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“... La patria de un alma elevada es el universo”. Demócrito 
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Griselda Garcia Cuerva
Griselda García Cuerva

Los misterios de la noche

 

Por Griselda Garcia Cuerva*

La noche guarda muchos secretos
y esconde infinitos misterios,
en su seno sueñan los poetas
y los amantes se cobijan en ella.
La luna y las estrellas
muestran un sutil encanto,
son testigos de apasionados amores
y de algunas lágrimas de nostalgia.
El silencio acaricia los senderos,
el rocío los adorna con sus perlas,
los enamorados se abrazan
bajo la luz de un refulgente lucero.
El susurro de algunas aves
interrumpe la calma en el cielo,
una rara figura se dibuja
con el despliegue de sus alas.
La imponente belleza de la noche
abre las puertas de los corazones,
aparece un arco iris de sensaciones
y fluye la magia de los sentimientos.

*María Griselda García Cuerva nació en Dolores, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Es Maestra y profesora de inglés. Sus hobbies son la lectura, escritura y fotografía. Forma parte de la comisión directiva del Foto Club Dolores y trabaja dando clases particulares del idioma inglés.Comenzó a escribir siendo una adolescente pero la primera vez que dio a conocer algo de su autoría fue en 1999 cuando participó en un concurso de cartas de amor y obtuvo una mención de honor. Esto la incentivó para continuar escribiendo y participando en numerosos certámenes nacionales e internacionales logrando varios premios. Muchas de sus poesías integran antologías en Argentina, Estados Unidos, Canadá, Cuba y España. Todavía no ha concretado el sueño de publicar un libro pero está en sus planes hacerlo en el futuro.
Correo electrónico: mg_cuerva@yahoo.com.ar

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MANUEL J. CASTILLA

SE HAN CUMPLIDO 25 AÑOS DEL DECESO DEL POETA
MANUEL J. CASTILLA

 

 

Por Andrés Mendieta*

“Un día estaré muerto. Será un día cualquiera, uno de tantos. Y mi nombre en tu vida, poco a poco, será un eco lejano. Se acabará mi vida en una siesta de oro, lo presiento. Y seré como un fósforo apagado o ni siquiera eso. Retornaré a la tierra. Quedará en tus miradas mi recuerdo. Y a pesar del olvido que cubrirá mi nombre, sin quererlo, en una tarde azul, has de rezar mis versos. Un día esteré muerto, como tantos. Y mi nombre en tu vida, poco a poco será un eco lejano...” (Manuel J. Castilla,  “Un día estaré muerto”)

Apenas se conoció la noticia que en Salta, en el amanecer del 19 de julio de 1980, se había apagado la vida de Manuel J. Castilla  se entristecieron las letras en el mundo de la literatura argentinas y del extranjero. No era para menos. Castilla era un escritor con luz propia y un hombre de bien que nos dejaba como maravillosa síntesis de su numen creador, al par que nos transfería el ejemplo de su conducta, como esencia de una vida pródiga en actos generosos.

No se replegó jamás en su férrea voluntad de cultivar la belleza y la amistad, la pluma en mano, amigo fraterno de todas las horas, aún en día de su tránsito a la paz. Pero eso sí queremos recordarlo, peinándose con sus dedos su encrespada barba y su cabellera peinada al viento,  haciéndonos un guiño pícaro, eterno, con su mejor sonrisa y su mano tendida, siempre franca. Como si ufano de volatilizarse en una nueve de poesía de hechizo indefinible, nos dijera sutil, para conformarnos: “Doy una vuelta por el cosmos y vuelvo…”.

Y ha vuelto… no bien se ha ido.

“Soy su latido y soy su piedra y soy su sombra olvidadiza y pura”, palabras que le pertenecen al poeta Manuel “Jota” Castilla y a quien tributo el homenaje de hoy sobre quien supo hacer música con su poesía.

En esta ocasión he de retrotraer recuerdos de mi niñez hasta mi adolescencia y, después, cuando mi vida me gratificó con cohabitar por razones de trabajo con el vate la redacción del desaparecido diario “El Intransigente”.

“EL LÍRICO QUE MENOS MURIÓ AL MORIR”

Mucho me costó hilvanar las palabras para tributar mi homenaje al “Barba”.  ¡Oh…, sorpresa!, anotado en el Registro Civil, al igual que su acta bautismal como “Manuel José Castilla”. Así como me provocó algunos inconvenientes para esbozar los pensamientos que me brotaban del corazón para volcarlos al papel, algo semejante se me exteriorizó con relación al título que debía aplicar a esta nota.

Hice memoria, después de mucho vacilar, de una expresión del admirable poeta, novelista y ensayista francés Guillaume Apollinaire, el seudónimo de Wilhelm Apollinaire de Kostrowitsky (1880-1918). “Es el poeta que menos murió al morir”

Con el “Barba” Castilla me familiaricé cuando aún cuando mi madre me vestía con pantalones cortos para concurrir a “El Intransigente”, donde mi padre desempeñaba sus funciones periodísticas como subdirector -desde los veintidós años-, secundándolo a David Michel Torino. Fui creciendo y siempre admirando a este hombre bonachón que interrumpía su teclear en la negra “Rémington” para acariciarse su “chiva” y alzarse los mechones que le cubrían a un costado de su frente.

Han transcurrido  muchos años y su personalidad aún se mantiene fresca y vigente. La voz del poeta que se silenció en la madrugada del l9 de julio de 1980 es oída casi con la misma intensidad con que recitaba sus versos a sus  compañeros de la redacción del diario, en las ajadas trasnochadas tertulias con bohemios de aquella Salta de Antes, tales como Juan Carlos Dávalos, Pajita García Bes, Gustavo Leguizamón, el “cochero joven” César Perdiguero, “Coco” Botelli, Julio Díaz Villalba, el Guillermo “Ucururo” Villegas, José Ríos y Abel Mónico Saravia, entre otros,   o en las carpas de su Cerrillo natal.

El “Barba” hacía bizarría de su ingenio. Por los avatares políticos en cierta oportunidad el gobierno, a los efectos de silenciar la constante oposición que le hacía la publicación, dispuso el traslado de todos los periodistas y gráficos para prestar declaración ante el Congreso de la Nación al sentirse un legislador “tocado” por un artículo del diario. La censura no tuvo efecto a raíz que se contrataron linotipistas y armadores de otras provincias y el material periodístico era escrito por estudiantes, amigos y distinguidos profesionales.

Aquí aparece la chispa de Manuel. Parodiando a una canción de moda escribió lo siguiente:

“Adiós muchachos ya me voy para Devoto…/ frente a la cana, me silva el coto”.

Años después fue clausurado  “El Intransigente” y cambió el bullicio de las rotativas para dedicarse a vender choclos y zapallos frente a la plaza “9 de Julio”y a escasos metros del Cabildo Histórico, sitio que era rodeado por prestigiosos escritores del momento y de sus hijos que heredaron su veta literaria..

En 1956, “El Intransigente” vuelve a vocearse por las calles de Salta y el destino me lleva a ser compañero del “Barba” Castilla, junto a Raúl Aráoz Anzoátegui; Aristóbulo Wayar, Normando Wayar, Ervar Gallo Mendoza, Miguel Ángel Pérez, Oscar V. Oñativia y, mas tarde, de Tito Villalba, Walter Adet, Jacobo Regen, Víctor Abán., Benjamín Toro, Veniero Morandi, Justo Román Bravo y Luis Andolfi. Figuraban entre los colaboradores los hijos de “Don Sanca”: Jaime, Arturo, Por mi juventud era mimado por el poeta, autor de numerosas obras que lo hicieron acreedor de importantes premios. Entre los libros editados se puede mencionar, entre otros: “Agua de lluvia”, “La niebla y el árbol”, Copajira”, “La tierra de uno”, “Norte adentro”, “El cielo lejos”, “Bajo las lentas nubes”, “Cantos del gozante” y “Tres veranos”.

Al mediodía con un “vamos changuito”partíamos a comer picante de panza con algunos compañeros de la mesa de redacción al boliche de  “Balderrama”, siendo los únicos privilegiados entre los parroquianos -en su mayoría obreros y aurigas de coches de plaza-, de comer con improvisados manteles productos de  tiras de papel que extraíamos de las bobinas de nuestra fuente de trabajo.

Interpreto, con toda modestia, que expuse otra faceta de Manuel J. Castilla, propietario de una particular singladura literaria y muy poca conocida. 

Esta tierra es hermosa

Esta tierra es hermosa.
Crece sobre misa ojos como una
abierta claridad asombrada.
La nombro con las cosas que
voy amando y que me duelen:
montañas pensativas, lunas que
se alzan sobre el chaco
como una boca de horno de pan
recién prendido,
yuchanes de leyenda
en donde duermen indios y ríos
esplendentes,
gauchos envueltos en una
gruesa cáscara de silencio
y bejucos volcando su azulina
inocencia.
Todo eso quiero.
Y hablo de contrapuntos
encrespados
y de lo que ellos paran virilmente
sangrientos
cuando el vino en la muerte es
un adiós morado.
Esta tierra es hermosa.
Déjenme que la alabe
desbordado,
que la vaya cavando
de canto en canto turbio
y en semilla y semilla
demorado.
Ocurre que me pasa que la
pienso despacio
y que empieza a dolerme casi
como un recuerdo,
y sin embargo triste la festejo.
Mato los colibríes que la elogian
como quien apagara los pétalos
del aire,
hondeo como un niño ángeles y
campanas
y cuando así, dolido, la desnudo.
cuando así la lastimo,
me crece, ay, una lágrima en la
que apenas si me reconozco.
Digo que me la entrego.
Digo que si saber la voy amando,
y digo que me vaya perdonando
y en el perdón y en otro que le pido
digo que alegremente voy sangrando.

