el mundo entero, como es el caso de la Fundación Lillo", explica.

La Generación del Centenario fue integrada por un grupo de hombres innovadores e infatigables en su labor por construir un Tucumán moderno y pujante, que supo marcar rumbos a nivel nacional. Nombres ilustres, como Miguel Lillo, Juan B. Terán, Alberto y Marcos Rougés, Ernesto Padilla, Julio López Mañán, José Sortheix, José Ignacio Aráoz, Juan Heller, tuvieron una clara visión de la provincia que querían construir, y pensaron en un modelo estratégico, sólido y a largo plazo. "Este grupo creó instituciones fundamentales para Tucumán, como la Universidad Nacional de Tucumán, la Caja Popular de Ahorros, la Estación Experimental Obispo Colombres, el Museo de Bellas Artes, la Fundación Miguel Lillo, entre otras, que siguen siendo hoy pilares fundamentales para el desarrollo y progreso de nuestra provincia", dijo a CONTEXTO la historiadora Elena Perilli de Colombres Garmendia, quien trabaja en el Centro Cultural Rougés en una investigación sobre la extensa obra pública y privada de los miembros de la Generación del Centenario.

- ¿Qué rasgos principales caracterizaron a estos hombres de Tucumán?

- Es poco frecuente encontrar en la historia la confluencia de un grupo de hombres que florecieran con tanto protagonismo y además que lograran concretar acciones fundamentales en campos diversos, como el social, político, cultural y económico. La Generación del Centenario se caracterizó por tener un gran amor por la provincia, debido a que estos hombres crecieron oyendo -en la sobremesa de sus hogares- que sus padres relataban historias sobre la guerra de la Independencia, la batalla de Tucumán, el pensamiento y la obra de Alberdi, etc. Estas vivencias cimentaron su vocación de hombres muy arraigados a su tierra. Por otro lado, los hombres del Centenario fueron en su adolescencia compañeros en el Colegio Nacional en cuyos claustros tuvieron ilustres maestros -de la Generación del 80-, como fue el caso de Miguel Lillo que les dio profundos conocimientos sobre la región y especialmente de Tucumán. Tuvieron también maestros extranjeros que les dieron una visión amplia del mundo. Además eran años de cuestionamientos científicos, lecturas apasionadas, discusiones sobre las letras, la sociedad y la política. En esta etapa escolar anudaron lazos de amistad perdurables. - ¿Cómo pudieron concretar tantos cambios importantes para la provincia? - Creo que fueron capaces de postergar sus apetencias personales ante los intereses de la comunidad y pensaron sin egoísmos en la provincia. Pero además tuvieron una formación académica que los enriqueció en sus ideas y los llevó a formar esa visión estratégica en la que coincidieron y se abocaron con fuerza y pasión. Todos ellos pertenecían a familias con alto poder económico. Ernesto Padilla, el último gobernador conservador de Tucumán, por ejemplo, era dueño del ingenio Mercedes. Era el más político del grupo, y tenía una gran pasión por el desarrollo de Tucumán. En su mayoría, los miembros de esta Generación eran dueños de ingenios, y pudieron viajar a Buenos Aires y recibirse de abogados, ingenieros o en letras. Sin embargo, todos regresaron y cada uno desde sus distintos campos de acción armaron un plan de crecimiento regional, ya que no pensaban en Tucumán como una provincia aislada. Siempre hablaban de la región Norte e impulsaban ideas de integración. Y se convirtieron en hombres multifacéticos. Se los puede definir como humanistas, ya que además de ser profesionales, eran políticos, pensadores, filósofos y periodistas. En 1904, y siendo ellos muy jóvenes (tenían unos veinte años), crearon la "Revista de Letras y Ciencias Sociales" que identificó al grupo del Centenario y llegó a difundirse en América y Europa. Los contenidos trataban temas de historia, literatura, sociología y expresaban las ideas más modernas de la época.

- ¿Cómo era el clima político, social y económico en ese entonces?

