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La
Generación del Centenario marcó caminos para un Tucumán
y una Argentina progresista, sostiene Elena Perilli

Elena Perilli
de Columbres
Garmendia "La
Generación del Centenario fue única no sólo para
Tucumán y la región, sino también a nivel nacional,
porque en ella se conjugaron tres factores significativos: tenían
poder económico, poder político, y eran hombres cultos",
sostiene la historiadora Elena Perilli de Colombres Garmendia. "Consideraban
a Tucumán como una provincia adelantada: mientras el centro
del país producía materia prima únicamente, la
industria azucarera era la primera que aportaba valor agregado. Pero
a la vez, alertaban sobre los peligros del monocultivo." "Construyeron
instituciones rectoras, que aún hoy perduran, y que posicionaron
a Tucumán no sólo en la región, sino en el mundo
entero, como es el caso de la Fundación Lillo", explica.
La Generación
del Centenario fue integrada por un grupo de hombres innovadores
e infatigables en su labor por construir un Tucumán moderno
y pujante, que supo marcar rumbos a nivel nacional. Nombres ilustres,
como Miguel Lillo, Juan B. Terán, Alberto y Marcos Rougés,
Ernesto Padilla, Julio López Mañán, José
Sortheix, José Ignacio Aráoz, Juan Heller, tuvieron
una clara visión de la provincia que querían construir,
y pensaron en un modelo estratégico, sólido y a largo
plazo. "Este grupo creó instituciones fundamentales
para Tucumán, como la Universidad Nacional de Tucumán,
la Caja Popular de Ahorros, la Estación Experimental Obispo
Colombres, el Museo de Bellas Artes, la Fundación Miguel
Lillo, entre otras, que siguen siendo hoy pilares fundamentales
para el desarrollo y progreso de nuestra provincia", dijo a
CONTEXTO la historiadora Elena Perilli de Colombres Garmendia, quien
trabaja en el Centro Cultural Rougés en una investigación
sobre la extensa obra pública y privada de los miembros de
la Generación del Centenario.
- ¿Qué
rasgos principales caracterizaron a estos hombres de Tucumán?
- Es poco frecuente
encontrar en la historia la confluencia de un grupo de hombres que
florecieran con tanto protagonismo y además que lograran
concretar acciones fundamentales en campos diversos, como el social,
político, cultural y económico. La Generación
del Centenario se caracterizó por tener un gran amor por
la provincia, debido a que estos hombres crecieron oyendo -en la
sobremesa de sus hogares- que sus padres relataban historias sobre
la guerra de la Independencia, la batalla de Tucumán, el
pensamiento y la obra de Alberdi, etc. Estas vivencias cimentaron
su vocación de hombres muy arraigados a su tierra. Por otro
lado, los hombres del Centenario fueron en su adolescencia compañeros
en el Colegio Nacional en cuyos claustros tuvieron ilustres maestros
-de la Generación del 80-, como fue el caso de Miguel Lillo
que les dio profundos conocimientos sobre la región y especialmente
de Tucumán. Tuvieron también maestros extranjeros
que les dieron una visión amplia del mundo. Además
eran años de cuestionamientos científicos, lecturas
apasionadas, discusiones sobre las letras, la sociedad y la política.
En esta etapa escolar anudaron lazos de amistad perdurables. - ¿Cómo
pudieron concretar tantos cambios importantes para la provincia?
- Creo que fueron capaces de postergar sus apetencias personales
ante los intereses de la comunidad y pensaron sin egoísmos
en la provincia. Pero además tuvieron una formación
académica que los enriqueció en sus ideas y los llevó
a formar esa visión estratégica en la que coincidieron
y se abocaron con fuerza y pasión. Todos ellos pertenecían
a familias con alto poder económico. Ernesto Padilla, el
último gobernador conservador de Tucumán, por ejemplo,
era dueño del ingenio Mercedes. Era el más político
del grupo, y tenía una gran pasión por el desarrollo
de Tucumán. En su mayoría, los miembros de esta Generación
eran dueños de ingenios, y pudieron viajar a Buenos Aires
y recibirse de abogados, ingenieros o en letras. Sin embargo, todos
regresaron y cada uno desde sus distintos campos de acción
armaron un plan de crecimiento regional, ya que no pensaban en Tucumán
como una provincia aislada. Siempre hablaban de la región
Norte e impulsaban ideas de integración. Y se convirtieron
en hombres multifacéticos. Se los puede definir como humanistas,
ya que además de ser profesionales, eran políticos,
pensadores, filósofos y periodistas. En 1904, y siendo ellos
muy jóvenes (tenían unos veinte años), crearon
la "Revista de Letras y Ciencias Sociales" que identificó
al grupo del Centenario y llegó a difundirse en América
y Europa. Los contenidos trataban temas de historia, literatura,
sociología y expresaban las ideas más modernas de
la época.