                                (Manuel J. Castilla)

 

*A n d r é s M e n d i e t a
andresmendieta@datafull.com
Telf.: +54 (387) 436 1412
Aldo Saravia 1363
Bº Los Pinos - Grand Bourg
4400 - Salta (República Argentina)

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Angela Teresa Grigera
Angela Teresa Grigera

HONRAME

 

Por Angela Teresa Grigera*

Enaltece mi cuerpo esta noche
purifícalo en tus brazos
elévalo hasta la cima
mistifícalo
mañana tal vez
vuelva a ser de barro
desidia de las horas muertas
sin el sublime soplo de lo divino

glorifica mi cuerpo esta noche
bajo el fuego de tus labios
déjalo flotar entre los sueños
escritos en los papiros de tu piel
mañana tal vez sea polvo
derramado por el viento
en los acantilados de la soledad

solo déjame reflejarme en tu cuerpo
espejo que robó mi imagen

agrigera@hotmail.com

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Marietta Cuesta Rodríguez

S E C R E T O S  DE  A G U A

 

 

Por Marietta Cuesta Rodríguez*

Quiero compartir contigo mis secretos de agua transparente,
abofeteada por los químicos, roja-nieve que cruje
entre mis venas
desierto que incendia mis heridas
y que quema mis plantas ahuecadas de caminos.

Quiero decirte a gritos que soy América Latina
la línea vertical de la esperanza
viajadora soñante al árbol del dolar y los euros
la planicie del trébol y la oveja,
cementerio de sueños.

Quiero contarte de los niños ambulantes en éter
y en olvido
del cisne blanco en un pantano de cementos,
de la mujer nocturna y del travesti
sarcasmo y carcajada de la pena.
De la pantalla donde se crucifican los valores
de los verdes-grafitis, de la niña violada
del aborto tirado a la basura.

Quiero decirte amor que los poetas
pintaremos los versos azules de los mares,
sembraremos metáforas de vino
en tus caderas ondulantes
y surgirás eterna, radiante promisora...

*Marietta Cuesta. Es oriunda de Cuenca, Colombia, donde reside actualmente. Este poema ganó el Segundo Premio en el Concurso Internacional Primeros Juegos Florales del Siglo XXI . Licenciada en Ciencias de la Educación; escritora multifacética, pintora, ceramista, creadora infatigable, autora de un sinnúmero de obras inéditas y publicaciones tanto en relato, teatro Infantil , creaciones para niños y para adultos que encierran un acendrado existencialismo, a la par que un profundo conocimiento de la interioridad del ser humano. Sus himnos, sus  obras publicadas y sus recitales han sido aplaudidos y reconocidos tanto por literatos como por el lector común, por su denuncia social y la expresión de amor y de ternura. Debe recordarse que Marietta Cuesta ha dictado Seminarios dedicados a niños, jóvenes y adultos en lo que se refiere a Literatura Infantil, así como Pintura dactilar. De la misma manera ha participado en eventos Internacionales en lo concerniente  a la cultura en general.El Dr. Leoncio Cordero Jaramillo, comentarista de “El Mercurio” ha escrito: “Hablar de Marietta Cuesta, es hablar de poesía, de pintura, de sensibilidad, porque esta escritora polifacética ha incursionado en diversos ámbitos del arte y la literatura ecuatoriana.”

Ganadora de Premios a nivel nacional e internacional, tiene en su haber más  de trescientos cuentos infantiles, poemas, pensamientos y adivinanzas para niños publicados en el Suplemento “La Pluma “ de Diario  El Tiempo  de Cuenca por 15 años consecutivos  (1980.95). Actualmente es Coordinadora Provincial de Cultura del Azuay; Coordinadora y Gestora Cultural de la Sociedad de Escritoras y Poetas del Ecuador- Sede Azuay e integrante de la Sociedad de Escritores Ecuatorianos con sede en Quito, Ecuador.

Cargos desempeñados: fue Coordinadora de Cultural Infantil en la Delegación de Cultura del Azuay 1985-86; Relacionadora Pública en la Dirección Provincial de Educación del Azuay 1986-88; Coordinadora General de la Dirección Provincial de Cultura del Azuay 1988-1992; Subdirectora Regional del Sinab en el Austro 1992 –1996; Promotora y Coordinadora Cultural Técnico-Docente  hasta  2002. Creó y fundó la Dirección Provincial de Cultura del Azuay (septiembre.1989 ); fue vocal de la Fundación Literaria  “La Palabra “ durante 7 años; Vicepresidenta Nacional de Escritora Contemporáneas del Ecuador en el periodo 2000-2001; Presidenta de la Asociación de Escritoras Contemporáneas del Azuay desde 1999 hasta 2002. En el periódo 2002-2004 fue Vicepresidenta Internacional de ASOLAPO.- Asociación Latinoamericana de Poetas y en 2004, Segunda Vicepresidenta Internacional de ASOLAPO

Desde el punto de vista social: es Coordinadora Provincial del Foro Permanente de la Mujer Ecuatoriana desde 1999 hasta la actualidad e integrante del Cabildo de Mujeres en el Cantón Cuenca con el Movimiento de Mujeres.

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Lucrecia Casemajor
Lucrecia Casemajor

ETERNIDAD

 

 

Por Lucrecia Casemajor

Se levanta la eternidad
en un pacto desconocido
llega con tu llegada
reluce en las armonías
se despeja y se desata
es estrella enamorada.

Revela en su misterio
nuestra historia
va abriéndose sin sus pieles
empapada del no tiempo
incierta
abandonada.

La eternidad cuenta tiempos
solo en abrazos y besos
y se va desgranando viva
en las almas que se encuentran
vaciando de aire los huesos
y asistiendo los silencios.

Lleva ropas alumbradas
de pies y manos que saben
vivir y seguir muriendo.

Cuando nuestro cuerpo insiste
en extasiarse por adentro
y suspendido en el aire
las dos bocas se estremecen
la eternidad estrena instante
y solamente acontece.

La eternidad nos espera
dormitando inútilmente
mientras dormimos desiertos
ansía que nos despierte
la sangre en río sediento
y sentir que en nuestro amor
ella misma se convierte.

En este amor que llevamos
traspasando cielo y tiempos
veremos que sus designios
son casi como el aliento
que está en la boca dormido
esperando en nuestros besos

lucas72@fibertel.com.ar                                                                                      arriba

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Ketty Alejandrina Lis
Ketty Alejandrina Lis

  Desde Rosario mi ciudad, a
  Buenos Aires

 

Por Ketty Alejandrina Lis*

Hay una ciudad. Su fondo y frente oscila
entre villas miserias
la miseria sin más a contramano
de mármoles
puertas y fachadas señoriales
con la gastada voz de un corazón mirándose en Europa.
Hay una ciudad. En realidad es una dama
que ha tomado siempre todo para sí
y duerme su dormir desde hace tanto tiempo
sobre el sillón de mimbre en su jardín de invierno
balada de glicinas en flor y yuyos frescos.
Hay una cabeza de Goliat en un país. Son ambos
un sueño inacabado que mezcla sin piedad
en la palabra interior a las provincias.
Irremediable centro de una irisada perla
aires buenos son
malos aires
Buenos Aires
que se ama con pasión
y se rechaza.

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Por qué temerle

Por qué temerle
hay algo de retorno en su mirada
una cierta piedad
quizá ese cansancio de recoger desde el principio de los tiempos
hojas que se asoman sin pausa
y con prisa
se sueltan de las ramas.

Ella viste de luz para fingir que huye
mientras paciente observa vagar las nueve lunas.
Su cuerpo inclina.
Azabache y acero. Vestal.
Sólo su lengua es seca
esconde el látigo
da paso
a la hora precisa en que el ritual
como un destello en las marismas
se aproxima.

Pareciera que abrazara con abrazos
en ligero declive de cristal.
¿Tanto así?
Sí y sobre la frente
muestra su diadema de múltiples espejos en enigma
y una máscara.

Irónica (en verdad un poco irrespetuosa)
sonríe al estallar la epifanía de la vida
cuando el amor en su inconsciente rueda
promete esa ilusión de ser eterno
y en vuelo de alegría los pájaros del mundo
una viejísima canción de cuna
cantan.

Pero la orilla de los ríos
distinta a la del mar es áspera
infatigable
la tierra apaga con idéntica bravura
el verde de las hojas
de brillo tan igual en la simpleza de los yuyos
y en las plantas.

¿Por qué creer que es triste
que su silencio a puro grito es semejante
al número infinito de batallas
libradas en en la intimidad del corazón del hombre
que su tarea sólo estriba
en recoger las vestimentas llegadas del espacio
donde el amor el dolor las esperanzas
los proyectos
el esfuerzo de caminar paso a paso al costado de los días
se vuelven hojarasca
humo
nada?