- Aunque había una bonanza económica, producto de la industria azucarera que estaba en crecimiento, eran épocas tan difíciles como las actuales, donde también había huelgas, sobreproducción de azúcar, fuertes disputas políticas y graves problemas sociales. Sin embargo fueron hombres pragmáticos y supieron buscar soluciones y respuestas nuevas ante cada problema. Como políticos tuvieron una gran conciencia cívica. Por ejemplo, en 1907 cuando se produce la reforma de la Constitución de la provincia, hicieron un gran trabajo a conciencia ya que la misma perduró hasta 1990. En esta reforma dejaron muy claro su preocupación por el progreso de las clases obreras, mejorando las condiciones laborales. Los hombres de la Generación tuvieron cargos políticos, fueron gobernadores, legisladores y senadores, pero mostraron mucho respeto por la cosa pública, con una concepción de responsabilidad y de jerarquía. En esa época, si bien trabajaron para fortalecer al sector azucarero, también advirtieron sobre la necesidad de una diversificación en la agricultura. E incluso se adelantaron en temas que aún hoy están latentes, como cuando plantearon una ruta alternativa de salida al Pacífico desde el Norte. También se preocuparon por cimentar nuestra identidad, valorando las tradiciones, las costumbres y la arquitectura edilicia.

- ¿Qué nos puede dejar como ejemplo la Generación del Centenario?

- Las circunstancias actuales son diferentes a las de aquellos años, pero el desafío que tienen hoy nuestros gobernantes y nosotros como ciudadanos, parece ser el mismo que movilizó a la Generación del Centenario. Y es que debemos pensar, o más bien repensar, un modelo tucumano que ponga énfasis en nuestra propia identidad, en la educación, en la salud. Estos temas están ausentes, porque aunque se hable mucho de ellos, todavía no hemos logrado políticas firmes a largo plazo. Otra característica de los hombres del Centenario es el amor que ponían por Tucumán. Ocupaban incluso su tiempo libre para diseñar planes, a los que dedicaban muchas horas de estudio. No improvisaban en su accionar. Juan B. Terán para crear la universidad supo aprovechar los institutos que ya existían. Padilla tuvo la idea de construir el dique de Escaba y estudió en profundidad la viabilidad de ese plan, buscando información y solicitando estudios de factibilidad a ingenieros hidráulicos. Todos los proyectos de estos hacedores estaban muy bien fundamentados, y por eso es que sus obras perduran hasta nuestros días. Creo que además hoy falta un punto de encuentro entre intelectuales y gobernantes. Pero soy muy optimista, porque Tucumán se caracteriza por tener voces múltiples que enriquecen el debate, y a través del consenso permiten ir encontrando las mejores soluciones para nuestros problemas.


(Fuente: Contexto-La Gaceta- Tucumán, Argentina)


 

Postales de la calle (9 de diciembre de 2005) Invasiones y aventuras Por Andrew Graham-Yooll

Andrew Graham-Yooll

En el Museo de la Ciudad de Londres hay una vitrina en la que cuelga una espada ceremonial presentada por la Corporation of London al Teniente General Sir (luego Vizconde) William Carr Beresford por la toma de Buenos Aires en 1806. Para ellos fue una aventura digna de celebrar, para nosotros una victoria que hizo historia. La derrota no es percibida como tal y el triunfo tiene muchas interpretaciones. Todo hecho histórico puede ser visto de varias formas.