- ¿Cómo
era el clima político, social y económico en ese entonces?
- Aunque había
una bonanza económica, producto de la industria azucarera
que estaba en crecimiento, eran épocas tan difíciles
como las actuales, donde también había huelgas, sobreproducción
de azúcar, fuertes disputas políticas y graves problemas
sociales. Sin embargo fueron hombres pragmáticos y supieron
buscar soluciones y respuestas nuevas ante cada problema. Como políticos
tuvieron una gran conciencia cívica. Por ejemplo, en 1907
cuando se produce la reforma de la Constitución de la provincia,
hicieron un gran trabajo a conciencia ya que la misma perduró
hasta 1990. En esta reforma dejaron muy claro su preocupación
por el progreso de las clases obreras, mejorando las condiciones
laborales. Los hombres de la Generación tuvieron cargos políticos,
fueron gobernadores, legisladores y senadores, pero mostraron mucho
respeto por la cosa pública, con una concepción de
responsabilidad y de jerarquía. En esa época, si bien
trabajaron para fortalecer al sector azucarero, también advirtieron
sobre la necesidad de una diversificación en la agricultura.
E incluso se adelantaron en temas que aún hoy están
latentes, como cuando plantearon una ruta alternativa de salida
al Pacífico desde el Norte. También se preocuparon
por cimentar nuestra identidad, valorando las tradiciones, las costumbres
y la arquitectura edilicia.
- ¿Qué
nos puede dejar como ejemplo la Generación del Centenario?
- Las circunstancias
actuales son diferentes a las de aquellos años, pero el desafío
que tienen hoy nuestros gobernantes y nosotros como ciudadanos,
parece ser el mismo que movilizó a la Generación del
Centenario. Y es que debemos pensar, o más bien repensar,
un modelo tucumano que ponga énfasis en nuestra propia identidad,
en la educación, en la salud. Estos temas están ausentes,
porque aunque se hable mucho de ellos, todavía no hemos logrado
políticas firmes a largo plazo. Otra característica
de los hombres del Centenario es el amor que ponían por Tucumán.
Ocupaban incluso su tiempo libre para diseñar planes, a los
que dedicaban muchas horas de estudio. No improvisaban en su accionar.
Juan B. Terán para crear la universidad supo aprovechar los
institutos que ya existían. Padilla tuvo la idea de construir
el dique de Escaba y estudió en profundidad la viabilidad
de ese plan, buscando información y solicitando estudios
de factibilidad a ingenieros hidráulicos. Todos los proyectos
de estos hacedores estaban muy bien fundamentados, y por eso es
que sus obras perduran hasta nuestros días. Creo que además
hoy falta un punto de encuentro entre intelectuales y gobernantes.
Pero soy muy optimista, porque Tucumán se caracteriza por
tener voces múltiples que enriquecen el debate, y a través
del consenso permiten ir encontrando las mejores soluciones para
nuestros problemas.
(Fuente: Contexto-La Gaceta- Tucumán, Argentina)
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| Postales
de la calle (9 de diciembre de 2005) Invasiones
y aventuras Por Andrew Graham-Yooll
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Andrew
Graham-Yooll
En
el Museo de la Ciudad de Londres hay una vitrina en la que
cuelga una espada ceremonial presentada por la Corporation
of London al Teniente General Sir (luego Vizconde) William
Carr Beresford por la toma de Buenos Aires en 1806. Para ellos
fue una aventura digna de celebrar, para nosotros una victoria
que hizo historia. La derrota no es percibida como tal y el
triunfo tiene muchas interpretaciones. Todo hecho histórico
puede ser visto de varias formas. |
Este año
se celebra el segundo centenario de la derrota de la primera invasión
inglesa, la Reconquista de Buenos Aires, y lo fascinante de aquellas
jornadas en la pequeña ciudad colonial es como influyeron en
los hechos a lo largo de las décadas y tienen presencia hasta
el día de hoy en las situaciones más notables. Esto
se refleja en la percepción del relato histórico y también
en las rivalidades más informales, como son las futbolísticas.