Ella sin decir nada nos advierte
¿acaso se puede decidir?
¿no finaliza todo a cada instante?
Entonces
a celebrar que la sazón es corta.

Ella viste de luz para fingir que huye.
Ella lleva una máscara.

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Nureyev

Resopla el mar
como caballo encabritado
girando
girando
salvajemente etéreo sobre las alas extendidas
quietas
de un águila en planeo.

Resopla el mar
en un tazón de metal
y bailas
delicadamente bailas
y saltas
majestuosamente saltas
mágico tártaro viajando a Irkutsk
todavía suspendido
en el líquido nirvana del vientre de tu madre
(¿sabrá el Transiberiano del niño aquel
nacido sobre el rodar cansino de sus ruedas
entre los bosques
y los humosos pantanos del Baikal?)

Caminando de Ufa a Leningrado
fue tu soberbio porte ahí
una bolsa de obstinación por equipaje
las puertas del Kirov de par en par abiertas.
Y fue en Londres
enamorado de sí Príncipe Albrecht
Basil volando enloquecido.
Y fue en París
donde los viejos ritos se columpiaron
en una trágica noche que anunciaba su final
(tiempo en espera
cerebro y corazón en una misma línea)
añorando el aire
el inconfundible olor de San Petersburgo
las neblinas heladas sobre el Neva.

Es tu postura transparente ahora. Pareciera
pura simplicidad
esa pura maravilla extraída del acero
las puntas de los pies hacia lo opuesto
ángulos agudos
ángulos rectos
todas las técnicas
el virtuosismo
todo el lirismo en la sola presencia.

¿Qué dios te coronó de dones?
¿Qué dios te abandonó
giró su rostro
arrebató la luz sagrada de tus piernas
abriendo las esclusas
que van hacia los cauces misteriosos
en el abismo infinito de las sombras?

Ninguna perfección sublime príncipe del mundo
ninguna
te era ajena.

Tus manos hablan
tus brazos hablan
hablan tus pies
y tu cuerpo
y nos dicen
—Miren
Los vientos soplan
y vienen desde el Este.
Toda la perfección de la belleza es posible.
El río salió de cauce
y no importa si ahora vago por las deshabitadas tierras.
Ya pasó
pero nada ha pasado.
La noche cedió su paso al día.
Yo
estoy aquí.

*Ketty Alejandrina Lis tiene publicados los poemarios “Imaginaciones”, “Cartas para Adriana”, y “Piedra Filosofal”. También un opúsculo sobre Mozart. Figura en distintas antologías y diccionarios nacionales e internacionales. Le han publicado plaquetas, poemas y artículos sobre poesía en diarios y revistas del país y del exterior. Le han traducido poemas al inglés, francés e italiano. Ha sido jurado en concursos de poesía. Es Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (S.A.D.E.) - Buenos Aires por “Cartas para Adriana”. Ha resultado finalista en la edición del premio literario que para el año 1994 organizó Casa de las Américas, Cuba, por su libro “Piedra Filosofal”. Ha sido distinguida por su labor cultural en la ciudad de Rosario con la plaqueta “Dr. Carlos J. Corbella” otorgada por la Fundación Héctor I. Astengo. Es co-fundadora de la Fundación Mozart y miembro del Consejo Directivo del Mozarteum Argentino - Filial Rosario. Es miembro del grupo “Lorenzo de Medicis” por la misma institución. Del Consejo Iberoamericano con sede en Lima, Perú ha recibido las siguientes distinciones: Doctor Honoris Causa, Magister en gestión educativa, Miembro Activo del Consejo y el Premio a la Excelencia Educativa por difundir poesía en Internet y su tarea social y cultural en el Mozarteum Argentino - Filial Rosario. Edita “Poéticas”
(http://www.poeticas.com.ar/). Su obra puede leerse en diversas revistas electrónicas.

Editora de Poéticas
http://www.poeticas.com.ar/
--
Editora de Antología de poesía argentina
http://antologiapoetica.com.ar/poesia/index.php3
--
La Página de Ketty Alejandrina Lis
http://www.citynet.com.ar/ketty/                                                                                    arriba

Libros

Ilona Selmeczi

Historia con fantasmas...

 

 

Por Ilona Selmeczi

Es el título del libro editado por www.dunken.com.ar por la célebre escritora Cora Cané, cuentista, poeta, novelista y periodista. Su primer edición, llamada “Espectros a la hora de jugar”, fue impresa por Elfrancotirador.  María Granata, que comenta sobre el libro, afirma que “lo inexplicable”va hacia la autora “en una suerte de arrebatamiento que el misterio hace, como obedeciendo a la necesidad de ubicar en una atmósfera indócil todo lo que es posible conocer y probar.”  Y prosigue: “la escritora se encomienda a la definida claridad de su testimonio, de su absoluta sinceridad, hasta el extremo de crear una antítesis plena, de oponer la condición estremecedora de lo inexplicable, a la verosimilitud contenida en su confesión...”
Cora Bertolé de Cané -una de las pocas mujeres que integran la Academia Nacional de Periodismo, recientemente ha festejado 48 años escribiendo día a día en el espacio de “Clarín Porteño” (que muchos recuerdan como “Notas al Amanecer”) en la contratapa del diario Clarín, un hecho que más allá de ser una hazaña de permanencia, sugiere un profundo compromiso con la palabra escrita.  Fue guionista en televisión y estuvo frente a cámara en programas periodísticos. Cora Cané es académica de número de la Academia Porteña del Lunfardo.  Entre las muchas personalidades a las cuales conoció, se destacan su propio marido, el poeta Luís Cané, Jorge Luís Borges, Alfonsina Storni, Quinquela Martín, Marcos Denevi y muchos otros, a los cuales recuerda con infinito afecto.
Una vida tan rica en experiencias y en tiempo dedicado a las letras sólo puede ser tierra fértil para una maravillosa pluma.  El 5 de agosto presentó su libro en la sede de la editorial, Ayacucho 357 de Buenos Aires, Argentina, con la afluencia de una enorme cantidad de público.  En ese ámbito, la escritora manifestó su agrado a tan cálida bienvenida y anunció – para asombro de todos – sus jóvenes próximos 82 años.

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Camila Méndez

                    Sin Sol

 

     Por Camila Méndez*

Esta ciudad dejó de ser la misma. El sol nos ha abandonado hace tiempo, sólo están sus resquicios. Ahora todo es blanco y pétreo.

En las tardes la brisa fría no le da permiso de hacerse eterno y permanecer. Nos vemos marchitos.

Ha ocurrido todo el año, he esperado con ansias el amanecer para verlo surgir y sentir otra vez que vive, que calienta, que quema fuerte, que lo rechazo y reniego de su existencia.

Quisiera buscarlo para dejarme asfixiar hasta el hastío. Pero ya no nos persigue.

Decidió irse. Se perdió en el viento. Es como cuando él está dormido. Se congela todo su cuerpo. No hay nada adentro.

Su luz ha salido para divagar en el sueño, pero no ha regresado más.

Quien sabe donde se quedó. Lejos.

 

*Camila Méndez Burgos nació en 1979 en la ciudad de Montería, Córdoba, Colombia. A los 6 años viajó a  Bogotá, donde la familia decide afincarse y donde actualmente reside. Al terminar sus estudios primarios y de secundaria, se inicia en el aprendizaje de la lengua inglesa y, en marzo del 2002, se gradúa en Comunicación Social y Periodismo en la Universidad Sergio Arboleda.
Antes de entrar a la Universidad, ya sentía gusto por escribir, que se dejó notar en más de una ocasión. Inicialmente eran poemas y canciones inspirados en temas como la soledad, la muerte y la búsqueda del amor, pero los estudios universitarios, sus actividades en el campo del periodismo y el gusto por la lectura la van introduciendo, poco a poco, en el campo de la narrativa.
En el año 2000, diseñó, elaboró y coordinó la Revista Literaria Azul, en donde figuran secciones de cuentos, poemas, reseñas de libros clásicos, escritores, noticias y todo lo relacionado con el mundo de las letras en la dirección www.revistaazul.tk.
Su afición por la redacción periodística se ha puesto muy pronto de manifiesto. Así, entre diciembre de ese mismo año y febrero de 2002, ejerció como corresponsal en Colombia para el portal de Internet http://www.qbueno.com, de Estados Unidos, con artículos sobre temas diversos (inmigración, comunidad, cine, arte y cultura, entre otros), dirigidos a los hispanos que residen en ese país. Ha colaborado también en el diario El Meridiano de Córdoba con columnas de opinión, el periódico 2074 de la Universidad Sergio Arboleda y la revista Credencial, y ha sido coordinadora de la Revista Aker.
Actualmente escribe para las revistas Libros & Letras, de cuya agencia de noticias culturales también forma parte. Trabaja como coordinadora de comunicaciones en Kumon Colombia.
Email: camebu5@hotmail.com

Fuente: GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación didáctica de difusión cultural. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2002-2005 EdiJambia &Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Bulevar Louis Pasteur, s/n. Campus de Teatinos. Universidad de Málaga. 29071 Málaga.

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Freda Hodar Nistal

EN CADA PUPILA

 

Por Freda Hodar Nistal

He de tomar esas manos
En las mías algún día,
Y abrazar con la mirada
Tus ojos calmos.