Este año se celebra el segundo centenario de la derrota de la primera invasión inglesa, la Reconquista de Buenos Aires, y lo fascinante de aquellas jornadas en la pequeña ciudad colonial es como influyeron en los hechos a lo largo de las décadas y tienen presencia hasta el día de hoy en las situaciones más notables. Esto se refleja en la percepción del relato histórico y también en las rivalidades más informales, como son las futbolísticas. Así como Londres tiene ese recuerdo de una expedición cuyo resultado se ha preferido olvidar, no es difícil aquí hallar en San Telmo hoy, aún después haber pasado varias aplanadoras inmobiliarias, las señas de esas invasiones. Y más al sur, en Bernal, quedan aún huellas de lo que fue el cuartel general del general John Whitelocke en 1807 en la quinta de Santa Coloma. Bueno sería que algún funcionario de gobierno se preocupe este año por notar y resaltar esos mojones del pasado.
Importante también es que se siga reinterpretando a aquellas invasiones que fueron, en su primera edición, una aventura de enriquecimiento personal del comandante de la flota, Sir Home Riggs Popham, y del general Beresford, y en la segunda versión, una intentona imperial mal concebida. El libro de Carlos Roberts, "Las invasiones inglesas al Río de la Plata" (1938), es la obra fundamental para el conocimiento de la operación militar invasora. Sin embargo hay otros escritos que deben ser considerados esenciales, si bien algo olvidados, para entender el efecto de las invasiones sobre la población de Buenos Aires y sobre el camino a la emancipación. Son los ensayos del académico Ernesto J. Fitte, "Los comerciantes ingleses en vísperas de la revolución de Mayo" (1967), y también de lectura obligada, "El precio de la libertad (la presión británica en el proceso de emancipación)", 1965. El primero ofrece una lectura deliciosa sobre el ambiente de inestabilidad pública y agitación doméstica en la colonia y las conspiraciones y manipuleos de los comerciantes "ingleses", especialmente de su cabecilla, el escocés Alexander Mackinnon, un pícaro operador (como solía llamarlo un querido historiador, el Padre Guillermo Furlong S.J.) llegado a estas costas en 1807, antes corrido de todos los territorios británicos por sus amoríos tórridos y negocios turbios. Fue Mackinnon quien mantuvo la presión sobre el virrey Cisneros hasta las vísperas del 25 de mayo.
Es seguro que en este bicentenario lograremos una rica y divertida revisión de aquellos hechos que tuvieron peso considerable en la historia argentina.

La presentación de este libro se realizó en la librería Cúspide, del Village Recoleta.


Ocupación y Reconquista 1806-1807.A 200 años de las Invasiones Inglesas
Incluye el diario de viaje del Tte. Cnel. Lancelot Holland

por Andrew Graham-Yooll. Ediciones Lumiere. Buenos Aires, abril de 2006. 144 P.

El bicentenario de las invasiones inglesas, cumpliéndose el 12 de agosto los 200 años de la Reconquista de Buenos Aires, es la oportunidad en la cual sale este nuevo libro de Andrew Graham-Yooll, que a continuación comenta Rosendo Fraga:
La obra es la conjunción de dos textos anteriores. Por un lado, el capítulo sobre las invasiones inglesas a la actual capital argentina, que integra el libro del autor publicado anteriormente, Pequeñas Guerras Británicas en América Latina, y el diario de viaje del Teniente Coronel Lancelot Holland.

El hilo conductor de ambos textos es que permite conocer la percepción británica sobre este decisivo episodio de la vida nacional.
Pienso que sin las invasiones igualmente se hubiera producido la independencia de España de la actual República Argentina, pero que el proceso hubiera sido muy distinto. Es que las invasiones generaron una gran autoestima de los porteños que habían logrado derrotar sin ayuda de España a uno de los ejércitos más poderosos del mundo y ello generó la voluntad política de expandir el movimiento emancipador hacia el interior del país.
A eso se suma que las invasiones generaron un poder militar permanente en Buenos Aires muy importante para la época, que le permitió a los porteños tener el instrumento militar con el cual expandir el movimiento de mayo de 1810. La realidad es que las fronteras del país en el norte y este del territorio llegaron hasta donde pudieron llegar los ejércitos.
Este libro ha revisado las fuentes británicas, periódicos, objetivos y procesos judiciales sobre las invasiones, aportando desde esta perspectiva una visión interesante y menos conocida en nuestro país.
A su vez, el diario de Holland, además de aportar una visión cotidiana de los hechos desde la perspectiva británica -donde nuestros ejércitos en la segunda invasión aparecen mucho más desordenados que en la historiografía argentina- permite constatar cómo aún antes de conocerse la caída de Buenos Aires, ya se estaban preparando otras expediciones británicas hacia América del Sur.
El autor aporta en este libro su rigurosidad como historiador, la amenidad de su pluma como periodista, pero también el amor por sus dos patrias, Argentina y el Reino Unido.
El autor
Andrew Graham-Yooll nació en Buenos Aires en 1944. Periodista, entre 1994 y 1998 fue director editorial y presidente del Directorio del Buenos Aires Herald, diario al que ingresó en 1966. Reasumió la dirección editorial en 2005.
En Inglaterra, donde vivió entre 1976 y 1994, trabajó en los diarios The Daily Telegraph (conservador) y The Guardian (laborista), y fue colaborador en diarios de Europa y Estados Unidos. Fue director de la revista South, entre 1986 y 1989, y de Index on Censorship, entre 1989 y 1993.
Tiene unos veinte libros publicados en Inglaterra, España, Estados Unidos, Venezuela y Argentina. Entre ellos La colonia olvidada, tres siglos de presencia británica en Argentina, y Memoria del Miedo, una crónica personal de la última dictadura militar argentina.
Traduce poesía, del inglés al castellano, y del castellano al inglés, incluyendo una antología de poetas jóvenes publicada en Inglaterra (Twenty Poets from Argentina, 2004), y una antología de la poesía del dramaturgo inglés Harold Pinter, editada en Buenos Aires (Guerra, 2006).
Tradujo al inglés también tres obras de la serie Teatro x la identidad, de las Abuelas de Plaza de Mayo, que se publicaron y representaron en Londres (2003).
Tiene cuatro hijos y tres nietos.