Así como Londres tiene ese recuerdo de una expedición
cuyo resultado se ha preferido olvidar, no es difícil aquí
hallar en San Telmo hoy, aún después haber pasado varias
aplanadoras inmobiliarias, las señas de esas invasiones. Y
más al sur, en Bernal, quedan aún huellas de lo que
fue el cuartel general del general John Whitelocke en 1807 en la quinta
de Santa Coloma. Bueno sería que algún funcionario de
gobierno se preocupe este año por notar y resaltar esos mojones
del pasado.
Importante también es que se siga reinterpretando a aquellas
invasiones que fueron, en su primera edición, una aventura
de enriquecimiento personal del comandante de la flota, Sir Home Riggs
Popham, y del general Beresford, y en la segunda versión, una
intentona imperial mal concebida. El libro de Carlos Roberts, "Las
invasiones inglesas al Río de la Plata" (1938), es la
obra fundamental para el conocimiento de la operación militar
invasora. Sin embargo hay otros escritos que deben ser considerados
esenciales, si bien algo olvidados, para entender el efecto de las
invasiones sobre la población de Buenos Aires y sobre el camino
a la emancipación. Son los ensayos del académico Ernesto
J. Fitte, "Los comerciantes ingleses en vísperas de la
revolución de Mayo" (1967), y también de lectura
obligada, "El precio de la libertad (la presión británica
en el proceso de emancipación)", 1965. El primero ofrece
una lectura deliciosa sobre el ambiente de inestabilidad pública
y agitación doméstica en la colonia y las conspiraciones
y manipuleos de los comerciantes "ingleses", especialmente
de su cabecilla, el escocés Alexander Mackinnon, un pícaro
operador (como solía llamarlo un querido historiador, el Padre
Guillermo Furlong S.J.) llegado a estas costas en 1807, antes corrido
de todos los territorios británicos por sus amoríos
tórridos y negocios turbios. Fue Mackinnon quien mantuvo la
presión sobre el virrey Cisneros hasta las vísperas
del 25 de mayo.
Es seguro que en este bicentenario lograremos una rica y divertida
revisión de aquellos hechos que tuvieron peso considerable
en la historia argentina. La
presentación de este libro se realizó en la librería
Cúspide, del Village Recoleta.
Ocupación y Reconquista 1806-1807.A 200 años de las
Invasiones Inglesas
Incluye el diario de viaje del Tte. Cnel. Lancelot Holland
por Andrew Graham-Yooll.
Ediciones Lumiere. Buenos Aires, abril de 2006. 144 P.
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El
bicentenario de las invasiones inglesas, cumpliéndose
el 12 de agosto los 200 años de la Reconquista de Buenos
Aires, es la oportunidad en la cual sale este nuevo libro de
Andrew Graham-Yooll, que a continuación comenta Rosendo
Fraga:
La obra es la conjunción de dos textos anteriores. Por
un lado, el capítulo sobre las invasiones inglesas a
la actual capital argentina, que integra el libro del autor
publicado anteriormente, Pequeñas Guerras Británicas
en América Latina, y el diario de viaje del Teniente
Coronel Lancelot Holland.
El hilo conductor de ambos textos es que permite conocer la
percepción británica sobre este decisivo episodio
de la vida nacional. |
Pienso que sin
las invasiones igualmente se hubiera producido la independencia de
España de la actual República Argentina, pero que el
proceso hubiera sido muy distinto. Es que las invasiones generaron
una gran autoestima de los porteños que habían logrado
derrotar sin ayuda de España a uno de los ejércitos
más poderosos del mundo y ello generó la voluntad política
de expandir el movimiento emancipador hacia el interior del país.
A eso se suma que las invasiones generaron un poder militar permanente
en Buenos Aires muy importante para la época, que le permitió
a los porteños tener el instrumento militar con el cual expandir
el movimiento de mayo de 1810. La realidad es que las fronteras del
país en el norte y este del territorio llegaron hasta donde
pudieron llegar los ejércitos.
Este libro ha revisado las fuentes británicas, periódicos,
objetivos y procesos judiciales sobre las invasiones, aportando desde
esta perspectiva una visión interesante y menos conocida en
nuestro país.