Desnuda hablará
La poesía,
Cálido diálogo,
Entregado por pensamientos
Vestidos con versos.


No habrá voces
Ni murmullos,
Sólo aquellas palabras
Escritas a la lumbre,
De la inspiración vertida
Por la imagen,
Retenida en cada pupila.
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Betriz Mátar

LA FURIA

 

Por Betriz Mátar*

A mi madre
      Carmen Nethe de Mátar
      A mi abuela
      Gertrude Hoffmann

              I

Un  mar de palabras en las que me sumerjo.
Saboreo la  tempestad de las vocales.  
Mastico los granos de sal de las consonantes.
Rumio la forma de caracol de algunas sílabas.
Digiero el fragor de los acentos.
Hilvano un mantel de sonidos. Desflecado en murmullos.
Almidonado de verbos. Tejido de adjetivos.
Abrazo. Beso en medio tono. Llanto. Estertor. Alarido.
Explosiones verbales. Vomito de letras.
Desesperación  de las frases sin puntos ni comas.
Tramas interminables de quejidos.
Carcajadas que descubren con impudicia los dientes,
la lengua, el paladar. 
Que desolación éste lenguaje.
Me cansa el sin sentido de los sinónimos.
Me enerva la ambivalencia pueril de las metáforas.
Mi idioma. Aquí está. Nunca libre de obsesivos soliloquios.
Siempre entregado a tu gentil capacidad de oírme
.

              II 

                                                              A Juan Cristóbal

Mago...
Quiero que saques de tu galera esa alegría antigua que me empujaba audaz a los abismos y me hacía gritar entre las sábanas.
Un pase de tus dedos...
Que se abra el corredor aquel con claraboyas.
Y que brote de golpe misteriosa la luz de ese Domingo. Mediodía.
Ruidos de platos apilándose. De tacos altos sobre los mosaicos.
La mesa del banquete  de mi tribu. Arcaica lluvia bíblica. Los Mátar.  Nacidos en Egipto, habitaron después en las arenas durante siglos para anclar en Sidón. Puerto del Líbano.
 Mi abuelo presidiendo. Viejo jeque con su bastón de ébano,
bebe licor de anís disuelto en agua.
Sirven mis cinco tías fuentes de peltre cargadas de perdices,
queso de cabra, berenjenas, sésamo, ajíes,  aceitunas rellenas, piñones, panes ácimos, cuajada, hojaldres miel y dátiles. 
Mi madre, la walkiria permanece sentada con los hombres,
la mano de mi padre en secreto rozándola.
Mago... dame zapatos de charol.
Voy a cruzar de un salto las dos calles que me llevan al patio de mi abuela alemana. Teje una araña su encaje mortal en los helechos.
Nieva como en Berlín tras las ventanas.
Juegos salvajes en el sótano.
En mi triciclo, feroz rinoceronte, voy al encuentro de lo que está prohibido y entro en la jungla de la desobediencia.
Dirijo en el cine de papel sórdidos cuentos. 
Encabezo la expedición pascual para atrapar la liebre que esconde  huevos de chocolate en las macetas.
Mago... te pido los veranos.
Las magnolias robadas antes del desayuno.
Me trepo a los nogales perseguida por imaginarias alimañas.
Finjo hundirme en la ciénaga. Mi caballo mordiéndome las botas.
Me hamaco sobre el lago. Voy a lo alto apenas amanece.
Abajo el chico pelirrojo que habla en francés, espía entre mis piernas.
Los cisnes nos vigilan, mudos bajo la niebla.
Una serpiente de coral cruza el camino estrecho en la montaña.
¡Ya mago, te lo ordeno¡
Quiero que saques de esa galera mi coraje. Quiero un conjuro.
Un truco que me arranque del ataúd de vidrio de las penas.
Dame el olvido. No quiero más mi nombre.
Quiero que en mí renazca esa alegría que perdí en el tiempo
y que me espera todavía intacta.

 

             III

Que éste dolor me parta en dos. Que arda la zarza.
Como a un fantoche de paja el fuego me devore.           
Para ser de agua o ceniza. De poca  cosa.
Pero que sepa volar.

 

              IV

Me asusto de las sombras.
Temo al crujir nocturno de la madera.
A los lobos que habitan en mi alma.
A los asesinos de las pequeñas cosas.
A los insectos de muchas patas.
A las muñecas rotas de porcelana.
A las multitudes.
A los motociclistas con sus cascos de guerra.
Que tu dulzura no me encarcele nunca.
Temo y me temo.
Temor a desangrarme y desangrarte.

 

              V

Hoy tengo el tamaño de una nuez.
Tiemblo porque estoy hecha de humo.
Por eso me desmayo en los rincones
Y me pongo a  bailar por cualquier cosa.
Hoy no soy de confiar.

 

             VI

Qué imprudente.
Puse mi corazón al servicio de un par de ojos
que se licuaban al mirarme.
Todo por una estatura de ciprés.
Por una piel que al rozarla me hacía crujir las muelas.
Epidérmica. Puramente carnal. Estúpida.
Me enamoré de lo que va a morir.

 

              VII

Camino por ahí. Tomo café. Fumo y escribo.
Me desnudo. Me aparto. Me enojo. Me sonrío.
Como cerezas. Me miro en el espejo. Maúllo con mi gata.
Suena música afuera. Pico cebollas.
Me cepillo  por dentro como si fueran a tomarme un examen.
Y finalmente lloro. Es un alivio que tenga lágrimas.
Que caigan sobre este día estéril.
Quizás germine algo.

 

              VIII

Quiero ofrecerte un trato de hechicera.
Digo abracadabra y hago que la casa entera huela a salvia.
Encarno cada tarde en un disfraz distinto.
Musito amor con mi vocabulario más extenso.
Tapizo mis huecos de satén. Me pongo blanca al sol.
Te miro y mis pupilas ruedan agitadas como perlas sobre un mosaico. A cambio, te necesito complementario. Opuesto. Amistoso. Perdurable. Sin trampas ni hostilidades inútiles.
Listo para entregarte. Dispuesto a recibirme sin demoras.
Es honesto advertirte que tengo un mal defecto. Pienso sola.
Sin que nadie me haya ayudado nunca.
Sin más, te espero, amándome.
No hay posdatas ni firmas.

 

                IX

Será esperanza. O no aguanto el vacío. Como quieras.
No me hace falta que tengas apellido.
Tampoco nariz ni sombra ni voz que te distinga.
Digo  para que lo repita el eco del valle de mi infancia.
- Estoy aquí. Te espero. Son las seis-
Maldición. Ya te extraño. Oscurece temprano y apenas puedo verte.
Hace tanto. Es preciso  que vengas.
Sin equipaje, quejas ni huellas. Desnudo.
No te conozco. No compartí un momento. No te hice el desayuno. 
No caminamos de la mano por ningún parque.
Sin embargo no quisiera morirme sin tocarte.
Tengo todo dispuesto. El té y la loza. Mi  traje negro.
Perfume detrás de mis orejas. Las sábanas floreadas y la canción que en el disco de pasta me cantaba:
“You are always in my heart, even though you are far away...”
Adonde estás. Porqué perder el tiempo. Es sábado.
Compartamos el ocio, el furor, el silencio.
Sí, hubo muchos y qué. Es como si  te esperara desde siempre.
Tengo la entrega en la mano y quiero dártela.

 

                 X

Eras el fin de la infancia marinero. El puerto.
El difícil idioma de mis abuelos. La primera caricia de la muerte.
El gélido beso de aquel mar hostil, devorándote.
Mi primera memoria del dolor, aquella voz anónima en la radio anunciando el naufragio.
Mis gritos marinero tan intactos en esos, mis eternos quince años.
Toda hecha de altura tu rubia intensidad.
Tus pupilas de ónix soldándose en las mías.  Ich liebedich.
Una naranja compartida en la estación de tren.
Bailar cuerpo en tu cuerpo.  Áspero tu uniforme.
Ácido el sabor de tus botones con anclas.
Wilkomenn und aufiedersen. El horror  junto al éxtasis.
Todavía  te espero marinero.
La fragata fantasma parte una vez y otra vez.
Unico al que elegí. Hermoso mío.
Duerman tus níveos huesos en su cama de algas.
Haz que tu último sueño  me vuelva inmortal.

 

                 XI

Ah tus orejas de mazapán.  Ese tu hocico. Ámbar  tus ojos.
Tus uñas tiernos estiletes. Piel de jazmín plumífero.
Colchón de raso tus dedos. Hada mala de largos bigotes.
Hija menor de tigres y panteras. Salvaje sobre el cristal de nuestra mesa. Instinto trepado en la ventana.
Las palomas que pasan te hacen muecas. Envidian tu larga cola.
Lenguita de agujas. Pupilas que titilan en mis noches.
Vientre de remolino. Destino de acróbata sujeto por este amor.
Voz de ánima mimosa. De clarinete ahogado.
Sinfónicos tus maullados reclamos. Andar de hirviente leche.
Oficio de vigía  guardando el territorio. Blanca. Azúcar. Azucena. Planeta. Hermana mía. Gata. Mi Dalila.