HISTORIA
OCUPACIÓN Y RECONQUISTA
A 200 años de las Invasiones Inglesas
Andrew Graham-Yooll

"El 12 de agosto de 1806 las derrotadas tropas británicas se rindieron y desfilaron sin armas frente a los impresionados ojos de los habitantes de Buenos Aires..."
¿Se trató de una gloriosa victoria militar sin precedentes o el resultado lógico de una incursión improvisada? ¿El triunfo se logró ante la elite de una potencia bélica o frente a un puñado de ambiciosos oficiales británicos? ¿La Segunda Invasión fue el contraataque de un imperio tocado en su orgullo o una expedición en busca de la tentadora riqueza de estas tierras?

La Historia suele ser escrita por los vencedores, pero aún para aquellos que resultaron triunfantes, la visión retrospectiva sobre una victoria puede tener interpretaciones dispares.

Andrew Graham Yooll nos presenta un documento de incalculable valor histórico y actual, indispensable para tomar real conciencia de los hechos que engendraron en la población de Buenos Aires el germen de la revolución eman-cipadora que sobrevino años más tarde.

A doscientos años de aquella primera expedición invasora, "Ocupación y Reconquista" es un libro necesario y esclarecedor, que cambiará en buena medida la visión sobre el conflicto, acercándonos a su verdadera dimensión y consecuencias.


EL SEPULCRO DE COLÓN EN VALLADOLID
PorAlfonso Philippot Abeledo *






Iglesia de la Antigua, Valladolid, España

Monumento a Colón en Valladolid, España


En el mes de Diciembre del pasado año se hicieron eco las Agencias de un estudio del historiador D. Marcial Castro Sánchez, quien ayudado por la profesora de Historia del Arte, doña Maria Antonia Fernández del Hoyo, decía haber localizado el primer enterramiento de Cristóbal Colón en una capilla del Convento de San Francisco de Valladolid.



El convento en cuestión, desaparecido en 1836 tras la desamortización de Mendizábal, ocupaba una superficie de 30.000 metros cuadrados, y se hallaba en el eje de la calle Constitución, abierta en 1843, y a unos 30 metros del acceso a la del Duque de la Victoria. En ese lugar parece ser que estuvo la capilla de Luís de la Cerda, III señor de Villora, fallecido en 1469, y en ella permitió su viuda -doña Francisca de Castañeda- que fuera enterrado el descubridor de América.

Hallazgo muy sorprendente en opinión del referido historiador, dada la alcurnia de aquella familia y su enigmática relación con el primer Almirante. Pero doña Francisca, descendiente de Rui Páez de Soutomaior (Justicia Mayor de Castilla), falleció el 14 de Febrero de 1503, dejando como herederos universales a sus nietos, los hermanos Francisco de Zúñiga y Francisca de Castañeda, hijos del matrimonio formado por Diego de Zúñiga y Juana de la Cerda (1).