A su vez, el diario de Holland, además de aportar una visión
cotidiana de los hechos desde la perspectiva británica -donde
nuestros ejércitos en la segunda invasión aparecen mucho
más desordenados que en la historiografía argentina-
permite constatar cómo aún antes de conocerse la caída
de Buenos Aires, ya se estaban preparando otras expediciones británicas
hacia América del Sur.
El autor aporta en este libro su rigurosidad como historiador, la
amenidad de su pluma como periodista, pero también el amor
por sus dos patrias, Argentina y el Reino Unido.
El autor
Andrew Graham-Yooll nació en Buenos Aires en 1944. Periodista,
entre 1994 y 1998 fue director editorial y presidente del Directorio
del Buenos Aires Herald, diario al que ingresó en 1966. Reasumió
la dirección editorial en 2005.
En Inglaterra, donde vivió entre 1976 y 1994, trabajó
en los diarios The Daily Telegraph (conservador) y The Guardian (laborista),
y fue colaborador en diarios de Europa y Estados Unidos. Fue director
de la revista South, entre 1986 y 1989, y de Index on Censorship,
entre 1989 y 1993.
Tiene unos veinte libros publicados en Inglaterra, España,
Estados Unidos, Venezuela y Argentina. Entre ellos La colonia olvidada,
tres siglos de presencia británica en Argentina, y Memoria
del Miedo, una crónica personal de la última dictadura
militar argentina.
Traduce poesía, del inglés al castellano, y del castellano
al inglés, incluyendo una antología de poetas jóvenes
publicada en Inglaterra (Twenty Poets from Argentina, 2004), y una
antología de la poesía del dramaturgo inglés
Harold Pinter, editada en Buenos Aires (Guerra, 2006).
Tradujo al inglés también tres obras de la serie Teatro
x la identidad, de las Abuelas de Plaza de Mayo, que se publicaron
y representaron en Londres (2003).
Tiene cuatro hijos y tres nietos.
HISTORIA
OCUPACIÓN Y RECONQUISTA
A 200 años de las Invasiones Inglesas
Andrew Graham-Yooll
"El 12
de agosto de 1806 las derrotadas tropas británicas se rindieron
y desfilaron sin armas frente a los impresionados ojos de los habitantes
de Buenos Aires..."
¿Se trató de una gloriosa victoria militar sin precedentes
o el resultado lógico de una incursión improvisada?
¿El triunfo se logró ante la elite de una potencia
bélica o frente a un puñado de ambiciosos oficiales
británicos? ¿La Segunda Invasión fue el contraataque
de un imperio tocado en su orgullo o una expedición en busca
de la tentadora riqueza de estas tierras?
La Historia
suele ser escrita por los vencedores, pero aún para aquellos
que resultaron triunfantes, la visión retrospectiva sobre
una victoria puede tener interpretaciones dispares.
Andrew Graham
Yooll nos presenta un documento de incalculable valor histórico
y actual, indispensable para tomar real conciencia de los hechos
que engendraron en la población de Buenos Aires el germen
de la revolución eman-cipadora que sobrevino años
más tarde.
A doscientos
años de aquella primera expedición invasora, "Ocupación
y Reconquista" es un libro necesario y esclarecedor, que cambiará
en buena medida la visión sobre el conflicto, acercándonos
a su verdadera dimensión y consecuencias.
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EL
SEPULCRO DE COLÓN EN VALLADOLID
PorAlfonso Philippot Abeledo *


Iglesia de
la Antigua, Valladolid, España
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Monumento
a Colón en Valladolid, España
En el mes de Diciembre del pasado año se hicieron eco
las Agencias de un estudio del historiador D. Marcial Castro
Sánchez, quien ayudado por la profesora de Historia
del Arte, doña Maria Antonia Fernández del Hoyo,
decía haber localizado el primer enterramiento de Cristóbal
Colón en una capilla del Convento de San Francisco
de Valladolid.
El convento
en cuestión, desaparecido en 1836 tras la desamortización
de Mendizábal, ocupaba una superficie de 30.000 metros
cuadrados, y se hallaba en el eje de la calle Constitución,
abierta en 1843, y a unos 30 metros del acceso a la del Duque
de la Victoria. En ese lugar parece ser que estuvo la capilla
de Luís de la Cerda, III señor de Villora, fallecido
en 1469, y en ella permitió su viuda -doña Francisca
de Castañeda- que fuera enterrado el descubridor de
América.
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Hallazgo muy sorprendente
en opinión del referido historiador, dada la alcurnia de aquella
familia y su enigmática relación con el primer Almirante.