 

                 XIII
                                                            A Carlos Gorriarena 

Pinto con amarillo porque chilla como un alerta fugaz.
Rojo porque despierta a las sirenas.
Violeta por las llagas que aún perduran.
Blanco porque su laxitud me llama.
Negro por este insomnio sin fin.
Gatos, caballos, plenilunios que se eclipsan sobre imposibles edificios. Mi cara que no es mía al pintarla.
Un universo ilógico que no existía antes de mí.
Me mancho la  nariz, las uñas, la ropa y las sandalias
Desnuda de todo pensamiento me acoplo en el vacío de la tela.
Sin creencias. Sin motivo. Sin memoria de mí. Porque me da la gana.  Pintando mi rebeldía vuelve y me acompaña y mueve mis pinceles.
Sin orgullo. Sin cansancio. Sin tregua.
Regalo lo que pinto a quien lo quiera. Lo suelto para que caiga por ahí. Siembro pintura. Y entrego la cosecha

 

                 XIII

Los músicos, esos maniáticos que le arrancan sonidos a las cosas.
Los pintores, que malgastan sin piedad curvas y rectas.
Los actores que hablan con el lenguaje de los otros.
Los bailarines que traicionan la ley de gravedad.  
Los poetas que andan por ahí desparramando puntos y comas.
Todos ellos mentirosos. Dementes. Procaces. Mendicantes sarnosos. Debieran confinarlos lejos de las ciudades.
Colgarles una campana al cuello para que las gentes sensatas los oigan venir y se coloquen a prudencial distancia 
Propongo que los señores funcionarios expertos en casi todo,
(Trajes de alpaca y corbatas con sanguijuelas lilas)
Figuren en las tapas de las revistas. En los diarios.
En los cocktails comiendo langostinos con visitantes extranjeros.
Practicando conversación en múltiples idiomas.
En las tertulias  jugando al rango con los poderosos.
Nuevos habitantes del Olimpo saben como extirpar el mal.
Manteniendo eso sí, algunos ejemplares seleccionados entre sus amistades y parientes, para que con sus lenguas lustren el cuero Italiano de sus zapatos y favorezcan la digestión con sus salidas algunas veces felices.
Esos artistas útiles pueden permanecer de pie en las antesalas.
Candelabros vivientes sosteniendo inacabables velas.
Acostados delante de las puertas para  cumplir tareas de felpudo.
A cambio recibirán moderados elogios. Aplausos distraídos.
Y las sobras que caigan de los manteles por accidente.
Es conveniente que los gobernantes los muestren en sus viajes.
Animales domésticos exóticos.
Y si algún insurrecto disfrazado se filtra por el error  de alguna secretaria distraída, es adecuado ejecutarlo.
Muertos suelen multiplicar su valor. Son útiles habitando museos. Dándole nombre a las calles de los suburbios.
Como atracción turística en viejos cementerios.
Como ejemplo en los libros de lectura de los infantes o figurando en los aburridos textos de los historia                     

 

                  XIV 
                                                                  A Sabrina Deitel                                              
           
Ellas. Vestidos estampados con margaritas. Peinados pulcros.
Crucifican reputaciones moviendo sus lenguas de hiel mientras sacuden la bolsa de las compras
Atraviesan las puertas.
Hurgan en los secretos escondidos en las mesas de luz.
Se parapetan en los cabezales de las camas ajenas.
Se proclaman soberanas y amantes de porteros, electricistas, albañiles, plomeros...
En el crepúsculo se persignan. Se pasean como perros de presa. Cocinan inclinadas sobre cacerolas y calderos sus guisos impregnados de aburrimiento.
Cada podrido día se estremece con su terremoto de calumnias.
Vuelan con sus enceradoras sobre las terrazas hirvientes.
Ellas. Las modernas Erinias.

 

                 XV

Ese patio con el paisaje torpemente pintado suda sopa de lentejas.
Que asco la tortuga en el cantero asomando su cabeza de medusa.
El esquelético árbol de estrellas federales que al cortarlas manan semen por el cabo.
El vapor del incienso flota de la capilla a mi nariz.
Veo a las monjas cruzando los pasillos.
Arrastran sus cuerpos envueltos en trapos negros.
Esconden la cera hirviente de su carne. 
Soy yo la del rincón. Con el jumper azul tableado a media pierna.
La blusa de cuello redondo. La chica de las trenzas.
Purgando mi arrogancia presa de los castigos.
Detrás de mis maldades ingenuas se gestan  sueños.
Mosca molesta que encerrada golpéa la aparente fragilidad del vidrio.
-¡Fue Mátar. La salvaje¡-. Así me definía Sor Trinidad portera.
-¡Salvaje¡- Repetía la hermana celadora a falta de agravios propios.
Soy el Arcángel Gabriel con alas de cartón en los días festivos.
Un dudoso San Juan en el cuadro vivo de la última cena.
Sin aura de oro ni santidad recito los pasajes de la Biblia.
Soy el heraldo del mal y la pastora. Mártir. Aurora boreal. Una gitana. La misma. Otras. Innumerables otras.
Trepada en la tarima, lectora de los textos sagrados en el almuerzo. Desafino en el órgano Aves Marías en las misas solemnes.
Fabuladora. Inquieta. Creadora de juegos, todos pecaminosos.
Hereje masticando libros prohibidos.
Escribiendo poemas en los zócalos.
Negándome a bordar punto vainilla.
Monstruo de ojos rasgados. Criatura de boca  licenciosa.
Pómulos altos y cabello fino. Heredera genética de húsares.
La que  no baja nunca la mirada. La que antes de rendirse se suicida. Esa que fui. Y que está.
Soy un volcán que finge una extinción definitiva.
Vuelvo desde la egrégora sombría del convento.
Que sigo castigada. En el rincón.
Dando la espalda a todo. Mordiéndome a sí misma.
En ese mismo patio con el paisaje torpemente pintado...

 

                 XVI
                                                                     A Luis Andrés

Andaba la jauría en autos verdes agazapada esperando la hora de atragantarse con nuestros huesos que el alba descarnaba.
Apocalipsis cayendo sobre nosotros y tu camisa partida en dos.
Era Octubre y Gail Costa ronroneaba en portugués.
Llovía en la ribera. Esos quejidos tuyos. Esos te amo, te amo.
Comiendo solo besos. Ocultos en hoteles baratos.
Cuartos de paredes precarias oliendo a insecticida y a jarabe.
Paredes tan delgadas que  vibran con los secretos de los otros.
Tu carne, ese glaciar fosforeciendo sobre el colchón alquilado.
Cayendo interminable en los espejos de los techos. 
Huíamos de la muerte por senderos marcados con saliva.
Aquella esquina cercana al puente. Te veía venir hacia mí.
Un Apolo con traje de empleado bancario que al desvestirte
crujía como el papel metálico que  envuelve caramelos.
Viajeros clandestinos en la disolución de los orgasmos.
Afuera las sirenas aullaban anunciando el terror.
Adentro nos fundíamos. Una sustancia única.
Afuera la sangre marcaba los portales.
Los guerreros macabros con lentes  de turista y uniformes de gala, arrastraban cadáveres que nunca tendrían tumbas.
Adentro, dos amantes. La masacre no pudo interrumpirnos

 

                 XVI
                                              A Carlos Sommigliana

Este país me ha sido ajeno. En él, nada me pertenece. 
Una extranjera que nunca tuvo procedencia. 
Descreída de héroes que se congelan en las plazas.
Solo el tango me une como un cordón umbilical a la ciudad en la que vivo sin habitarla del todo. Esa música de putas polacas y  francesas. De gauchos desheredados y borrachos.
De niños bien protegidos por matones sin sueldo.
De traiciones que el facón paga con duelos banales.
El resto se reduce a ciertos rincones íntimos.
No puedo cantarle alabanzas.
Un desamor nos une y me atrapa a su geografía desolada.
Mujeres con sus pañuelos blancos, giran y giran.
Preñadas in eternum de hijos muertos.
Mendigos que día a día se multiplican como panes y peces bíblicos. Veredas rotas  en las que la rabia florece como único tributo. Magnates que levantan imperios tramposos.
Glorificando la estupidez. Lamiendo el poder como una golosina.
Este país que no celebra. No agradece. No aprende.
Cae y vuelve a caer y nos arrastra con él  en su caída.
Este país de mares robados, de cordilleras que propician catástrofes.
De arboledas en perpetuos incendios. De cataratas exhaustas.
De campos donde los trigales se pudren con el diluvio.
De hombres que cabalgan atados a sus potros mancados.
De niños apestados con bellos ojos en los aúlla la miseria.
Siempre ha sido de otros. Por otros me sacrifica en las esquinas.
Me entierra entre expedientes. Me acribilla de olvido.
Necia de mí que todavía lo sueño en raras recurrentes pesadillas 

 

                 XVII

Maldito seas porque secaste mi alma y me dejaste agonizar sola.
Me alimentaste con maltrato. Me regalaste tanto insomnio.
Te adornaste con mis heridas. Cultivaste mi asco a la pasión.
No hubo fruto alguno  de ésta cópula. Sólo engendró violencia.
Maldita mi debilidad que te erigió refugio.
Creí que era la única destinataria de tu infierno.
Repetiste con otra los mismos golpes. 
Ya no te temo. Me burlo de tu pueril aristocracia. 
Maldita sea yo por maldecirte.
Bienaventurada por huir de tu reino sin volver la cabeza.
Por esgrimir mi pobreza como puñal.
Me perdono por fin y te perdono. No nos amamos nunca.
Se me cansó el rencor y puedo verte. Esclavizado por mí lujuria.
Débil. Apariencias y esperma.
(Que aburrimiento escuchar las mismas frases de queja sobre las mismas malas noticias de los diarios cada fría mañana)