Francisco de Zúñiga y su hermana (primos de Pedro de Soutomaior o Cristóbal Colón) se enredaron en un largo pleito, a causa de la Palma y de la fortaleza de Alpizar que, curiosamente, pasaron por venta a los hijos del Descubridor, en 1512:

"Escritura otorgada por el Almirante D. Diego Colón, hijo de D. Cristóbal, ante Andrés Pérez, escribano de Sevilla, el 27 de Noviembre de 1523, en la morada de la señora Marquesa de Montemayor (los Marqueses de Montemayor eran los Silva y Ribera, ramas colaterales de la Casa de Soutomaior), confirmando la escritura de traspaso á favor de su hermano D. Fernando Colón, otorgada en La Coruña en 17 de Mayo de 1520, de 900.000 maravedís que Francisco del Alcázar (su verdadero nombre era Francisco Maldonado de Saavedra), veinticuatro de Sevilla, le debía y estaba obligado a pagarle de la venta de la Villa de la Palma y fortaleza de Alpizar, con otra cuantía de maravedís.- Notaría núm. 10 de la Ciudad de Sevilla.- libro correspondiente al año 1523.- Archivo General de Protocolos." Propiedades que, posteriormente, vendió D. Fernando al conde de Belalcázar, D. Alonso de Soutomaior (2), marido de doña Felipa de Portugal, sobrina del primer duque de Veragua.

Así, pues, y a la vista de sus relaciones familiares no debe extrañarnos que los herederos de doña Francisca hubiesen autorizado -en 1506- el enterramiento de Colón en la capilla de su abuelo; en cuyo convento debió ser inhumado, asimismo, Fernán Eanes (padre biológico del susodiçho Pedro de Soutomaior), que testó en Valladolid el 10 de Noviembre de 1440.

(*) Alfonso Abelado Philippot es autor del libro "La identidad de Cristóbal Colón" (5ª edición).Vigo, 2005.
(1) "Historia Genealógica de la Casa de Haro". Luis Salazar y Castro. Madrid, 1959.
(2) "Colección de Documentos inéditos". Sevilla, 1892.


 
¡Y pensar que a Güemes lo mataron por 5.000 pesos! Por Andrés Mendieta



Andrés Mendieta

"- ¡Escápate Martín, por la puerta falsa! -le dijo su hermana Macacha,
siempre cautelosa e imaginativa. "- ¿Y la escolta?" le observó Güemes
afectado en su honestidad y lealtad hacia sus gauchos. "- ¡No, no puedo
yo huir abandonando la escolta; sería una cobardía!". Y arrojándose
sobre el caballo inició una rápida carrera alcanzado por su custodia.
Según la historiografía era ya como la medianoche; noche tenebrosa y
fría de aquel aciago 7 de junio de 1821. Algunos vecinos aseguraban que
habían escuchado un insólito ruido acompasado que, sin lugar a dudas,
provenían de un grupo de personas que caminaban sigilosamente rumbo a la
plaza principal. Ese ruido no era nada más ni nada menos que el
producido por ojotas que calzaban los milicianos que habían invadido la
ciudad al mando del coronel José María Valdez, más conocido como
"Barbarucho", el Bárbaro. Valdez hasta antes de defender la guerra se
dedicaba al comercio de las mulas y al contrabando, oficio que le
permitió conocer los múltiples senderos de la cordillera/*/. /

Martín Miguel de Güemes, gobernador de Salta y general en jefe del
Ejército Expedicionario al Perú (así designado por San Martín en junta
de generales y reconocido por todas las provincias), desde esa funesta
noche en que fue herido de muerte su vida comenzó a arder como una llama
votiva, agitada por el espíritu puro de la libertad y encendida por el
amor ante la imagen de la patria. Patria y libertad, dos términos
inseparables como el fuego y la luz; como el heroísmo y la gloria. De él
nos queda su hombría como reflejo incomprensible que todo lo penetra y
lo santifica.

Contrariamente a una vieja tradición oral creada perversamente por sus
adversarios políticos, en el sentido que nuestro héroe se encontraba en
una residencia que no era la suya, está debidamente documentado que en
aquella circunstancia se hallaba en la vivienda de su hermana Magdalena
"Macacha" Güemes de Tejada, ubicada al lado de su casa-habitación y que
fuera oportunamente la sede de la Tesorería Real (del Yoncci -hoy España
730-, solar donde funciona el Instituto Güemesiano de Salta).