Pero doña Francisca, descendiente de Rui Páez de Soutomaior
(Justicia Mayor de Castilla), falleció el 14 de Febrero de
1503, dejando como herederos universales a sus nietos, los hermanos
Francisco de Zúñiga y Francisca de Castañeda,
hijos del matrimonio formado por Diego de Zúñiga y Juana
de la Cerda (1). Francisco
de Zúñiga y su hermana (primos de Pedro de Soutomaior
o Cristóbal Colón) se enredaron en un largo pleito,
a causa de la Palma y de la fortaleza de Alpizar que, curiosamente,
pasaron por venta a los hijos del Descubridor, en 1512:
"Escritura otorgada por el Almirante D. Diego Colón,
hijo de D. Cristóbal, ante Andrés Pérez, escribano
de Sevilla, el 27 de Noviembre de 1523, en la morada de la señora
Marquesa de Montemayor (los Marqueses de Montemayor eran los Silva
y Ribera, ramas colaterales de la Casa de Soutomaior), confirmando
la escritura de traspaso á favor de su hermano D. Fernando
Colón, otorgada en La Coruña en 17 de Mayo de 1520,
de 900.000 maravedís que Francisco del Alcázar (su
verdadero nombre era Francisco Maldonado de Saavedra), veinticuatro
de Sevilla, le debía y estaba obligado a pagarle de la venta
de la Villa de la Palma y fortaleza de Alpizar, con otra cuantía
de maravedís.- Notaría núm. 10 de la Ciudad
de Sevilla.- libro correspondiente al año 1523.- Archivo
General de Protocolos." Propiedades que, posteriormente, vendió
D. Fernando al conde de Belalcázar, D. Alonso de Soutomaior
(2), marido de doña Felipa de Portugal, sobrina del primer
duque de Veragua.
Así,
pues, y a la vista de sus relaciones familiares no debe extrañarnos
que los herederos de doña Francisca hubiesen autorizado -en
1506- el enterramiento de Colón en la capilla de su abuelo;
en cuyo convento debió ser inhumado, asimismo, Fernán
Eanes (padre biológico del susodiçho Pedro de Soutomaior),
que testó en Valladolid el 10 de Noviembre de 1440.
(*) Alfonso Abelado Philippot es autor del libro "La identidad
de Cristóbal Colón" (5ª edición).Vigo,
2005.
(1) "Historia Genealógica de la Casa de Haro".
Luis Salazar y Castro. Madrid, 1959.
(2) "Colección de Documentos inéditos".
Sevilla, 1892.
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¡Y
pensar que a Güemes lo mataron por 5.000 pesos! Por Andrés
Mendieta
Andrés
Mendieta "-
¡Escápate Martín, por la puerta falsa! -le dijo
su hermana Macacha,
siempre cautelosa e imaginativa. "- ¿Y la escolta?"
le observó Güemes
afectado en su honestidad y lealtad hacia sus gauchos. "- ¡No,
no puedo
yo huir abandonando la escolta; sería una cobardía!".
Y arrojándose
sobre el caballo inició una rápida carrera alcanzado
por su custodia.
Según la historiografía era ya como la medianoche;
noche tenebrosa y
fría de aquel aciago 7 de junio de 1821. Algunos vecinos
aseguraban que
habían escuchado un insólito ruido acompasado que,
sin lugar a dudas,
provenían de un grupo de personas que caminaban sigilosamente
rumbo a la
plaza principal. Ese ruido no era nada más ni nada menos
que el
producido por ojotas que calzaban los milicianos que habían
invadido la
ciudad al mando del coronel José María Valdez, más
conocido como
"Barbarucho", el Bárbaro. Valdez hasta antes de
defender la guerra se
dedicaba al comercio de las mulas y al contrabando, oficio que le
permitió conocer los múltiples senderos de la cordillera/*/.
/
Martín
Miguel de Güemes, gobernador de Salta y general en jefe del
Ejército Expedicionario al Perú (así designado
por San Martín en junta
de generales y reconocido por todas las provincias), desde esa funesta
noche en que fue herido de muerte su vida comenzó a arder
como una llama
votiva, agitada por el espíritu puro de la libertad y encendida
por el
amor ante la imagen de la patria. Patria y libertad, dos términos
inseparables como el fuego y la luz; como el heroísmo y la
gloria. De él
nos queda su hombría como reflejo incomprensible que todo
lo penetra y
lo santifica.