 

                  XVIII

Quiero rasgar mis camisas de seda, lapidar la falsa severidad del terciopelo, enterrar seductoras transparencias.
Quemar el raso que se adhería como aceite a éste, mi cuerpo.
Quiero fundir aros, anillos, pulseras y collares.
Fuegos fatuos que entorpecen mi inclinación de equilibrista en las alturas y me encadenan a una existencia quieta.
Regalar los botines con cordones que evitan que me arroje en brazos de algún hombre que pasa dispuesto a sostenerme.
Haré trizas los frascos que guardan hechizos extinguidos.
Las cremas que mienten al prometer eternas perfecciones.
Arrojaré los lápices de labios que lacran los verdaderos besos.
No quiero cargar sobre los hombros un destino de bolsos repletos de cepillos, limas, apósitos, paraguas. Son tesoros inútiles.
Dono a quien solicite mentiras que cuelgan de mis perchas.
Trofeos de batallas mal perdidas frente a la franqueza del espejo

 

                  XIX

Sí. Te pido que me escribas.
Que lo hagas bajo la indescriptible luz de tu paisaje.
Méceme como a un niño en el relato de tu lejana Colombia.
Que me cuentes de ese temblor nocturno de la selva.
De esos frutos de mil patas que flotan en el fragor del mar.
Boas de jade. Monos de café. Papagayos hechos de pimientos.
Que me vuelques tu patria en la lengua.
Dame tu tierra muchas veces para que viaje allí mientras me duermo.
Cuando estés solo en tu cuarto voy a entrar.
Puedo escurrirme desde los renglones de mis cartas a tu mesa.
Tomar tu taza de café. Encender tu cigarro.
Regalarme la añoranza de lo que no conozco.
Construir tus mentiras con esas ruinas  milenarias por las que vas paseando cada día y cegarme con arena para no verlas. 
Quiero engañarme sola.
Por favor, en el dorso del sobre con letras bien grandes que diga:
“Cartagena de Indias”.
Ese nombre como un vino espumante subirá a mi cabeza llenándome del verde de menta que destila para llevarme en su abrazo de puro trópico a tu casa en penumbras. Es raro enamorarse del sitio en que un hombre vive y no del hombre.

 

                  XX

“Delicada. Deja caer el kimono” me dijiste moreno de hablar espeso. De tú y de sabes. Era tu voz tequila. Y cantaban en ella los mariachis. “México ponlo con equis” me dijiste.
Era tu torso un muro. Tu sexo un cetro de cacique.
Tu saliva Mescal. Tu cintura una amarra en la que quise anclarme. Que falta de vergüenza la mía, perderme por un macho cabrío al que doblo en edad, solo porque  su tacto vuelve líquida la trémula hendidura que él  atraviesa con su lanza ritual.
Mejicano no me intentes domar. Lo haré yo sola.
Me postrare lamiendo la gastada madera de tu piso.
De un puntapié apartaré la prudencia que me dieron los años.
Ya no seré sensata en tu presencia. Naciste para volverme loca.
Por la cobriza talla de tus muslos. Por el olor a fiera de tu aliento. Serás como un temblor de esos que con frecuencia,
sacuden los cimientos en tu México.

 

                  XXI

Miren como la doña arroja por la borda dignidad y pudores.
Anda en celo escapándole a la parca.
La boca embetunada de bermellón. El escote entreabierto.
Joyas falsas poniéndole maracas al ondular procaz de las caderas.
Como se agita. Como trajina por verse restaurada como una nave hundida en un naufragio y que el tiempo oxidó.
Renuncia fácil. Olvida promesas de castidad. Se pierde.
Tropieza miles de veces con idénticas piedras.
La señora desciende de ese púlpito que construyó ella misma.
Grita esa calentura que tanto escandaliza a los vecinos.
Todo por ese negro indígena. Una dama no se abandona así.
Puro capricho. No le ira bien. Yo sé lo que les digo.
Y lo peor de todo es que lo sabe. Y no le importa nada. No le importa.

 

                  XXII

Enredada otra vez en mi costado umbrío, materia pura.
Me deslizo hacia un obsceno pozo, donde me espera el hambre.
Fiebre la tuya que rápido contagia.
Maleficio de miembros y de plasma que recuerdo de pronto en la caída mientras me ensarto en ese arpón de tripas.
Emperador de los sentidos me demanda.
Anfibio  enredado en mis íntimos líquidos me absorbe por entero.
Me tiene, no me tiene. Lo deshojo.
Jardín de las delicias y el infierno en un único lienzo.
Mi amante inexistente. Mi enemigo

 

                  XXIII

Inclinada sobre el balcón de tu iris, te miro el alma.
Esa delgada mancha de diamante que dejaste caer por mi garganta. Acurrucado estás. Como ese faro que extiende su tamaño a la distancia  para enviarme señales protectoras.
Capa tras capa cae tu rígido uniforme de emperador.
Solo el recinto limpio de tu alma veo, espejada en la mía.

 

                  XXIV

Es cierto. Fui de arcilla.
Con ella modelaste una reina abrumada por su falsa corona.
Me doctoré de víctima y esclava hostil.
Cociné la venganza con el pan.
Te gasté en los fogueos de la carne.
Me denigré asociada a tu violencia.
Me enaltecí empujada por tus ganas.
Parí los hijos que no acunaste nunca.
Envejecí muy pronto.
Otras ocuparon mi lugar en tu cama. El olvido se cobró mi venganza.
No te engañe mi calma.
Oculta, hay una loba que morderá tu soberbia hasta agotarla.
Un tornado dispuesto a empujarte hacia ese precipicio interminable en el que acaban tus buenas intenciones.
Sola frente a la luna, recibí mi diploma de hechicera.
Aprendí malas artes. Mi habilidad alquímica te preparó un veneno con sabor a ginebra. Ya es tiempo que lo bebas.

 

                   XXV

Pasa aquella mujer tan erguida con su vestido nuevo.
Veloz. Los pechos escapando del escote.
Pasa y no pisa el suelo. Su cabellera alada la sostiene.
Piel oscura. Sin  saber cómo llena todo de gracia.
En su brazo, un cardenal morado.
Un golpe que pretende esconder bajo la trama leve de su chal.
Marca de pertenencia indiscutible a un dueño.
Él, que castiga su vocación de hermosa.
Ser hembra. Un pecado que no tiene remedio.

 

                  XXVI

A nadie enseño mi mejilla izquierda que la fiebre desforma y redondea, ni este absurdo dolor que en una muela, muestra a mi alma infectada.
Estoy con vértigo tenaz inclinada al suicidio.
Miro con ojos tiernos a las llaves de gas. A los somníferos.
Saboreo el abrazo de un cuchillo.
Quiero quemar mis huesos. Romper mi piel hasta que nada duela.
Pero de pronto en medio de la nada, un furor por amar brota inocente.
Danza la vida en medio de la muerte.

 

                  XXVII

Sobre este mapa leo tus islas en medio del Pacífico.
Desde allí te trajeron vecina de pupitre.
Los párpados oblicuos. Aceituna la tez.
La manito derecha inválida bajo la blusa azul del uniforme.
-Es Isabel Opisso - dijo la Madre Hortensia- Llegó ayer de Manila.-
Los sábados jugábamos al Majong de rodillas en tu jardín.
Flotaban  las confidencias por las calles de Hurlingham.
Ninfas de pechos que apenas brotan cuando llegó la hiel de tu partida. Más de cuarenta años pasaron. La planchada se retiró del muelle.
El barco dejó una huella de aceite sobre el río.
Se ha rasgado la tela del chal bordado que me diste.
No huelen más a sándalo esas cajitas chinas.
Se perdió la sombrilla de papel.
He olvidado los cuentos de tu país plural. Las Filipinas.
Filigrana de ausencias mi Isabel. Ya ni siquiera sé si estarás viva.

 

                  XXVIII

Sé que si muero nada se perderá.
Sin embargo padezco, delibero, me peino.
Da risa ver tanto trabajo inútil.
Tanto insistir en levantar imperios, fingiendo que van a durar siempre. Que niñez tan monótona. Sin inocencia. Repleta de costumbre.
Insisto en aferrarme al argumento de que vale la pena.
Para qué todo, digo.
Mientras mastico, leo, finjo ser seria.
Apunto mis deberes en el viento como si no supiera.
Mi único futuro no es visible a mis ojos terrestres.

 

                 XXIX

Pájaro por escribir usando los mil matices de mi alma.
Gorila por divertirlos gratis.
Tigre por comerme el vacío del papel.
Serpiente por abrazar mortalmente al pensamiento.
Colibrí, por posarme un instante en la dulzura.
Aguila por pretender alturas.
Pez por sumergirme en llanto.
Hiena por devorar los restos de los otros.
Elefante, por hacerme la grande.
Paloma por residir en las molduras de las torres.
Leona, por la ira que estremece a los que duermen.
Araña, por tejer letra por letra.
Mosca, por ser molesta.
Mariposa por nacer fea y mejorar después.
Gacela, por corregir con suavidad.
Lobo, por insaciable buscadora.
Poeta, para nada. Para nada poeta. Para nada.