Para no ser alcanzado por los efectivos de Valdez tomó la calle de la
Amargura (Balcarce) y al llegar al Tagarete de Tineo (avenida Belgrano)
se encontró con una línea de fusileros del rey llegando a enfrentarla en
medio de una granizada de proyectiles que llegaron a herirlo mortalmente
y a sí, regando con sangre almácigos de vida a una nueva república
galopó hacia la Cañada del a Orqueta (o Horqueta) acompañado por sus
Infernales y por el presbítero Francisco de Paula Fernández -quién
asistió a Güemes hasta su muerte.

El "Barbarucho" habiéndose enterado que Güemes había sido herido designó
como gobernador interino de la provincia al coronel Tomás Archondo
-reconocido enemigo y calumniador de Güemes- quien, entre otras medidas,
dispuso hacer oficiar una misa en acción de gracias "por la gloriosa
ocupación de la ciudad"; la iluminación por tres días consecutivos de la
ciudad amenazando de muerte a los vecinos que no cumplieran con el
mandato. Mientras tanto hacía su entrada triunfal el general Olañeta.

Un principio y un fin

Con este atentado se concretaba una ansiada aspiración de quienes venían
trabajando bajo el nombre de Patria Nueva cuyo núcleo que sin renunciar
a sus principios patrióticos estaban identificados con la política
centralista de Buenos Aires e inconscientemente hiriendo por la espalda
la empresa liberadora de San Martín y la pérdida definitiva de las
provincias del Alto Perú (Bolivia), que habrían de ser liberadas y
erigidas en Estado independiente por Bolívar y Sucre.

Las exigencias de la guerra apremiaron a Güemes designar un gobernador
sustituto recayendo tal nominación en José Ignacio Gorriti, elección que
contó con el voto favorable del Cabildo y, posteriormente, en una sesión
extraordinaria el alto cuerpo tomó conocimiento los impedimentos que
sufría Felipe Ibarra y el gobernador de Santiago del Estero, Alejandro
Heredia, por parte del mandatario tucumano Bernabé Aráoz para colaborar
con el Ejército de Observación que debía partir hacia el Perú. Esta
ayuda consistía en dinero y materiales para al regimiento de Güemes.

La campaña contra el gobernador de Tucumán se hizo Insalvable cuando
éste arremetió a Santiago derrotando Ibarra a Aráoz en las mismas
puertas de San Miguel. El sagaz gobernador tucumano aprovechó una
circunstancial ausencia de Güemes para confundir a Heredia en
negociaciones para batirlo en la sorpresa de Marlopa (3-4-21). El
inesperado descalabro precipitó la confabulación en Salta, mientras el
jefe realista Pedro Antonio de Olañeta acometió de nuevo, para
usufructuar los conflictos en el campo patriota. Pero una emboscada
espléndida de José Ignacio Gorriti aprisiona en Humahuaca la avanzada de
Olañeta (30-4-21), forzándolo a retroceder hasta Mojos, población
ubicada en el actual territorio de Bolivia.

Güemes, en tanto, reconstituyó en Rosario de la Frontera su avanzada
bajo las órdenes del coronel Jorge Enrique Vidt (un ex oficial
napoleónico) para volver a maniobrar en las afueras de Tucumán. Ante
este panorama Bernabé Aráoz dispuso que sus huestes avance hacia el
valle de Lerma por la apartada ruta de Las Cuestas, en apoyo de la
conspiración que trama la "clase decente" de Salta, como se hacía
llamar. Los exiliados salteños, que eran muchos, continuaban complotando
desde la capital tucumana hasta lograr que el Cabildo de Salta, el 24 de
mayo de 1821, por abrumadora mayoría, destituyó a Güemes, lo despojara
de la "ciudadanía" salteña y lo expulsara de la provincia nombrando
gobernador a Saturnino Saravia y comandante de armas a Antonio Cornejo.