Contrariamente
a una vieja tradición oral creada perversamente por sus
adversarios políticos, en el sentido que nuestro héroe
se encontraba en
una residencia que no era la suya, está debidamente documentado
que en
aquella circunstancia se hallaba en la vivienda de su hermana Magdalena
"Macacha" Güemes de Tejada, ubicada al lado de su
casa-habitación y que
fuera oportunamente la sede de la Tesorería Real (del Yoncci
-hoy España
730-, solar donde funciona el Instituto Güemesiano de Salta).
Para no ser
alcanzado por los efectivos de Valdez tomó la calle de la
Amargura (Balcarce) y al llegar al Tagarete de Tineo (avenida Belgrano)
se encontró con una línea de fusileros del rey llegando
a enfrentarla en
medio de una granizada de proyectiles que llegaron a herirlo mortalmente
y a sí, regando con sangre almácigos de vida a una
nueva república
galopó hacia la Cañada del a Orqueta (o Horqueta)
acompañado por sus
Infernales y por el presbítero Francisco de Paula Fernández
-quién
asistió a Güemes hasta su muerte.
El "Barbarucho"
habiéndose enterado que Güemes había sido herido
designó
como gobernador interino de la provincia al coronel Tomás
Archondo
-reconocido enemigo y calumniador de Güemes- quien, entre otras
medidas,
dispuso hacer oficiar una misa en acción de gracias "por
la gloriosa
ocupación de la ciudad"; la iluminación por tres
días consecutivos de la
ciudad amenazando de muerte a los vecinos que no cumplieran con
el
mandato. Mientras tanto hacía su entrada triunfal el general
Olañeta.
Un principio
y un fin
Con este atentado
se concretaba una ansiada aspiración de quienes venían
trabajando bajo el nombre de Patria Nueva cuyo núcleo que
sin renunciar
a sus principios patrióticos estaban identificados con la
política
centralista de Buenos Aires e inconscientemente hiriendo por la
espalda
la empresa liberadora de San Martín y la pérdida definitiva
de las
provincias del Alto Perú (Bolivia), que habrían de
ser liberadas y
erigidas en Estado independiente por Bolívar y Sucre.
Las exigencias
de la guerra apremiaron a Güemes designar un gobernador
sustituto recayendo tal nominación en José Ignacio
Gorriti, elección que
contó con el voto favorable del Cabildo y, posteriormente,
en una sesión
extraordinaria el alto cuerpo tomó conocimiento los impedimentos
que
sufría Felipe Ibarra y el gobernador de Santiago del Estero,
Alejandro
Heredia, por parte del mandatario tucumano Bernabé Aráoz
para colaborar
con el Ejército de Observación que debía partir
hacia el Perú. Esta
ayuda consistía en dinero y materiales para al regimiento
de Güemes.
La campaña
contra el gobernador de Tucumán se hizo Insalvable cuando
éste arremetió a Santiago derrotando Ibarra a Aráoz
en las mismas
puertas de San Miguel. El sagaz gobernador tucumano aprovechó
una
circunstancial ausencia de Güemes para confundir a Heredia
en
negociaciones para batirlo en la sorpresa de Marlopa (3-4-21). El
inesperado descalabro precipitó la confabulación en
Salta, mientras el
jefe realista Pedro Antonio de Olañeta acometió de
nuevo, para
usufructuar los conflictos en el campo patriota. Pero una emboscada
espléndida de José Ignacio Gorriti aprisiona en Humahuaca
la avanzada de
Olañeta (30-4-21), forzándolo a retroceder hasta Mojos,
población
ubicada en el actual territorio de Bolivia.
Güemes,
en tanto, reconstituyó en Rosario de la Frontera su avanzada
bajo las órdenes del coronel Jorge Enrique Vidt (un ex oficial
napoleónico) para volver a maniobrar en las afueras de Tucumán.
Ante
este panorama Bernabé Aráoz dispuso que sus huestes
avance hacia el
valle de Lerma por la apartada ruta de Las Cuestas, en apoyo de
la
conspiración que trama la "clase decente" de Salta,
como se hacía
llamar. Los exiliados salteños, que eran muchos, continuaban
complotando
desde la capital tucumana hasta lograr que el Cabildo de Salta,
el 24 de
mayo de 1821, por abrumadora mayoría, destituyó a
Güemes, lo despojara
de la "ciudadanía" salteña y lo expulsara
de la provincia nombrando
gobernador a Saturnino Saravia y comandante de armas a Antonio Cornejo.