 

                 XXX
                                                            A Natalia Solari            

Una asamblea de críticos debate reunida en el anfiteatro de mi mente. Señores de barba y frac, me envuelven en censura y elogios.
Los consulto como a un oráculo. Adhiero a sus respetables opiniones. Pero a veces, exhaustos de tan largas sesiones en las que se discute mi expulsión, se callan adormecidos en sus sillas.
Entonces, digo vinagre o casa y el eco me devuelve un milagro.
Mi lápiz escribe por sí mismo. El Absoluto cae sobre la hoja.

 

                  XXXI

Edifico un esqueleto intacto. Pierdo mi forma.
Renuncio a cada instante. Perdono traiciones recurrentes.
Arranco la corteza del rencor. Abro la palma de mi mano de niña.
Oigo el sonar del níquel cuando cae.
Vomito el veneno sabroso que recibí. Me olvido.
Limpia de toda espera se arma mi soledad.
Como una balsa  me llevará hacia ignotos universos.
No me llamen. No estoy. No estaré nunca.
Rompí la red en la que fui atrapada.
No canten para atraerme a sus océanos. La guerra terminó.
Perdí mis reinos. Otras ocuparán los cargos que dejé.
Yo, la creyente que sacralizó los miedos, he dicho basta al fin.
Basta por hoy. Por siempre. Basta.

 

                 XXXII
                                                                   A Laura
No me creas si te digo: -Soy una-
Soy fragmentos que el menor viento mueve.
No soy tan fuerte. Tan hermosa. Ni siquiera tan fea.
No estoy exenta de crímenes chiquitos.
De robos microscópicos. Pensamientos como navajas oxidadas.
Si me resisto a entrar en mi maleza trepada a un falso altar.
Si  me arrodillo ante mi imagen adorándome.
Si no alineo mis tropas para la guerra interna.
Si me regalo vicios y virtudes como si fueran dulces envueltos en celofán o si supongo que amé dándome por entero.
Si digo que merezco otra vida. Si me quejo, me estanco me fascino. Vendrá la muerte con su traje de espejos.
Levantará mi velo de ilusiones. Arrancará mi gloria de un solo golpe. La muerte nunca paga de más. Sé como ella

 

                  XXXIII

Tucán del ojo granate que tras los  barrotes de su cárcel me hace gracias contestando dulzuras que las yemas de mis dedos dibujan golpeando contra el vidrio.
Prodigo de pico, evocador de selvas en las que no nació.
Él, que soñó con un destino de ave de corto e intenso vuelo.
Qué dueño indiferente pagará el estallido de tus plumas.
Vas a extrañar entonces, en tu jaula de oro, estas cosas chiquitas que te cuentan mis manos.
Mi tucán enjoyado en granate y cobalto, yo te elijo entre todos los lujos que esta ciudad ofrece.
Malgastando como yo tu vocación de arco iris.
Preso en la suciedad de una vidriera.
Algún mercachifle puso en venta nuestra orgullosa esencia.
Criaturas pares en la agonía del anhelo. Nos amamos.

 

                  XXXIV

Ella no sabe. Anda a ciegas. Pero va.
Cómo era cada día despertarse y que el mundo estuviera entero.
Tener un nombre que sonara liviano en la boca de alguien.
Pertenecer al gato, a la fiebre, a la sopa, al polvo acumulado en los estantes, a los libros de tapas rotas.
Qué cansancio da andar en el vacío.
Inclinada aparta las piedras. Una puntada le mastica la espalda.
Hace de cuenta una vez más que acaba de nacer.
El recuerdo le grita y golpea a su puerta a cualquier hora.
No es posible decirle - No quiero verte -   
Trae su canasto de imágenes. Se obstina en regalárselas. 
Ella insiste en seguir aunque la derrota la seduce.
Quizás el tiempo no sea tan sólido.
Puede que se abra como una puerta secreta.
Ella no es buena en el oficio éste de soportar las sombras.
La risa que le da a ratos, ayuda. Poco.

 

                  XXXV

Cada tecla. No abarca más que octavas. Cada cuerda del piano.
La maestra italiana que usa calzón elástico bajo el vestido azul tejido
al crochet con una sola aguja mientras su hermano duerme la siesta en la sala de espera, vigila la torpe ejecución de “Granada”
Ejecución es la palabra justa. Albéniz suena mal. Porque mentir.
La adolescente se atraganta de música.
Les roba pensamientos a los libros.
No acepta más maestros que esas páginas escritas hace milenios
pero que aún le dictan promiscuas libertades.
Copia palabras ajenas y les da nuevas formas.
Descubre el microcosmos en sus pechos que de pronto brotaron.
–        Juventud divino tesoro – Dice el tío ebrio de sidra fría.
Ella vomita el exceso de helado. Se contempla en los otros. 
Ese entusiasmo por volver a ser niña. Pero no hay retroceso.
Según ella se afea. La menarca le ensucia los calzones.
Pone vello en su vientre. Lava ardiente debajo de su ombligo.

 

                  XXXVI

Mi abuelo Salomón aprendió de los soldados Franceses
el arte de trampear con un mazo de cartas.
Profesional del póker. Un truhán principesco. Se inclina al saludar.
Besa la punta de los dedos de las señoras.
Lee los diarios al revés.
Levantó un casino clandestino en el Balneario Sur.
Putas Francesas y Polacas bailan al son del bandoneón
tangos que toca un ciego sentado sobre un barril azul.
Caballeros de frac con doble apellido pierden fortunas sin un gesto.
Mi abuela Catalina la de las manos tatuadas,
unida en matrimonio acordado a los trece,
parió siete hijos y teme que caigan por las escaleras.
Viajó en la bodega apiñada con otros que no conoce.
Amamanta como quien alimenta sus muñecas.
Nunca saltó a la soga. Nunca tuvo juguetes.
Del vientre de su madre al matrimonio.
Usa argollas de oro en las orejas mi abuela Catalina.
Me canta “Señora Santa Ana porque llora el niño”
Veo los arabescos que los tranvías dibujan en los techos.
Las salsas que cocina tiñen todo. Un milagro las hace tan espesas.
Corro en la oscuridad por los pasillos. El miedo no ha llegado todavía.

Mi abuelo Salomón el pecador, pierde todo en una partida que dura cinco días y cinco noches. Yo pierdo más sin naipes.
Adúltero, huye con una hebrea. Mi abuela Catalina señala a mi padre. Lo condena a ejercer el mando.
Hijo menor, mantiene un enjambre de hermanas.
Trepado en el puente de Palermo, con su gorra de cuadros, ve correr a los pingos, comparte bromas que no entiende y vicios que no tiene.
Habla el latín. Lee a Voltaire en Francés. Pero de qué le sirve.
Las monedas suenan en los bolsillos.  Camina por Corrientes angosta con sus zapatos de escolar.
Le gusta el tango a José. Pero solo lo silba.
Nunca se atreverá a bailarlo. Yo tampoco.

 

                  XXXVII

Yo no quería. Por eso construí la cáscara alrededor de la carne.
La pared delante del corazón. Aprendí a bordar el olvido.
Dije no espero más que llegue la carta o que suene el teléfono.
Tape todos mis orificios con papel celofán. Cerré las persianas.
Me compre una cama tan estrecha que apenas entro yo.
Puse cerraduras en mis vestidos. Exilé los perfumes con almizcle. Taché de mi cuaderno la be de besar. Cepillé las caricias.
Pero la red se teje tan tenue y transparente que caí.
Quién me levanta ahora si está oscuro y lloviendo.
Aquí me estoy, pendiente de las señales de los faros.
Evitan que me ahogue por la necesidad.
Ibas a venir, con tu traje de explorador y tus fogatas.
Cuentos que hacen bien antes de dormirse,
pero que enfrían las sábanas al despertar.
Que tonta, derrumbar las murallas antes de hacer la guerra.
Levantar banderas blancas cuando el enemigo se esfumó.
Quizá no vino porque murió. O se olvidó de su nombre.
O no tiene un papel para escribirme. 
Los dedos pueden habérsele caído con el cambio de estación.
Un golpe de viento y perdió la memoria.
Se lo tragó la arena. Piso mal. Una epidemia lo detuvo en un gesto.
Lo secuestró un enjambre de aguaciles. Otra vez buscar razones. Explicarme. Me atrapa porque me dejo. Y me deja porque me dejo. Regala promesas de eternidad cuando no tiene tiempo
ni para ser honesto.
Para qué maldecirlo si carece de orejas.

 

                  XXXVIII

Soy fragmentos. A veces logro armarme de una manera lógica.
Otras, mi frente vuela por ahí. Las entrañas se me enredan en el pelo. Los ojos miran desde el medio del pecho y los pies caminan en direcciones opuestas, como queriendo tocar el cielo uno y el otro quedarse aferrado a lo terreno.
El miedo hace que mis pestañas presagien terremotos y mis pupilas se escondan tras el ombligo.
Para vestirme, debo averiguar primero si mis huesos se han colocado en orden o si se desparramaron por el cuarto bailando sin que los músculos puedan detenerlos.
Mi corazón cruza la calle sin mi permiso y vuela cabalgando a una paloma que vive en la cornisa.
Tiene una rara obsesión por los abismos, pero se asusta de las moscas el muy tonto.
Sucede que usando mi interior como vivienda, múltiples partes mías me han invadido y opinan reunidas en asamblea permanente.
Estoy empeñada en que se unan sin traicionar mi estilo.
Para ello convoco a laboriosos artesanos expertos en memorias. Tengo una foto de cuando estaba entera.
Pueden copiar el modelo y mejorarlo. Tienen una ventaja.
La mirada está intacta.