Güemes al tomar conocimiento de este acto insurgente conocido después
como la "Revolución del Comercio" regresó a Salta al frente de
veinticinco hombres de escolta y tras de arengar a los soldados que
habían sido dispuestos para enfrentarlo estos, depusieron sus armas para
ponerse nuevamente bajo las órdenes del prócer salteño. En esta
circunstancia Güemes dijo: */"Por estar a vuestro lado me odian los
decentes; por sacarles cuatro reales para que vosotros defendáis su
propia libertad dando la vida por la Patria. Y os odian a vosotros,
porque, os ven resueltos a no ser más humillados y esclavizados por
ellos. Todos somos libres, tenemos iguales derechos, como hijos de la
misma Patria que hemos arrancado del yugo español. ¡Soldados de la
Patria, ha llegado el momento de que seáis libres y de que caigan para
siempre vuestros opresores!".

Después de esto Güemes recuperó el poder


Según Luis Güemes en su "Güemes Documentado" (12 tomos y alrededor de 6
mil páginas) dice: *"/La ciudad estaba prácticamente desierta, pues
hasta los culpables de la revolución la habían evacuado, huyendo.
Olañeta, después de la derrota sufrida por su vanguardia al mando de
Marquiegui en Jujuy y prisión de éste, simuló una retirada a sus
antiguos cuarteles de Tupiza a esperar noticias de los complotados que,
aunque derrotados, no se consideraron vencidos. Así fue cuando vieron el
momento propicio, enviaron un emisario para alertar al general realista,
el que despachó un destacamento al mando del coronel José María Valdez
(a) "El Barbarucho", con misión de tomar a Güemes por sorpresa, de
acuerdo a un plan premeditado"./*

En acto seguido Luis Güemes expresa en el tomo 11, pág. 185, lo que
transcribo textualmente: "*/Don José Manuel García, en uno de los
apuntes suyos, entregados personalmente al doctor Domingo Güemes y que
obran en nuestro archivo, dice: "El cordobés Benítez [Don Mariano] fue
quien trajo a Valdez para sorprender a Güemes, ganándose 5.000 pesos.
Valdez se iba ya en retirada con 4.000 hombres. En Tupiza lo alcanzó
Benítez. El comercio hizo suscripción para pagar los 5.000 pesos a
Benítez"/*y agrega: "*/El Barbarucho era español, de buena estatura,
colorado, pecoso; se alojó la noche de la sorpresa a Güemes, en la casa
de los Gurruchagas". /*

Ese fue el precio para definir la vida de un hombre que nació rico para
morir pobre por entregar todo por la "gran nación americana". En aquel
amanecer del 17 de junio de 1821 balbuceaban las bocas barbudas de tus
gauchos: "*/El general, don Martín se muere/*", "*/Se está muriendo/*…".
Y en los oscuros ojos de escapaban lágrimas como gotas de rocío.
General: tú no lloraste pero sí sellaste las gargantas de tus gauchos.

En este nuevo aniversario del natalicio al Don Martín Miguel de Güemes
(8 de febrero), considerado por ley como "héroe nacional" son muchos los
que olvidan de su pasión robusta por la patria grande, a la que dedicó
sus desvelos y todos sus sacrificios. Sobradamente lo señala en su
correspondencia, oficios y proclamas de los que transcribiré
sucintamente. "*/No quiero favores en perjuicio de mi país; éste ha de
ser libre a pesar del mundo entero. Nada temo, porque he jurado sostener
la independencia americana y sellarla con mi sangre/*"; */"… yo no puedo
prescindir del amor a la libertad/* */y del alivio que debo proporcionar
a los afligidos hermanos del Perú…"/*

A los doce días de haber recibido la comunicación del general San
Martín, ya tenía dos mil hombres dispuesto a llevar a cabo tan noble
proyecto" (1820); "*/Secuaces de los tiranos: vuestra soberbia os
precipita. Advertid que las dieciocho provincias de esta América del Sur
que sacuden la opresión, no las podrán ultrajar…/*" (1815).

Sólo nos queda en estos momentos que al país lo sacude una crisis moral
tomemos de ejemplo a este grande de la nacionalidad para que ilumine de
esperanza y futuro a todos los argentinos.


 
 
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