Güemes
al tomar conocimiento de este acto insurgente conocido después
como la "Revolución del Comercio" regresó
a Salta al frente de
veinticinco hombres de escolta y tras de arengar a los soldados
que
habían sido dispuestos para enfrentarlo estos, depusieron
sus armas para
ponerse nuevamente bajo las órdenes del prócer salteño.
En esta
circunstancia Güemes dijo: */"Por estar a vuestro lado
me odian los
decentes; por sacarles cuatro reales para que vosotros defendáis
su
propia libertad dando la vida por la Patria. Y os odian a vosotros,
porque, os ven resueltos a no ser más humillados y esclavizados
por
ellos. Todos somos libres, tenemos iguales derechos, como hijos
de la
misma Patria que hemos arrancado del yugo español. ¡Soldados
de la
Patria, ha llegado el momento de que seáis libres y de que
caigan para
siempre vuestros opresores!".
Después
de esto Güemes recuperó el poder
Según Luis Güemes en su "Güemes Documentado"
(12 tomos y alrededor de 6
mil páginas) dice: *"/La ciudad estaba prácticamente
desierta, pues
hasta los culpables de la revolución la habían evacuado,
huyendo.
Olañeta, después de la derrota sufrida por su vanguardia
al mando de
Marquiegui en Jujuy y prisión de éste, simuló
una retirada a sus
antiguos cuarteles de Tupiza a esperar noticias de los complotados
que,
aunque derrotados, no se consideraron vencidos. Así fue cuando
vieron el
momento propicio, enviaron un emisario para alertar al general realista,
el que despachó un destacamento al mando del coronel José
María Valdez
(a) "El Barbarucho", con misión de tomar a Güemes
por sorpresa, de
acuerdo a un plan premeditado"./*
En acto seguido
Luis Güemes expresa en el tomo 11, pág. 185, lo que
transcribo textualmente: "*/Don José Manuel García,
en uno de los
apuntes suyos, entregados personalmente al doctor Domingo Güemes
y que
obran en nuestro archivo, dice: "El cordobés Benítez
[Don Mariano] fue
quien trajo a Valdez para sorprender a Güemes, ganándose
5.000 pesos.
Valdez se iba ya en retirada con 4.000 hombres. En Tupiza lo alcanzó
Benítez. El comercio hizo suscripción para pagar los
5.000 pesos a
Benítez"/*y agrega: "*/El Barbarucho era español,
de buena estatura,
colorado, pecoso; se alojó la noche de la sorpresa a Güemes,
en la casa
de los Gurruchagas". /*
Ese fue el precio
para definir la vida de un hombre que nació rico para
morir pobre por entregar todo por la "gran nación americana".
En aquel
amanecer del 17 de junio de 1821 balbuceaban las bocas barbudas
de tus
gauchos: "*/El general, don Martín se muere/*",
"*/Se está muriendo/*
".
Y en los oscuros ojos de escapaban lágrimas como gotas de
rocío.
General: tú no lloraste pero sí sellaste las gargantas
de tus gauchos.
En este nuevo
aniversario del natalicio al Don Martín Miguel de Güemes
(8 de febrero), considerado por ley como "héroe nacional"
son muchos los
que olvidan de su pasión robusta por la patria grande, a
la que dedicó
sus desvelos y todos sus sacrificios. Sobradamente lo señala
en su
correspondencia, oficios y proclamas de los que transcribiré
sucintamente. "*/No quiero favores en perjuicio de mi país;
éste ha de
ser libre a pesar del mundo entero. Nada temo, porque he jurado
sostener
la independencia americana y sellarla con mi sangre/*"; */"
yo no puedo
prescindir del amor a la libertad/* */y del alivio que debo proporcionar
a los afligidos hermanos del Perú
"/*
A los doce días
de haber recibido la comunicación del general San
Martín, ya tenía dos mil hombres dispuesto a llevar
a cabo tan noble
proyecto" (1820); "*/Secuaces de los tiranos: vuestra
soberbia os
precipita. Advertid que las dieciocho provincias de esta América
del Sur
que sacuden la opresión, no las podrán ultrajar
/*"
(1815).
Sólo
nos queda en estos momentos que al país lo sacude una crisis
moral
tomemos de ejemplo a este grande de la nacionalidad para que ilumine
de
esperanza y futuro a todos los argentinos.
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