 

                  XXXIX

Doy una voltereta y aquí estoy. Lista para servirte.
Con la cara empolvada con harina y las medias manchadas por la pena, descalza y sin sortijas de compromiso.
Cocino éstas palabras para dártelas y que las mojes dentro de tu taza. Puse antes al amor en remojo por ausente.
Olvidando buenos modales, me asomo a la tetera para espiar tu tarde. Coloco minuciosa, migas de éste pan seco que nunca compartimos. Te aburres o te mueres. Quién lo sabe.
Me preguntas cuantos amantes tuve. Muchos o nadie.
Fueron hombres o Dioses de un Olimpo de sábanas de escarcha que ya ha disuelto el sol de la memoria.
Tengo una mermelada hecha de lágrimas para que untes con ella el ocioso crepúsculo de este sábado infame. Una caricia como servilleta.  Sobre el mantel, un mapa de molestas montañas divide en dos la mesa. A las cinco te espero. Si nieva trae paraguas.

 

                  XXXX

Mi malhumor contagia a las veredas rotas y se lanza asesino a la  escasa arboleda que cerca nuestra histórica avenida.
La más ancha del mundo a quien le importa.
Como si en ello hubiera alguna gloria.
Lo quiero todo viendo las vidrieras, repletas de innecesarias fantasías. Diera mi alma por esas botas rojas. Por el perfume aquél diera la vida. Me levante profunda esta mañana.
Será el cielo nublado que me crispa. O esa humedad que ensucia las ventanas y que hace patinar mis zapatillas.
Quiero ir a Grecia la próxima semana.
Comeré una aceituna y en la isla de Safo, como ella, me arrojaré al espacio en el ocaso, segura de que un ángel aburrido,
me sostendrá piadoso de un tobillo.
Y me gustan a veces los Domingos, para empapar los lienzos de pintura y en el silencio ruidoso del vecino, escuchar su acordeón que me murmura, tangos malditos.
Éste no. Éste Domingo es feo. Dejemos que se vaya
con su otoñal alergia lejos de mí.
Yo me arreglo sin él. Me aburren los caprichos de almanaque.
Será feriado cuando lo decida.

 

                 XXXXI

Hombre de celular, turbante, que anda en camello importado con ventanas polarizadas y engorda desayunando esmeraldas.
Me quiere atar con pozos de petróleo en la arena con sal de su desierto. - Quiero lavar tu cuerpo – dice. Qué mal gusto.
No sabe que yo me lavo sola.
Me idiotiza con sus murmullos de hojaldre.
Suena romántico si siete mares se ponen de por medio.
Yo que camino sobre veredas rotas haciendo cuentas que nunca cierran, escupo sobre su látigo de besos.
Más puede el ansia de morirme a mi cargo que su oferta de proteger mi vuelo con su colchón de perlas.
Mi pensamiento es caro y no lo vendo.

 

                 XXXXII

Los oigo hablar tan serios de millones de dólares mientras mojan bizcochos de vainilla en su café con leche, sin ensuciar sus trajes resbalosos ni las uñas pulidas de sus dedos.
Obedecen al tic tac de sus relojes que decide quién juega.
El que no amo, pero amaré mañana, no se parece a ellos.
Él llegará con nada. Traerá puesta una camisa de heridas que no cura más que una sola mano. La mía.

 

                 XXXXIII

A vos te hablo. Sí. No se nota porque hundo la nariz en el cuaderno y finjo que la mesa me hipnotiza.
Es timidez o el hambre que me hace parpadear cuando me miran.
Qué festín me daría metiéndome a nadar en tus pupilas de espaldas a esta ciudad quejosa en que las multitudes andan en fila.
Un ejército de jacintos dormidos y marchitos.
Te querré si tu altura me da vértigo.
No me importa si estás hecho de humo.
Si estás aquí de veras o te invento con letra desprolija.
La hoja de papel cuadriculado limita mi torrente poético
que apesta muchas veces.
Un amado cosido a mi medida. Aún cuando no lo reflejen los espejos.

 

                 XXXXIV

Tengo sobre mi cabeza o dentro de ella, lo mismo da,
una manada de pensamientos malos.
Galopan aturdiéndome con sus inapelables veredictos.
Critican lo que he sido, lo que soy y aún lo que seré de muerta.
Me demandan hazañas imposibles.
Se fijan en las pelusas de mi saco.
Se nutren con los errores que cometí una noche en que el cuerpo se quiso dar un gusto y allá fue.
No perdonan mi espíritu despeinado.
Viven de confusiones. De mentiras que hilvanan en mis músculos.
No envejecen estos fantasmas persistentes.
Si me río se instalan entre mis dientes y desde allí me envían mensajes alarmantes.
Si lloro, se asoman entre mis lágrimas haciendo muecas.
Cambian de disfraz tan veloces como acróbatas en la mitad de un salto, por eso no hay antídoto que pueda eliminarlos.
Vienen desde un infierno imaginario.
Me condenan a soportarlos todo el tiempo.

 

                 XXXXV

Llegó hasta mí volando por un firmamento de petróleo.
Apabullándome con su moderna versión del Cantar de Cantares.
No es alto. No es un príncipe. Ni siquiera es azul.
Me tiene contratada sin salario como su Scherezade Americana.
Temo que me lapide si lo aburro.
Me encuentra entretenida en odiarme mi sultán de ninguna noche.
Lo obsesiona mi carne y propone bañarme con sus besos.
Cómo le digo que eso es cosa de gatos.
Él quiere acción. Yo complico las cosas con mi mente habituada a vagar por enredados laberintos.
Él me dice que tiene vello en el pecho y si me gusta.
Ese bárbaro Egipcio que habla un inglés sedoso por teléfono.

 

                  XXXXVI

No creas las palabras que otros inventan de la nada y la construyen sobre ciénagas. Esos, los hipócritas. Los inventores de excusas tejidas en colores santos. Dicen amar y apenas conocen las vocales o las olvidan para que suenen como verdades y suenen violines en mis oídos hechos para el agravio.
Mátalos con estrategias de silencios. Desprécialos sin que sospechen que conoces sus construcciones que el menor viento hace trizas como aquellos cadáveres que el tiempo en apariencia conserva intactos.
Odia, pero con tanta delicadeza que tu furia huela a jardines y disfrace la jungla que hay en ella.
Que los devore la bestia que tu alma cultiva en la penumbra.
Esa, hecha de un hielo que quema, muerde, azota, desenmascara y funde en un pútrido elixir. Haz que lo beban en sueños.
Regálales pesadillas recurrentes en las que se vean desnudos con sus abultados vientres expuestos a la claridad del día eterno frente a tus ojos que serán sus espejos.
No perdones

 

                 XXXXVII

Mi furia trepa a los techos de las casas, pintada de magenta. 
Músculos de alto voltaje. Una navaja como esqueleto.
Lanza a los aires sus ahogados gruñidos.
Clava astillas de hielo en las chimeneas.
Araña los cercados. Muerde las puertas, las rejas, los balcones.
Sube de un solo salto a la luna y desde allí, maldice, escupe, crea catástrofes imaginarias. Quiere guerra.
Se ha puesto su armadura de fuego. Cimitarra en la mano, el odio como escudero, clama venganza.
Ese plato que mienten, se come frío.
Carece de sutileza. No tiene medios tonos. Es primitiva y demente. Diabla herida, con una espina clavada en medio del pecho, arranca trozos de mis prudentes intestinos y los devora.
Dice que le niego mejor alimento.
No se da cuenta que si me acaba, muere conmigo.
No acepta mis civilizados consejos de ignorar,
con un gesto gentil a aquellos que me ofenden.
Trato de convencerla, de que transforme su fantástica energía, en un único acto de creación. Pero ella se ríe de mi prudencia.
Clava sus espuelas en mis flancos en un intento de que el dolor me enloquezca y que juntas, salgamos a matar.
                                                                               JULIO 2001

 

*Beatriz Mátar es argentina. Ha desarrollado una brillante carrera como actriz, directora teatral, pintora, periodista, escritora, poetisa.En todos los campos de su actividad artística, tanto en los escenarios, como en los medios radiales, televisivos y autorales ha recibido los primeros premios de las más prestigiosas instituciones privadas y oficiales de la Argentina en los últimos 30 años. Actualmente se halla consagrada a la dirección teatral de sus propias obras, que se presentan en las principales salas de Buenos Aires, Argentina y a la docencia en instituciones especializadas oficiales y privadas de la capital argentina, en las principales provincias argentinas y en distintos paises latinoamericanos.

Para mayor información, recurra a las siguientes webs:
http://beatrizmatar.netfirms.com
http://catsss.freeservers.com
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Sitio de arte digital
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Si desea conectarse con ella, puede escribirle a beatriz.matar@gmail.com

 
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